César Fernández Rojas, educador jubilado, Asesor Distrital de Ética, clubes de Leones Asociación Benemérita de Servicio Social.

La democracia se basa en la convicción de que existen extraordinarias posibilidades en la gente ordinaria. (Ralph Waldo Emerson).
La democracia es una filosofía, una manera de vivir, un sistema de gobierno donde la soberanía o la autoridad del poder residen en el pueblo, por eso, las personas ponen en ella su esperanza de una vida mejor.
Winston Churchill pronunció el 11 de noviembre de 1947, en la Cámara de los Comunes del Reino Unido estas palabras: “Muchas formas de gobierno se han experimentado, y serán experimentadas en este mundo de yerros y calamidades. Nadie pretende que la democracia es perfecta y que lo sabe todo. En realidad, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno si exceptuamos a todas aquellas otras que fueron experimentadas de tanto en tanto”.

Aunque ya no era Primer Ministro (había sido reemplazado por Clement Attlee en 1945), Churchill seguía siendo una figura influyente como líder de la oposición. La agudeza, la paradoja y el realismo de su magnífica elocuencia, le permitía exponer que: “La democracia es la peor forma de gobierno…”: Churchill reconocía las imperfecciones del sistema democrático, como su lentitud, sus conflictos internos y su vulnerabilidad ante el populismo. “…excepto por todas las demás que se han probado de vez en cuando”: Aquí subraya que, a pesar de sus defectos, la democracia sigue siendo superior a otras formas de gobierno como la dictadura, el autoritarismo o el totalitarismo.
La democracia perfecta no existe, pero diversos autores han identificado factores ideales que contribuyen a su calidad y profundidad. Estos incluyen participación ciudadana, libertad, dignidad, pluralismo, transparencia, equidad y respeto por los derechos humanos.

El más famoso referente universal para ejemplificar la diversidad de los gobiernos democráticos lo consagró Abraham Lincoln, en su famoso discurso de Gettysburg, Pennsylvania, en 1863: La democracia consiste en: “El gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Aunque la palabra “Democracia” surgió en Grecia, entre los siglos V y VI a. C, poseía un significado similar al concepto moderno. Pericles describió algunos rasgos de la democracia contemporánea: “Nos llaman democracia, porque la ciudad es administrada por la mayoría, no por unos pocos (…) La libertad es el principio de nuestra vida pública y en nuestra vida cotidiana no nos irrita o vuelve desconfiados que nuestro vecino haga su gusto (…) Si bien no chocamos por nuestra interferencia en los asuntos privados, el respeto a las leyes nos impide violarlas”.
A pesar de las diferencias entre democracia ateniense y las de nuestros días, la semejanza de mayor valor entre ambas radica en su dependencia de la voluntad del pueblo para su existencia y su funcionamiento.
En la democracia contemporánea la libertad es el principio esencial de la vida pública; proaíresis: libertad y libre albedrío, expresión que nos remite al daimon de Sócrates.

El tomismo concibe la libertad y el libre albedrío como elementos esenciales para la función ética, la moralidad y la responsabilidad social. La capacidad de elegir deliberadamente distingue al ser humano y subraya su dignidad como criatura racional a imagen de Dios.
La libertad no es una facultad aislada ni un puro estado de ser, sino la propiedad de ciertos actos voluntarios. Según la definición tomista, la libertad es “la capacidad de elegir deliberadamente lo mejor posible” (capacitas ad eligendum deliberate optima possibilia) y se ejerce al seleccionar los medios para alcanzar un fin que el intelecto propone.
La libertad se manifiesta en dos grandes formas:Libertad de actuar (libertas a coactione): ante la ausencia de coacción exterior. Física al obrar sin ser restringido por una fuerza ajena. Civil al obrar sin impedimentos legales. Política al poder intervenir en el gobierno de la ciudad y Moral al obrar sin sentirse forzado por un deber, código o ley moral.
La segunda forma es la Libertad de Querer (libertas arbitrii): es la libertad interior, vinculada a la voluntad y a la razón. Es la Libertad de ejercicio (libertas exercitii): decidir si se actúa o no, y la Libertad de especificación (libertas specificationis): elegir entre distintos cursos de acción puestos ante la razón.
La forma más propiamente llamada libertad es la del libre albedrío, pues en ella se genera el juicio libre que precede al acto voluntario y a su despliegue externo.

