La libertad hay que conquistarla y reconquistarla

La libertad hay que conquistarla y reconquistarla

Ufrán García, periodista.

Me mortifica y desvela la situación que afronta mi país. Y pienso mucho en el futuro inmediato. Ya no es solo que la verdad no importa, sino que las vidas humanas tampoco parecen tener valor.

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Los costarricenses estamos envueltos en una espiral de mentiras y violencia. Hay un claro propósito de Rodrigo Chaves y sus incondicionales en hacer parecer a la sociedad costarricense como dividida entre buenos y malos, pulcros y corruptos, sinceros y mentirosos, defensores del pueblo y enemigos del pueblo, justos e injustos, dignos e indignos…

Parejamente, se pretende desde Zapote, también por conveniencia,borrar la historia de Costa Rica, esa que la convirtió en ejemplo ante el mundo, para que los ticos de mente ligera y frustración acumulada nieguen valor a todo lo logrado en más de 200 años de vida independiente. Todo responde a un plan cuidadosamente diseñado y ejecutado por Chaves y sus correligionarios con base en experiencias populistas e incluso fascistas en otros países de América y Europa.

No dudo que Rodrigo Chaves tiene bien estudiadas las tácticas de Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi, aquel que decía: «Una mentira repetida adecuadamente mil veces se convierte en una verdad». Goebbels basaba su estrategia propagandista en once principios, entre los que destaca el de la «vulgarización», según el cual: «Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida.

La Política de Propaganda de Goebbels - MiCinexin
Goebbels.

Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño debe ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar».

El populista de Chaves tiene a su favor hoy un inmenso recurso tecnológico que facilita enormemente su tarea, internet con las redes sociales. Por eso mismo ya brincó furibundo ante la intención del Tribunal Supremo de Elecciones de regular la propaganda en ellas, tal como se hace con la incluida en medios tradicionales de comunicación de América, Chaves copia al Chávez venezolano, un populista que dejó escuela. Él fijó ese discurso radicalizado en que se erigen como auténticos representantes del «pueblo», para, según ellos, combatir a las élites opuestas a los intereses nacionales.

En el norte del continente, el advenedizo y oportunista Chaves encuentra otro visible y poderoso ejemplar populista, señor de la mentira: Donald Trump. Y allá en Turquía está un ejemplo vigente: Recep Erdogan. Todos ellos se enmarcan, con sus matices, en lo que Benjamin Krämer, profesor del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Munich, define como «una manera de ver y hacer política que describe a la sociedad como entidad dividida en dos grupos: el pueblo, cuya voluntad debe ser respetada categóricamente, y una élite que ignora esa voluntad popular y oprime a la gente».

No, Donald Trump is Not Hugo Chávez | NACLA

Y Howard Erlich, profesor emérito de la Escuela de Ciencias y Humanidades del Ithaca College de Nueva York, ve la realidad política actual así: «El mundo público se volvió más chabacano, así que no sorprende que la retórica pública vaya en esa dirección…Las voces son más ruidosas, extremas, hasta vulgares, porque así es como atraen la atención popular».

Debo reconocer que los costarricenses tenemos culpa de lo que tristemente ocurre pues olvidamos aquel consejo de Joaquín García Monge, pronunciado y escrito en 1921: «La libertad hay que conquistarla y reconquistarla, porque solo son esclavos los pueblos que se cansan de ser libres». Y reitero mi firme confianza en que el 1⁰ de febrero del 2026 se haga realidad aquel juicio de don Ricardo Jiménez Oreamuno: «Los costarricenses son como las mulas de noche, huelen el peligro».

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