Ser Persona

Ser Persona

 César Fernández Rojas, profesor jubilado y miembro fundador de la  Comisión Nacional de Ética y Valores

 

«Magnífica es la humanidad cuando reconoce que cada persona es digna, única e irrepetible, llamada a la paz y a la fraternidad universal». (Magnifica humanitas, 2026). Papa León XIV

Introducción

Es prácticamente imposible abarcar toda la riqueza del significado de ser persona. La noción de persona constituye uno de los pilares más fecundos de la tradición histórica, filosófica, teológica, cultural y ética de la humanidad. Desde la Antigüedad clásica hasta el pensamiento contemporáneo, el concepto ha sido objeto de múltiples interpretaciones que reflejan tanto la evolución de las categorías ontológicas como las exigencias éticas y sociales de cada época.

Tema 9: La persona humana y el sentido de la vida

El propósito es ofrecer una visión básica de la evolución del concepto de persona, desde Platón y Aristóteles hasta el magisterio reciente de la Iglesia, mostrando el camino histórico que enlaza la reflexión filosófica con la doctrina social y los desafíos contemporáneos.

Lo propio del hombre es el logos, la razón, (C. Láscaris) que le permite hablar consigo mismo y descubrir que “la vida es meditación y la libertad que de ésta se deriva” (Anaxágoras). Esta libertad abre la posibilidad de alcanzar la felicidad mediante acciones bien realizadas.

En este marco, Aristóteles afirma en la Ética a Nicómaco (II, 5–6) que la virtud no es pasión ni facultad, sinohexis: disposición estable que nos hace buenos y nos lleva a obrar bien. El hábito (êthos) es el proceso formativo, la hexis es el estado estable adquirido, y la virtud (areté) es precisamente una hexis bien formada. Para Aristóteles, el horizonte ético se expresa en términos de bienes (agathá) y fines (telos), no de valores en el sentido moderno, por cuanto el bien (agathón) designa aquello que perfecciona la naturaleza humana y constituye el fin de la acción.

La metodología adoptada es un recorrido histórico-filosófico y teológico, que combina el análisis de textos seleccionados con la comparación de enfoques doctrinales. Se puso énfasis en autores como —Boecio, Tomás de Aquino, Kant, Mounier, Wojtyła— y en documentos magisteriales como Gaudium et Spes y Laudato Si’, entre otros. La evolución del concepto permitirá mostrar que la dimensión del individuo como persona articula dimensiones ontológicas, axiológicas y sociales. En su núcleo se encuentra la afirmación de la dignidad humana, entendida como fundamento de la libertad, la autonomía moral, la responsabilidad y la relacionalidad.

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Antigüedad Clásica

Platón (427–347 a. C.).

En Fedón y La República, Platón concibe la persona como una realidad dual: el alma inmortal y el cuerpo perecedero. La esencia de la persona se encuentra en el alma, que participa del mundo de las Ideas y orienta la vida hacia el bien y la justicia. La racionalidad distingue al ser humano y lo capacita para la vida filosófica y política. La persona, en este sentido, es un ser que debe purificarse del cuerpo para alcanzar la verdad y la contemplación del Bien.

Aristóteles (384–322 a. C.)

En Ética a Nicómaco y De Anima, Libro II, Aristóteles define al ser humano como un compuesto de cuerpo y alma, donde el alma es la forma del cuerpo. La persona se caracteriza por su racionalidad, lo que le permite deliberar, elegir y alcanzar la virtud como hexis. La vida ética se fundamenta en la búsqueda del bien supremo: la felicidad (eudaimonía). La persona es, además, un ser político (zoon politikon), cuya plenitud se realiza en la comunidad y en la práctica de la virtud.

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Estoicos: Séneca (4 a. C.–65 d. C.),Epicteto (50–135 d. C.), Marco Aurelio (121–180 d. C.)

