Seis prototipos de personas adeptas a las redes sociales

Seis prototipos de personas adeptas a las redes sociales

“No digas en la Red lo que no querrías que fuera expuesto en un anuncio panorámico con tu cara puesta en él”

(Erin Bury, emprendedora y cofundadora de Willful)

“En el pasado eras lo que tenías, ahora eres lo que compartes”

 (Godfried Boogaard, escritor y conferencista)

Adriana Núñez, periodista Visión CR

Las redes sociales surgieron en 1997 tras el lanzamiento de SixDegrees.com, creada un año antes por el empresario estadounidense Andrew Weinreich. Dicha plataforma es considerada la pionera en facilitar la elaboración de perfiles y listas de amigos en internet; lógicamente, el espacio dio pie a la aparición casi inmediata de otras alternativas que a lo largo del tiempo han capturado a millones de personas alrededor del mundo.

Erin Bury, emprendedora y cofundadora de Willful

Pero mientras que al inicio del 2000, las redes sociales se percibían como herramientas de conexión humana y “de utopía tecnológica” -es decir, fomentaban una visión de futuro donde los avances en ciencia y tecnología resolverían algunos de los grandes problemas de la humanidad- ya para estas fechas, sin lugar a duda, se han transformado en plataformas complejas centradas en la “economía de la atención”, el entretenimiento masivo y en un trampolín para lanzar distintos tipos de personalidades y contenidos, que por lo general, exageran, manipulan o fabrican escenarios muy alejados de la realidad y son con frecuencia, sumamente invasivos.

Como en ellas interactúan sin restricción alguna multitud de personajes, a casi tres décadas de la aparición de la primera, en las redes sociales se han ido perfilando varios tipos de participantes, entre los cuales, basados en el tipo de publicaciones que realizan, hoy vamos a distinguir seis.

Godfried Boogaard, escritor y conferencista

Vale la pena analizarlos a conciencia, porque quizás llevados por el entusiasmo, la soledad o alguno que otro trauma o complejo, miles de individuos se han ido alineando con uno o varios prototipos, en detrimento de su propia valía y de las consecuencias -muchas veces nefastas- que su proceder pueda acarrear.

Hacemos la aclaración de que las descripciones contenidas en cada una de las categorías, están basadas en opiniones de expertos en psicología y en estudios realizados por organizaciones cuyos equipos interprofesionales, les permiten explicar aspectos importantes de la conducta humana, particularmente, de la que se evidencia en las redes sociales.

Usuarios que suben “demasiadas fotos privadas”

De acuerdo con los especialistas, las personas que publican muchas fotografías de su vida privada en redes sociales, “suelen buscar validación externa y aprobación constante”, con el fin de compensar una baja autoestima o inseguridad interior. Son individuos que miden su valor personal a través de los “me gusta” (likes), de los comentarios y visualizaciones del prójimo.

Tal y como lo indican algunos expertos -entre los que destaca la psicóloga Sílvia Severino, educadora y mediadora en conflictos de familia, quien se ha destacado por sus publicaciones digitales en plataformas tales como Tik Tok e Instagram- ese tipo de gente muestra una fuerte dependencia de la dopamina, debido a que su cerebro “se acostumbra a la satisfacción rápida que dan las notificaciones”, lo que crea una necesidad repetitiva de publicar. Lamentablemente, si no tienen éxito, su ánimo puede bajar peligrosamente.

Pero además, “los coleccionistas de aprobación” poseen fuertes rasgos de narcisismo ya que exhiben un enfoque excesivo en la propia imagen y sienten gran necesidad de que el mundo admire o conozca cada detalle de sus vidas.

Las redes sociales han capturado a millones de usuarios en todo el planeta

Y por otra parte, muchas de dichas personas experimentan profunda inseguridad emocional y soledad; por ello, todo lo que publican les sirve como una especie de “suero revitalizador” que les permite llenar vacíos internos o combatir la triste sensación de que no son importantes. Entre esos individuos están quienes transforman cada momento del día en contenido, pues sienten que si su quehacer cotidiano no queda documentado en internet, es como si no tuviese valor o del todo o no existiera.

Aquellos que comparten dolencias y enfermedades

Desde la perspectiva psicológica, las personas que documentan paso por paso sus enfermedades, operaciones u otros problemas de salud en redes como Facebook, buscan primordialmente, “validación, apoyo social y regulación emocional”. No obstante, los expertos indican que este fenómeno, “no tiene una única lectura pues abarca desde mecanismos de defensa saludables hasta conductas derivadas de la inestabilidad emocional o el aislamiento”.

Silvia Severino, psicóloga

En ese contexto, el entorno digital les funciona como una red de apoyo inmediata que les permite compartir el sufrimiento físico o el miedo ante circunstancias adversas tales como una salud precaria, un tratamiento invasivo o una cirugía.

Al detallar la situación, pretenden activar la empatía y la solidaridad entre sus contactos. Y al recibir comentarios animándolos o “caritas tristes” en solidaridad por lo que les está sucediendo, las reacciones se convierten en “palancas” inmediatas que les permiten aliviar -al menos temporalmente- sus miedos y sensación de vulnerabilidad frente a los eventos traumáticos.

Para algunas personas, narrar su enfermedad en voz alta o por escrito, es una herramienta de afrontamiento (coping) que les ayuda a asimilar la experiencia. No obstante, los estudios psicológicos también sugieren que las personas que están muy solas o poseen rasgos más profundos de inestabilidad emocional “tienden a publicar en redes, con mayor frecuencia, sus crisis personales”. Lamentablemente el espacio virtual no puede a mediano o largo plazo, llenar esas carencias afectivas.