Para santo Tomás, el libre albedrío es un poder radicado en la razón y más inmediatamente en la voluntad, que permite al ser humano hacer o no hacer, y elegir entre diversas alternativas. Esta facultad distingue al hombre de otros seres, pues mientras estos actúan por instinto, el hombre juzga mediante una comparación deliberativa de opciones concretas y contingentes. (La exposición sintetiza el pensamiento de Santo Tomás de Aquino sobre la libertad y el libre albedrío, especialmente según lo desarrollado en la Summa Theologiae, I, q. 83, a. 1–4. La expresión latina capacitas ad eligendum deliberate optima possibilia no aparece literalmente en sus obras, pero condensa fielmente su doctrina sobre la libertad como facultad racional y deliberativa orientada al bien. Véase también: De Veritate, q. 24, a. 2. Para una interpretación contemporánea, cfr. Cornelio Fabro, La noción tomista de libertad, Roma: Libreria Editrice della Pontificia Università Lateranense, 1950).
Los derechos humanos son pilares inseparables de la democracia del siglo XXI: garantizan la dignidad, la igualdad y la libertad que toda democracia debe proteger y promover. Sin ellos, la democracia se vacía de contenido ético y se reduce a mera formalidad institucional.
Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), “la democracia se basa en la voluntad libremente expresada del pueblo de determinar sus propios sistemas políticos, económicos, sociales y culturales, y en su plena participación en todos los aspectos de su vida”. Esta definición vincula directamente la democracia con el ejercicio efectivo de los derechos humanos.

En el artículo académico “El concepto de democracia, desde su relación con los derechos humanos y la participación política”, Dayton Farfán y Karen Briones sostienen que la democracia contemporánea debe garantizar no solo el sufragio, sino también el acceso equitativo a derechos fundamentales como la educación, la salud, la libertad de expresión y la justicia.(Cfr.Farfán Pinoargote, D. F., Briones Cedeño, K. L., Díaz Rodríguez, B. F., & Alcívar Toala, M. E. (2024). El concepto de democracia, desde su relación con los derechos humanos y la participación política. Revista San Gregorio, 1(58).https://doi.org/10.36097.rsan. v1i58.2510).
Son fundamentos de una democracia activa: (Con ayuda de la IA).
- Participación ciudadana activa. Robert Dahl (1989) en Democracy and Its Critics sostiene que una democracia ideal requiere “participación efectiva”, “igualdad de voto”, y “comprensión ilustrada” por parte de los ciudadanos.Dahl propone el concepto de “poliarquía” como modelo realista de democracia avanzada.
- Pluralismo y competencia política. Giovanni Sartori (1987), en The Theory of Democracy Revisited, destaca la importancia de la competencia entre partidos y la existencia de alternativas reales para el electorado.La democracia requiere diversidad ideológica y libertad de asociación.
- Transparencia institucional y rendición de cuentas. Larry Diamond (1999), en Developing Democracy: Toward Consolidation, subraya que la rendición de cuentas horizontal (entre poderes del Estado) y vertical (hacia la ciudadanía) es esencial para la calidad democrática.
- Estado de derecho y protección de derechos humanos.Juan J. Linz y Alfred Stepan (1996), en Problems of Democratic Transition and Consolidation, afirman que una democracia consolidada necesita un Estado de derecho funcional, una sociedad civil activa y una burocracia institucionalizada.
- Equidad social y capital social. Alex Tusell Collado (2015), en su estudio comparado de 60 países publicado por la Universidad Complutense de Madrid, concluye que el capital social (confianza, redes comunitarias) es el factor más explicativo de la calidad democrática.
- Educación cívica y deliberación pública. Nicolás Schmidt (2012), en su monografía ¿Qué es la calidad de la democracia?, argumenta que la deliberación pública y la educación cívica fortalecen la legitimidad democrática y la participación informada.
- Sociedad Inclusiva y justicia distributiva. Armando Estrada Villa y William Cerón González (2021), en Analecta Política, proponen que la democracia debe integrar presupuestos sociales y filosóficos que dignifiquen la inclusión y la justicia como pilares éticos.