Los estoicos conciben la persona como un ser moral que participa del logos universal. La dignidad de la persona no depende de las circunstancias externas, sino de la capacidad de vivir conforme a la razón y la virtud. La libertad interior, la serenidad frente al destino y la aceptación del orden cósmico constituyen el núcleo de la vida personal. La persona es autónoma en su interioridad, capaz de mantener la rectitud aun en medio de la adversidad.

La tradición clásica estableció que la persona es ser racional y ético, con interioridad y relacionalidad social, orientado hacia el bien y la vivencia estable de la virtud. Platón concibe la persona como una realidad dual: alma inmortal y cuerpo perecedero, orientada hacia el bien y la justicia. Aristóteles la define como un compuesto de cuerpo y alma, cuya racionalidad permite deliberar y alcanzar la virtud en la comunidad política. Los estoicos la entienden como ser moral que participa del logos universal, capaz de libertad interior y rectitud frente al destino.

Patrística y Escolástica

La Patrística (siglos II–V) constituye el primer gran momento en la evolución del concepto de persona dentro de la tradición cristiana. En este período, los Padres de la Iglesia reciben la herencia filosófica grecolatina —las categorías ontológicas de Platón y Aristóteles, la ética estoica y la noción jurídica romana de persona como sujeto de derechos— y la reinterpretan a la luz de la fe. De este modo, la persona se concibe como imagen de Dios, capaz de interioridad y relación trascendente, concibiendo una visión teológica que marcará el pensamiento posterior.

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Patrística.

La Escolástica (siglos XII–XIV) representa la madurez sistemática de esa herencia. Con el método racional y teológico propio de las universidades medievales, se integra la definición boeciana de persona como “sustancia individual de naturaleza racional” con la metafísica del ser de Tomás de Aquino. En este horizonte, la persona aparece como subsistente racional dotado de dignidad, cuya libertad y responsabilidad se fundamentan en su condición de criatura espiritual y moral.

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Filosofía escolástica.

En conjunto, Patrística y Escolástica configuran una continuidad histórica y doctrinal: la primera recibe y adapta la tradición filosófica clásica al cristianismo, mientras la segunda la profundiza y organiza en un sistema académico. Así se consolida la noción de persona como ser racional y espiritual, dotado de interioridad y dignidad, fundamento de su libertad y responsabilidad.

Boecio (480–524).

En De persona et duabus naturis, Boecio ofrece la definición clásica de persona como “sustancia individual de naturaleza racional”. Esta formulación se convirtió en el punto de referencia para toda la tradición posterior, al subrayar la individualidad y la racionalidad como notas esenciales de la persona.

Rescatando el 'De Trinitate' de San Agustín
‘De Trinitate’ de San Agustín.

San Agustín de Hipona (354–430).

En De Trinitate, Agustín profundiza en la interioridad humana y la relación con Dios. La persona se entiende como imagen de la Trinidad, capaz de autoconocimiento y amor. La interioridad es el lugar donde el ser humano se encuentra con Dios y descubre su dignidad como criatura racional y espiritual.

Santo Tomás de Aquino (1225–1274).

En la Suma Teológica, Tomás de Aquino desarrolla la noción de persona como subsistente racional dotado de dignidad. Retoma la definición boeciana y la integra en su metafísica del ser, mostrando que la persona es imagen de Dios y sujeto moral. La dignidad personal se fundamenta en la racionalidad y en la capacidad de orientar la acción hacia el bien.

Santo Tomás de Aquino y la fenomenología - UESD

La filosofía grecolatina concibió a la persona como un ser racional y espiritual, compuesto de alma y cuerpo, con interioridad ética y relacionalidad social, ser de libertad y responsabilidad, capaz de deliberar y mantener la dignidad frente al destino. La tradición cristiana medieval, al asumir esta herencia, añadió la dimensión espiritual y teológica, definiendo a la persona como ser racional y espiritual, individual y relacional, cuya dignidad se sostiene en su interioridad, tanto en la razón como en su condición de imagen de Dios. De este modo, la Patrística y la Escolástica consolidaron la noción de persona como subsistente racional y espiritual, fundamento de libertad y responsabilidad, preparando el camino para las reflexiones modernas sobre autonomía, subjetividad y derechos humanos.