Sujetos que abusan de las malas palabras

El uso constante de lenguaje soez en publicaciones y videos de redes sociales, es una tendencia común que responde a diferentes factores psicológicos, sociales y de estrategia digital

Actualmente, en detrimento del idioma y del decoro, muchos creadores de contenido sienten que el lenguaje formal es rígido o falso y por ello, consideran que la costumbre de emplear términos vulgares o groserías les hace parecer más espontáneos y transparentes ante su audiencia, sobre todo si quieren atraer a personas más jóvenes.

Algunos analistas de contenido afirman que el uso de un lenguaje “fuerte”  suele generar una falsa sensación de complicidad, como si el intercambio -público- fuese una conversación entre amigos de confianza en un entorno privado.

Muchas personas se obsesionan con publicar cada detalle de su día a día en redes sociales

Hay personas que utilizan ese método como “marca personal” y gracias a su “constancia” van creando una audiencia que también disfruta del léxico “sucio” o irrespetuoso, elemento que además los identifica con una personalidad “transgresora” . Este último aspecto, que muchos confunden con valentía y sinceridad, les ayuda a distanciarse de creadores de contenido más tradicionales.

Quizás la mayoría de ellos no ha tomado en consideración, que personas menores de edad también tienen acceso a las plataformas digitales y podrían emular o absorber como “normales”, términos despectivos, grotescos, sucios y altamente agresivos.

Gente que publica imágenes familiares constantemente

Dicha práctica conocida como “sharenting”, está usualmente impulsada -entre otras cosas-por un fuerte orgullo afectivo, la necesidad de validación externa o el deseo vehemente de mantener contacto constante con los seres queridos, en especial si están lejos. Sin embargo, conlleva importantes riesgos de privacidad y seguridad.

Según el Centro Talaia de Ciber Seguridad de Valencia, España, los menores de edad y otros familiares expuestos en el material publicado, “no pueden dar un consentimiento informado sobre su propia huella digital.”

Lamentablemente, en fotos y otros detalles, se exponen rutinas, lugares que frecuentan, horarios escolares, etc. Tanta información facilita que terceras personas “conozcan hábitos familiares o ubicaciones en tiempo real” lo cual, según los expertos, puede dar pie al “uso malintencionado del material”. Al caer en manos inadecuadas, “las imágenes -por ejemplo- pueden terminar utilizándose fuera de contexto o para perfiles falsos y memes”.

Personas que enseñan sus “partes privadas”

El fenómeno de las personas que se retratan enseñando partes íntimas de su cuerpo en redes sociales o entornos digitales. abarca diversas motivaciones, contextos legales y consecuencias psicológicas o sociales.

Muchos de estos individuos emplean y se suscriben a plataformas especializadas como OnlyFans o JustForFans,  para monetizar su contenido de forma directa y autónoma. Además del dinero que les produce, también está la búsqueda de validación y la gratificación instantánea que les brinda los “me gusta” y demás comentarios, señales que les permiten activar los circuitos de recompensa del cerebro y reforzar la autoestima a corto plazo.

En redes sociales abundan los comentarios y acusaciones abusivas con otros usuarios

En el caso de algunos usuarios que han realizado esfuerzos para bajar de peso, esculpir la figura, etc. mostrar su cuerpo una vez lograda la meta, es una forma de reclamar su valor, de desafiar estigmas sociales o celebrar los resultados obtenidos. Pero también hay otro tipo de personas que emplean dichos espacios para intercambiar imágenes íntimas como una forma de coqueteo o exploración sexual, pese a que a veces, esos contenidos privados, terminan filtrándose a redes públicas de forma no consentida.

Existen riesgos reales y frecuentes, pues fotos y comentarios de índole sexual, compartidos al inicio de manera privada, pueden ser robados, filtrados e incluso difundidos masivamente sin el permiso de quienes generaron el material.  Situaciones de esa índole suelen afectar las relaciones personales, posibles oportunidades de trabajo e incluso la reputación de los involucrados.

Individuos que agreden a otros

Quienes agreden verbalmente en las redes sociales combinan rasgos de personalidad específicos con factores del entorno digital que reducen su empatía y su miedo a las consecuencias.

Muchos de esos agresores “presentan rasgos de narcisismo, maquiavelismo y sadismo”, lo que los impulsa a buscar poder, manipular o disfrutar del sufrimiento ajeno.

Y en la mayoría de los casos, ni siquiera se dan cuenta -o simplemente no les importan- los daños que pueda generar el impacto emocional de sus palabras en las víctimas. En ese camino que han escogido, son capaces de insultar, mentir, alterar diálogos y hasta realizar acusaciones sin fundamento.

Tal y como lo reseña la Fundación chilena PsiConecta, quienes así actúan “a menudo utilizan el ataque como una válvula de escape para descargar su propia ira, complejos, frustración o insatisfacción personal; insultar o criticar con dureza puede ser un intento rápido de ganar atención, sentirse superiores o pertenecer a un grupo que comparte la misma hostilidad”.

De ese tipo de usuarios, hay cientos de miles en las redes sociales en las que, a juzgar por lo descrito, a diario depositan una carga informativa mucho más perjudicial que saludable.

Corolario: Vivimos tiempos confusos. Por favor vigile lo que comparte -y lo que digiere- para evitar daños mayores.

 

 

 

 

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