¿En qué momento un pueblo puede perder su norte democrático?
Según Friedrich Hayek en El camino de la servidumbre, un pueblo puede perder su norte democrático cuando, en busca de seguridad social, económica o justicia social, acepta la planificación centralizada del Estado, sacrificando gradualmente su libertad individual.
Hayek escribió El camino de la servidumbre en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, como una advertencia contra el totalitarismo. Su tesis central es que la planificación económica centralizada, aunque bien intencionada, tiende a erosionar las libertades individuales y a concentrar el poder, lo que puede llevar a formas autoritarias de gobierno incluso en sociedades democráticas.
“La planificación central, aun si fuera implementada bajo democracia, es incompatible con la libertad” — Hayek, 1944.
Según Hayek, los momentos en que una sociedad puede desviarse de su norte democrático, incluyen:
Cuando el Estado asume control excesivo sobre la economía, anulando la iniciativa privada y la competencia.
Cuando se sacrifica la libertad por promesas de igualdad impuesta, sin respetar el pluralismo de valores.
Cuando se normaliza la censura o el control de la información, en nombre del bien particular.
Cuando el poder se concentra en tecnócratas o burócratas, alejados de la deliberación ciudadana.
Cuando se desprecia el disenso, y se impone una única visión del progreso. (Cfr.Hayek, F. A. (1944). El camino de la servidumbre. Yale University Press. Edición en español disponible en ElCato.org: PDF completo).

Camino de servidumbre.
Alicia en el país de las maravillas, es una obra de literatura creada por el matemático y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson, más conocido bajo el seudónimo de Lewis Carroll. Nos refiere la clásica obra cuando Alicia se encuentra con el Gato de Cheshire, a quien le pregunta, cuál rumbo debe seguir:
“Minino de Cheshire, ¿podrías decirme, por favor, ¿qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar –dijo el Gato.
No me importa mucho el sitio… -dijo Alicia.
-Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes –dijo el Gato”.
Cuando se cultiva la convivencia nacional con vacuidad moral, sin contenido ético, en la medida en que se ve vaciado de liderazgo moral, se encaja la decadencia de un dogmatismo debilitado en su entendimiento, endeble por una conciencia valorante donde todo vale y todo cuenta.
“-Entonces, tampoco importa mucho el camino que tomes –dijo el Gato”.
El sujeto ausente de las prácticas éticas, aquel que actúa bajo la perspectiva de su propia visión, sin sujeción a los derechos humanos, a los principios esenciales democráticos ylas libertades civiles, aprehende las nociones del deber con malas prácticas sociales y el abandono de su pueblo.