Pensamiento Moderno.  El pensamiento Moderno (siglos XVII–XVIII) representa un cambio en la conceptualización de la persona. Frente a la tradición clásica y medieval, que la entendía como ser racional y espiritual en relación con Dios y la comunidad, la modernidad concibe a la persona como sujeto de conocimiento, libertad, derechos y deberes, creando una visión que marcará la cultura occidental hasta nuestros días.

René Descartes (1596–1650).

En Meditaciones Metafísicas (1641), Descartes define a la persona a partir de la conciencia: “pienso, luego existo” (cogito ergo sum). La identidad personal se fundamenta en la capacidad de pensar y en la certeza de la propia existencia como sujeto de razón. La persona es, ante todo, un ser consciente de sí mismo.

Meditaciones Metafísicas- René Descartes by David Fernández on Prezi

Jean-Jacques Rousseau (1712–1778).

En El contrato social (1762), Rousseau concibe a la persona como ciudadano libre e igual, cuya dignidad se realiza en la participación política y en la voluntad general. La persona es sujeto de derechos y deberes, capaz de autodeterminación y de construir la comunidad mediante el pacto social.

Meditaciones Metafísicas- René Descartes by David Fernández on Prezi

Immanuel Kant (1724–1804).

En Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), Kant define a la persona como fin en sí misma, nunca como medio. La dignidad personal se fundamenta en la autonomía moral y en la capacidad de actuar según el imperativo categórico. La persona es sujeto de libertad y responsabilidad, con valor absoluto en el orden moral.

La Modernidad introduce un giro decisivo: la persona se concibe como sujeto autónomo y consciente. Descartes la define como un ser consciente de sí mismo. Rousseau como ciudadano libre e igual, y Kant como fin en sí mismo con dignidad absoluta. La Modernidad desplazó el énfasis hacia la autonomía moral y la conciencia, configurando a la persona como sujeto de derechos, deberes y responsabilidad moral, cuya dignidad se fundamenta en la libertad y en la capacidad de actuar según la razón y la ley moral.

La conceptualización integrada determina quela persona es un ser racional, espiritual y autónomo, con interioridad ética y relacionalidad social, sujeto de derechos, deberes y de responsabilidad moral, cuya dignidad se sostiene en la razón, en su condición de imagen divina y en la libertad que le permite actuar conforme a la ley moral.

Immanuel Kant 'el hombre, fin en sí mismo' – Pensamiento y cultura
Immanuel Kant.

Pensamiento Contemporáneo

En el tiempo actual (siglos XX–XXI) representa una nueva etapa en la conceptualización de la persona. Tras la Modernidad, que la definió en clave de dignidad y autonomía moral, la contemporaneidad introduce la dimensión existencial, relacional y comunitaria, subrayando la historicidad y la responsabilidad del ser humano en un mundo plural y cambiante. La persona se entiende ahora como ser en relación, abierto a la trascendencia y comprometido con la construcción de sentido en la vida social y cultural.

Max Scheler (1874–1928).

En El formalismo en la ética y la ética material de los valores (1916), Scheler concibe a la persona como centro espiritual irreductible, capaz de captar valores y responder a ellos. La persona no se reduce a funciones psicológicas ni biológicas, sino que es sujeto de amor, libertad y responsabilidad.

Emmanuel Mounier (1905–1950).

En El personalismo (1949), Mounier desarrolla la visión comunitaria de la persona. La persona es ser de relación, que se realiza en el encuentro con otros y en la construcción de comunidad. Su dignidad se fundamenta en la apertura, comunicación y el compromiso social.

Jean-Paul Sartre: biografía de este filósofo existencialista
Jean-Paul Sartre.

Jean-Paul Sartre (1905–1980).

