Federico Paredes, analista agroambiental.
Cuando uno visita ciudades europeas, algunas de EUA o de Sudamérica, hay ciertos atractivos que ejercen una poderosa influencia en los turistas. Por ejemplo, Quito muestra con orgullo su casco colonial, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, su novísimo metro, el teleférico hacia el Volcán Pichincha, las iglesias coloniales cercanas al Palacio de Gobierno, y muchas otras atracciones; Bogotá tiene sus museos del Oro, de Botero, la Casa Museo 20 de Julio, su Jardín Botánico, el Cerro de Monserrate, la Plaza de Bolívar y así por el estilo.

En Estados Unidos, Nueva York es calificada como “la capital del mundo”, San Francisco con su gran bahía, el barrio Chino, el puente Golden Gate cercano a la ex prisión de Alcatraz y las simpáticas colinas de la ciudad que hacen subir y bajar el tranvía, acompañado de su BART (Bay Area Rapid Trafic) -una especie de metro que da servicio a toda la zona de la gran bahía- y los recuerdos de su aporte a la creación de la cultura hippie. Así podríamos enumerar cualidades de otras ciudades como Miami, Los Ángeles o de la capital Washington DC.

Europa muestra con impresionante belleza ciudades como Praga, Viena, Paris, Roma, Madrid, Bruselas, Berlín o la misma Moscú, que tienen dentro de sus currículos urbanos, siglos de historia y edificios y monumentos de impresionante belleza, algunos de ellos convertidos en símbolos de cada una de estas urbes, como la icónica Torre Eiffel, el Coliseo Romano, la Puerta de Alcalá, la torre del Big Ben, el Puente Carlos, la Plaza Roja y el Kremlin o la Puerta de Brandemburgo.

Al ponernos a reflexionar sobre San José, nuestra capital, podríamos decir que tendríamos que utilizar una “pinza” para extraer los sitios que ya hemos mencionado en otros Biomas, como de significativa belleza: el sector L de la Corte- la Asamblea Legislativa- el Parque Nacional- la Biblioteca Nacional- el Ministerio de Cultura, rematando con la Plaza España y la Casa Amarilla, contados en sentido de sur a norte.

Otro fragmento que ha tomado forma de sitio gastronómico es Escalante, al que se le puede adicionar la antigua Aduana, hoy sitio de exposiciones FERCORI, la Iglesia de Santa Teresita, el Museo Dr. Rafael A Calderón G. y la estación de trenes del INCOFER.

El antiguo Paseo de los Estudiantes, rebautizado como Barrio Chino, se ha tomado su tiempo para cobrar vida con atmósfera oriental. El Bulevar de la Unión Europea que conecta la Plazoleta de La Soledad con el Parque de la Iglesia La Merced, cumple su función de paseo peatonal pero no tiene el brillo deseado y la Municipalidad capitalina lucha sin éxito por mantenerlo libre de ventas callejeras y de pordioseros, llamados eufemísticamente “habitantes de la calle”.
Aunque el Mercado Central hace grandes esfuerzos por mantenerse como sitio de interés turístico, sigue siendo un lugar al que asisten funcionarios públicos y empleados del comercio circunvecino para almorzar y comprar una que otra cosa para su hogar. Tanto al norte de este Mercado, como al sur de la Avenida Segunda, los bloques urbanos son meros lugares apretujados de tiendas y sodas (cafeterías) que no tienen ninguna belleza.