De este sujeto sólo podríamos mostrar la apropiación del camino que sigue, como dijo Alicia: …no me importa mucho el sitio, sólo requiere la certeza del oportunismo de su idealismo inconsecuente.
Ante este crisol de intereses vacuos, por el artilugio de la misma naturaleza humana, que es muy compleja, se pueden suscitar muchas situaciones que propician la posibilidad de que se pierda el rumbo por intereses fatuos.
Los graves problemas nacionales, la conducción de la vida colectiva con decisiones caprichosas, con intimidación y mecanismos autoritarios no solo dañan las libertades ciudadanas, sino que también afectan el desarrollo general del país.
El derecho a la libertad de pensamiento y conciencia atañe a profundas convicciones de lealtad a la Patria y vida en democracia, en condición indivisible para la sociedad y quienes la representan, en función del bien común, la justicia, la libertad, la dignidad, la verdad, la racionalidad, el diálogo, el orden social, el deber de legalidad, constitucionalidad y el deber de integridad.
Cómo se recupera la democracia plena.
La democracia plena se recupera mediante una restauración ética del pacto social, fortaleciendo la dignidad, la participación ciudadana, la transparencia, la justicia social y el respeto irrestricto a los derechos humanos.
Para que una sociedad recupere su norte democrático, hay que fortalecer los procedimientos electorales; también es necesario reconstruir el tejido moral, institucional y cívico que sostiene la vida democrática. A partir de los fundamentos que se han citado y de las propuestas actuales, se pueden identificar nueve rutas convergentes hacia una democracia plena:
- “Toda constitución política es una declaración de la voluntad popular –soberana- que recoge dos pilares fundamentales de una sociedad políticamente organizada: una declaración de los derechos fundamentales que esa sociedad reconoce como legítimos a quienes en ella conviven y una declaración de la forma de organización política que ha escogido para regirse. Así las constituciones políticas del mundo moderno contienen siempre una columna vertebral de derechos y libertades fundamentales, a cuyo respeto se obliga el estado para con todos sus habitantes de su territorio y otra igualmente relevante, con la estructura del poder legítimo, que se organiza y distribuye, en primer lugar, para delimitar sus actuaciones e impedir que estas lesionen los derechos mencionados y, en segundo lugar, para regular las funciones vitales de los órganos estatales” (Cfr. Prólogo. Nuestro marco de desarrollo. Dr. Luis Paulino Mora M. Expresidente Corte Suprema de Justicia. Constitución Política de la República de Costa Rica. 1949-1999).

Con ayuda de la IA:
- Reinstitucionalización contransparencia y rendición de cuentas.Fortalecer los mecanismos de control horizontal (entre poderes) y vertical (hacia la ciudadanía).
- Crear agencias anticorrupción independientes y proteger a denunciantes.Garantizar planes nacionales para luchar contra la inseguridad ciudadana.
4.Educación cívica y deliberación pública. Promover una ciudadanía ilustrada, capaz de comprender, deliberar y decidir con criterio ético.Fomentar espacios de diálogo plural y deliberación informada desde la escuela hasta los medios.
5.Participación ciudadana activa y vinculante.Establecer mecanismos de democracia participativa (presupuestos participativos, consultas populares, cabildos abiertos).Garantizar el derecho a organizarse, protestar y proponer desde la sociedad civil.
6.Justicia social y equidad distributiva.Asegurar el acceso equitativo a salud, educación, vivienda y trabajo digno como condiciones materiales de la libertad.Superar la desigualdad estructural que impide la participación efectiva.
7.Pluralismo político y libertad de expresión.Garantizar la existencia de partidos diversos, medios independientes y libertad de asociación.Combatir la censura, la concentración mediática y la criminalización del disenso.
8.Revalorización del capital social y la ética pública.Fortalecer la sociedad inclusiva. Reconstruir la confianza entre ciudadanos e instituciones mediante prácticas coherentes, ejemplares y solidarias.Fomentar redes comunitarias, liderazgos éticos y cultura del cuidado.
- Reforma del modelo económico con enfoque democrático. Evitar tanto el autoritarismo tecnocrático como el clientelismo populista.Promover una economía plural, con participación ciudadana en decisiones estratégicas y respeto a la iniciativa privada. Fortalecer los planes sociales de lucha contra la pobreza y la pobreza extrema.
Estas rutas no son lineales ni excluyentes. Como advierte Hayek, el peligro de perder la democracia no proviene solo de la fuerza, sino del abandono progresivo de la libertad en nombre de promesas vacías. Pero también, como recuerda Dahl, la democracia se construye desde abajo, con ciudadanos que comprenden, participan y exigen.
Los ciudadanos de esta nación tenemos la dignidad, la firmeza, la sensatez, la seriedad y la honorabilidad de llamar a esta cita con la historia de asistir a votar el 1° de febrero de 2026.

El pueblo no es servidumbre, sino conciencia en marcha. Frente al abuso, florece la dignidad; frente a la intimidación, se alza la palabra libre. La democracia no se decreta: se cultiva en cada acto de responsabilidad civil, en cada abrazo deliberativo, en cada decisión que restaura el justo medio.
La división no es destino, y el descontento puede ser semilla. Porque cuando el poder olvida su raíz humana, el pueblo recuerda su vocación democrática de libertad, justicia y dignidad.