En El ser y la nada (1943), Sartre define a la persona desde la existencia: el ser humano está condenado a la libertad y debe asumir la responsabilidad de sus elecciones. La persona es proyecto, se construye en la acción y en la decisión, sin esencia previa que la determine.

Karol Wojtyła (1920–2005).

En Persona y acción (1969), Wojtyła (posteriormente san Juan Pablo II) concibe a la persona como sujeto de autodeterminación y de donación. La persona se realiza en el acto, en la libertad que se orienta hacia el bien y en la capacidad de entregarse a los demás.

Los siglos XX y XXI amplían la noción hacia las interacciones y la alteridad. Scheler la presenta como centro espiritual capaz de captar valores; Mounier como ser comunitario; Sartre como proyecto existencial; Wojtyła como sujeto de autodeterminación y donación.

40 lat temu kard. Karol Wojtyła został wybrany na papieża \ Kancelaria \ Archiwum \ Archiwum Andrzeja Dudy \ Aktualności \ Wydarzenia \ Oficjalna strona Prezydenta Rzeczypospolitej Polskiej
Karol Wojtyła

La contemporaneidad subrayó la historicidad y la responsabilidad, mostrando que la persona se realiza en la libertad y en el compromiso con otros.

Al considerar las convergencias del pensamiento se deduce una conceptualización integradora: la persona es un ser racional, espiritual, autónomo y existencial, con interioridad ética y relacionalidad social, sujeto de derechos, deberes y de responsabilidad moral, de autodeterminación y donación de sí mismo, cuya dignidad se sostiene en la razón, libertad autónoma, apertura a los valores y virtudes, compromiso social y comunitario que le permite actuar conforme a la ley moral. Persona es sustantividad: cuerpo, mente, capacidades, espíritu e imagen divina.

Magisterio y Persona

El Magisterio de la Iglesia constituye una fuente esencial para comprender la evolución del concepto de persona en la Modernidad y la Contemporaneidad. A través de encíclicas y exhortaciones, la doctrina social y moral de la Iglesia ha reafirmado la dignidad de la persona humana, iluminando los desafíos de cada época. La persona se concibe como centro de la vida social, sujeto de derechos y deberes, protagonista de la historia, siempre en relación con Dios y con los demás.

Encíclicas y documentos de la Modernidad.

León XIII (1891).Rerum Novarum: dignidad de la persona en el trabajo y en la justicia social.

Pío XII (1939–1958). Afirmar la dignidad inviolable de la persona humana frente al totalitarismo.

Juan XXIII (1963).Pacem in Terris: derechos fundamentales de la persona y orden social justo.

Pablo VI (1965).Gaudium et Spes (Constitución pastoral del Concilio Vaticano II): la persona como centro de la vida social, económica y cultural.

Encíclicas y documentos de la Contemporaneidad.

Juan Pablo II (1991).Centesimus Annus: la persona como protagonista de la historia y la sociedad.

Juan Pablo II (1993).Veritatis Splendor: la persona como sujeto moral, llamado a la verdad y a la libertad responsable.

Benedicto XVI (2009).Caritas in Veritate: la persona como sujeto de desarrollo integral, en relación con la verdad y la caridad.

Francisco (2015).Laudato Si’: la persona en relación con la creación y la casa común.

Francisco (2020).Fratelli Tutti: la persona como ser relacional, llamado a la fraternidad universal y a la amistad social.

León XIV. 15 de mayo de 2026. Magnifica humanitas: reafirma que la persona es racional, espiritual y relacional, llamada a la libertad responsable y al compromiso comunitario, siendo el núcleo de una nueva cultura de paz y solidaridad.

El Magisterio reafirma la dignidad de la persona frente a los desafíos sociales y culturales. Desde Rerum Novarum hasta Magnifica humanitas, se la concibe como centro de la vida social, protagonista de la historia y llamada a la fraternidad universal. La doctrina social de la Iglesia ha consolidado la visión de la persona como sujeto moral y espiritual, núcleo de una nueva cultura de paz y solidaridad.

