“Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo.” (Platón)
“Como un mar, alrededor de la soleada isla de la vida, la muerte canta noche y día su canción sin fin.” (Rabindranath Tagore)
Adriana Núñez, periodista
Eterno enamorado de la radio, Carlos Fernández mantuvo al aire, desde 1989 y hasta perder el aliento, su reconocido programa “Charlemos” que en los últimos años encontró casa en Actual, 107.1 FM.
En septiembre del año pasado, tuvimos la oportunidad de reunirnos y de conversar largo y tendidorememorando anécdotas, durante el acto que el Colegio de Periodistas realizó en homenaje a mi padre y luego, un par de meses después, hablamos por teléfono cuando muy compungido, me llamó para darme el pésame por el fallecimiento de mi progenitor, a quien estimaba y admiraba.
Pero los recuerdos que han venido a mi memoria al momento de recibir la triste noticia de su partida, datan de los años noventa, cuando dirigí Radio Monumental y tuve el enorme placer de contar con Carlos en la planilla de periodistas del noticiero y de iniciar una larga amistad.
Juntos vivimos días complicados: no sólo porque fue él quien con apoyo incondicional, lanzó la primicia sobre el secuestro de la Embajada de Nicaragua en San José, dando además certeza de quién era el secuestrador, sino también porque ambos coincidimos en la investigación sobre los autos robados por la banda del delincuente conocido entonces como Bam Bam.
Fue tal el empeño por desentrañar los hilos de esa maraña, que pusimos en riesgo nuestras vidas durante tales pesquisas, pues nos balearon el automóvil desde el cual presenciamos y fotografiamos una entrevista del sujeto con un contacto político y no nos quedó más remedio que salir a toda velocidad hacia la casa del Fiscal General de la República de la época, donde nos refugiamos durante varias horas.
Por supuesto, en una sociedad donde la mayoría de los premios de periodismo -y muchos otros también- se reparten entre “los mismos”, ese año, durante el aniversario de la agencia Acan EFE – de la cual Monumental era socio fundador- como representante del medio, me tuve que conformar con recoger un certificado de reconocimiento para el querido Carlos, quien merecía todos los premios noticiosos del período, por su capacidad inquisitva, su valentía y las múltiples primicias que produjo y transmitió.
Pero más allá de esa innegable vocación, Carlos poseía un inigualable don de gentes y supo siempre corresponder a la amistad y al cariño, con lealtad y enorme afecto.
La noticia de su fallecimiento me ha estremecido como si hubiese perdido a un miembro cercano de mi propia familia. Y ello me lleva a pensar en los suyos, que estarán en estos días, sumidos en un enorme dolor.
Termino aquí, orando por el alma de Carlos, quien -estoy segura- ha conquistado la eternidad con su pícara sonrisa y agradable talante. Y aprovecho para enviarles un fuerte abrazo a sus seres queridos.
Realmente ha sido un verdadero privilegio coincidir en este paso terrenal, con tan buen colega y amigo.