Tenemos que ser honestos y admitir que no hay organicidad, orden, ni sentido de belleza en nuestra capital josefina. Luego de la pandemia, el Bulevar de la Avenida Central es un catálogo de docenas de tiendas cerradas y de locales que tratan de atraer clientes con parlantes de alto volumen que logran lo contrario: alejarlos por el gran decibelaje.
Hay personas que tienen meses o quizás años de no poner un pie en San José, prefieren visitar algunos de los muchos centros comerciales o “moles” que pululan por la periferia de esta capital.
Los turistas extranjeros que visitan nuestra capital lo hacen de forma grupal y acompañados de un guía quien cumple la doble función de vigilante y de instructor turístico, en pequeñas caminatas entre un punto y otro, como del Parque Central, el Teatro Melico Salazar y la Catedral hasta el Teatro Nacional y la Plaza de la Cultura o el Museo del Jade en el sector de la Plaza de la Democracia.
Sería interesante hacer una encuesta entre los residentes permanentes del Valle Central para conocer su percepción, si se pusieran “el sombrero” de turistas, sobre las cosas bonitas de San José o cuáles definitivamente son desagradables o totalmente evitables.
Pero dejemos este lamento eterno y esbocemos algunas ideas de cómo se podría arreglar este desastre urbano. Duele saber que no hemos podido avanzar con el proyecto de la Ciudad Gobierno en el sector del MOPT, la verdadera activación de las ciclovías o la instalación de un circuito de trolebuses o tranvías para facilitar el tránsito de pasajeros intra-capitalinamente.
Dentro de la capital
Lo primero sería constituir una comisión interinstitucional e interdisciplinaria que tendría la misión de señalar alternativas de rediseño urbano en las que se consideren medios de transporte, reubicación de habitantes de sitios como Barrio Cuba, Sagrada Familia, Barrio Keith o Barrio Los Ángeles, nuevas ciclovías, nuevos parques o zonas de recreación, pequeños mercados de productosorgánicos, fortalecimiento del Corredor Biológico del Rio Torres o centros culturales con bibliotecas, talleres de arte o de gimnasia grupal, por ejemplo, al igual que casetas de vigilancia y módulos de servicios sanitarios que estén escrupulosamente limpios y vigilados.
Ahora bien ¿A quién le toca convocar u organizar este esfuerzo? Se podría pensar que, por jurisdicción administrativa, sería a la Municipalidad josefina; otros pensarían que por tratarse de la Capital debería ser el Ejecutivo, mediante su Ministro de Planificación, de Turismo, de Ambiente o un Delegado Presidencial nombrado por Decreto que tenga liderazgo y poder de convocatoria. Alguien debe conducir la batuta y hacerlo con notable maestría. Se trata de un reto no meramente administrativo, sino de envergadura nacional.
La recuperación de la Capital entraña varios componentes, que se podrían enumerar de la siguiente manera: sostenibilidad ambiental (áreas verdes, pureza del aire, sitios para reciclaje de residuos), seguridad ciudadana(policías presentes y accesibles), belleza urbanística (edificios bien pintados, eliminación de escombros, de arreglos temporales con hierro o cemento, aceras seguras, buenos pasos peatonales), transporte ecológico(trolebuses, tranvías, tren eléctrico, e inclusive, carruajes tirados por caballos en ciertos sectores, como parte del atractivo citadino).
Aunque la presencia de los “habitantes de la calle” es casi inevitable, a la que se ha sumado la entrada de migrantes de diferentes partes del Continente o del mundo en su incesante deseo de alcanzar llegar a EUA, este tema merecería una discusión aparte por lo compleja que es, pero no podemos dejarla de lado y es preciso tenerla en cuenta.
El núcleo RECUPERA (Recuperación Urbana Para Estabilizar Racionalmente el Área capitalina), por supuesto debería de integrar a sectores vitales de la vida nacional: el de la Academia (con sus escuelas de Arquitectura, Ingeniería Civil, Biología, Salud Ambiental y similares), el Comercio (con su RSE, Responsabilidad Social Empresarial), las ONG que puedan hacer aportes significativos a este gran esfuerzo, la Cooperación Internacional de diversos países que tengan demostrable experiencia en su portafolio urbano y la misma Iglesia, que no debe deslindar el factor espiritual con el de la convivencia humana en la ciudad.

“Seamos realistas, queramos lo imposible” decía una consigna de la década de los ochenta, que bien nos podría servir para acometer esta titánica labor. ¿Será realmente imposible desear alcanzar este sueño? Depende de nosotros solamente. Para nada debe de tener signo político-partidista esta aventura; difícilmente habrá alguien que no desee ver en mejor estado a la ciudad capital. Pero como todo en la vida se requiere dedicación, deseo y una buena dosis de sacrificio.
Soñemos con poder caminar tranquilos y seguros por San José, sin miedo de que nos asalten, nos atropellen o nos caigamos por una acera en mal estado. Poder comernosun helado o tomarnos un café en un ambiente tranquilo, seguro, que huela bien, que nos inyecte orgullo de una capital a la que alguna vez se le llamó“la tacita de plata”.
Muy interesante el comentario. Cómo habitante de la ciudad de San José, especialmente del límite entre Barrio Escalante y Barrio la California, me atrevo a afirmar que el enemigo más importante de la ciudad y sus habitantes, son algunos departamentos de la Municipalidad, especialmente la oficina de patentes y su actual director. Ahí la falta de voluntad, el desinterés y me atrevo a decir, la corrupcion, han sido la daga directa al corazón de la ciudad. El otorgamiento de patentes de licor indiscriminadamente y la falta de seguimiento al funcionamiento de esos locales, acompañado de ignorar el Plan Regulador han sentenciado a muerte zonas mixtas residenciales comerciales, como lo es Barrio Escalante. Los vecinos organizados han estado en pie de lucha defendiendo, por ejemplo, su derecho al descanso. Los reglamentos, las normas existen, pero no hay voluntad de hacerlas cumplir. Quizás el público general se interese en esta problemática cuando los inversionistas de las Torres vean afectadas sus ventas inmobiliarias porque nadie quiera vivir rodeado de bares, discotecas, prostibulos y el bar a cielo abierto más grande de San José: el Parque Francia