De la convergencia histórica entre la filosofía clásica, la reflexión patrística y escolástica, el pensamiento moderno y contemporáneo y el Magisterio de la Iglesia, se deduce una definición unitaria y profunda: la persona es un ser racional, espiritual y existencial, con interioridad ética y relacionalidad social, sujeto de derechos universales, deberes y responsabilidad moral, para rechazar la violencia, la exclusión y las manipulaciones tecnológicas que degradan la dignidad humana, atender las crisis ecológicas, cuya dignidad se fundamenta en la razón, en su condición de imagen divina, en la libertad autónoma, la apertura de los valores a la comunidad, la vivencia estable de la virtud, cuidar y respetara la Creación-la casa común-y crear una nueva cultura de paz universal.

La noción de persona humana | Noticias | Diario Oficial El Peruano

Resultado

Sobre la base consolidada por la Patrística y la Escolástica, la evolución del concepto de persona muestra cómo la reflexión filosófica, desde Platón y Aristóteles hasta el personalismo contemporáneo, ha vinculado razón, libertad y virtud en la búsqueda del bien. En Aristóteles, la virtud es una hexis bien formada que orienta hacia la felicidad; el hábito es el proceso formativo, la práctica constante consolida esa disposición, y el bien (agathón) constituye el fin que perfecciona la naturaleza humana. Modernamente, este horizonte se expresa en términos de “valor”, entendido como principio normativo que guía la acción y que, interiorizado, se convierte en disposición estable (hexis) y culmina en virtud.

La persona, en todas las épocas y culturas, se ha configurado en torno a una constelación de valores que enlaza su interioridad ética con su relacionalidad social. Estos valores —dignidad, libertad, justicia, responsabilidad, respeto, solidaridad, credibilidad y fraternidad— no son fragmentos aislados, sino un entramado que otorga coherencia interior y legitimidad exterior a la existencia humana.

Las Encíclicas coinciden en presentar a la persona como centro de la vida social y sujeto de dignidad inviolable, llamada a la libertad responsable y al compromiso general. En ellas, la persona aparece como protagonista de la historia, fundamento de los derechos humanos, sujeto moral y espiritual, abierto a la verdad y a la fraternidad universal. Esta visión integra la dimensión interior —la conciencia y la libertad moral— con la dimensión exterior —la justicia social, la solidaridad y el cuidado y respeto de la Creación—, mostrando que la dignidad personal es una vocación relacional que articula la ética de la persona con la ética pública.

La dignidad inviolable del ser humano como fundamento de toda ética y sociedad es el resultado de este recorrido sobre el desarrollo de la conciencia humana de que la persona es un proyecto abierto de diálogo con el mundo moderno, de libertad responsable y fraternidad universal, situando la persona en el centro de la misión eclesial.  La plenitud humana se alcanza cuando la autonomía se convierte en compromiso, la interioridad en apertura y la dignidad en cultura de paz. Este horizonte exige hoy formar personas capaces de responder a los desafíos globales —ecológicos, tecnológicos y sociales— con creatividad ética y solidaridad universal, como el lugar donde el ser humano se encuentra con Dios. Así, la persona se comprende como proyecto de plenitud ética y compromiso social, capaz de integrar tradición filosófica y axiología contemporánea en diálogo con los desafíos actuales.

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En el siglo XXI, la noción de persona se convierte también en criterio crítico frente a los desafíos inéditos: la inteligencia artificial que redefine la identidad, la biotecnología que transforma la vida y las crisis culturales que ponen en riesgo la cohesión social. La ética de la persona ofrece un horizonte para discernir y orientar estos cambios con responsabilidad y dignidad.

En la práctica, esta síntesis se traduce en exigencias concretas:

En la familia, vivir la dignidad y el respeto mutuo sobre la base del amor, la convivencia pacífica y responsable.

En la educación, formar personas libres, dignas, justas, responsables, creativas, respetuosas, fraternales, solidarios con pensamiento crítico y capaces de decidir con autonomía.

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En la sociedad, promover la solidaridad, la dignidad de la persona en el trabajo y en la justicia social, afirmar la dignidad inviolable frente al totalitarismo, los derechos fundamentales de la persona y el orden social justo, como centro de la vida social, económica y cultural, protagonista de la historia y la sociedad, como sujeto moral, llamado a la verdad y a la libertad responsable, sujeto de desarrollo integral, en relación con la verdad y la caridad, persona como ser racional, espiritual, llamada a la libertad responsable y al compromiso comunitario, núcleo de una nueva cultura de paz, llamado a la fraternidad universal y a la amistad social y la participación activa en la construcción del bien común. Ser capaz de asumir la responsabilidad ética frente a los desafíos globales: dignidad inviolable, paz, desafíos económicos, biotecnología y la ecología.

En la vida espiritual, reconocer la persona como misión eclesial que se abre a lo trascendente y encuentra sentido en la relación con Dios y en el cuidado de la Creación –la casa común-.

Referencias generales

Constantino Láscaris. Fundamentos de Filosofía. San José: Ed. Fernández-Arce. S. f.

Platón (427–347 a. C.). Fedón. En: Obras completas. Madrid: Gredos, 1986. Platón (427–347 a. C.). La República. Madrid: Alianza Editorial, 1998.

Aristóteles (384-322 a. C.).Ética a Nicómaco. Madrid: Gredos, 1985. Aristóteles (384-322 a. C.).De Anima Libro II. Madrid: Gredos, 1994.

Séneca (4 a. C.-65 d. C.). Cartas a Lucilio. Madrid: Gredos, 1986.

Epicteto (50-135 d. C.).Enquiridión. Madrid: Gredos, 1995.

Marco Aurelio (121.180d. C.). Meditaciones. Madrid: Alianza Editorial, 2005.

Boecio (480–524 d. C.). De persona et duabus naturis. Madrid: Gredos, 1990.

Agustín de Hipona (354–430). De Trinitate. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos (BAC), 2006.

Tomás de Aquino (1225–1274).Suma Teológica. Madrid: Bibliot. de Autores Cristianos (BAC), 2001.

Descartes, René.(1596–1650).Meditaciones Metafísicas. Madrid: Alianza Editorial, 1997.

Rousseau, Jean-Jacques.(1712–1778). El contrato social. Madrid: Alianza Editorial, 2003.

Kant, Immanuel.(1724–1804).Fundamentación de la metafísica de las costumbres. Madrid: Tecnos, 2002.

Scheler, Max.(1874–1928).El formalismo en la ética y la ética material de los valores. Madrid: Caparrós Editores, 2001.

Mounier, Emmanuel.(1905–1950). El personalismo. Madrid: Ediciones Sígueme, 1998.

Sartre, Jean-Paul.(1905–1980).El ser y la nada. Buenos Aires: Losada, 2005.

Wojtyła, Karol.(1920–2005). Persona y acción. Madrid: Palabra, 2011.

León XIII.Rerum Novarum. Madrid: BAC, 1991.

Juan XXIII.Pacem in Terris. Madrid: BAC, 1963.

Pablo VI.Gaudium et Spes. Madrid: BAC, 1965.

Juan Pablo II.Centesimus Annus. Madrid: BAC, 1991.

Juan Pablo II.Veritatis Splendor. Madrid: BAC, 1993.

Benedicto XVI.Caritas in Veritate. Madrid: BAC, 2009.

Francisco.Laudato Si’. Madrid: BAC, 2015.

Francisco.Fratelli Tutti. Madrid: BAC, 2020.

León XIV. Magnifica humanitas. Madrid: BAC, 2026.

El delineado de las ideas y conceptos se ejecutó en diálogo con Microsoft Copilot.

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