La mesa es frágil y la silla, aún más endeble

La mesa es frágil y la silla, aún más endeble

“Debemos aceptar la decepción finita, pero nunca debemos perder la esperanza infinita”

Martin Luther King (1929-1968)

Adriana Núñez, periodista

Martin Luther King, defensor de los derechos civiles

Aunque gracias al Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), cuyas reglas, visión democrática y eficiencia, le permitieron a Costa Rica celebrar nuevas elecciones nacionales e incluso recuperar por algunas horas, el espíritu solidario y la comunicación empática y pacífica entre ciudadanos con distintos enfoques, lo cierto es que los signos del deterioro político y social del país se mantienen a la vista -y paciencia- de los costarricenses. Algunos los ven con claridad; otros, los ignoran por conveniencia particular.

Pese a que, en virtud del papel vital del TSE, la nación no ha experimentado en las últimas décadas cuestionamientos importantes a los resultados electorales, situación que representaría un riesgo absoluto para el proceso democrático nacional, lo cierto es que durante la última administración -la de Chaves Robles- sí se han presentado otros signos preocupantes.

Uno de ellos ha sido el rechazo a algunas reglas del sistema, por parte de sectores oficialistas; otro -igualmente grave- ha sido el de la impávida tolerancia ante la violencia política que se ha manifestado lo mismo verbalmente que mediante presiones puntuales.

La democracia costarricense está enfrentando un entorno realmente frágil, pues tal y como lo subrayan especialistas en el tema político, en los últimos 4 años se han producido ingentes heridas a las libertades civiles, tanto a través de los ataques frontales -como de subterráneas restricciones- a distintos periodistas y medios de comunicación, además de las frecuentes y mal disfrazadas persecuciones a opositores al partido de gobierno, que han causado una polarización extrema en la población.

Si a ello -entre múltiples elementos- le sumamos el gigantesco crecimiento de la desinformación y de las noticias falsas; la forma en que la inseguridad y la criminalidad se han desbocado; el colapso de infraestructura y servicios y el aumento de la desigualdad social, de la cual se beneficia el narcotráfico, el convulso y endeble escenario está sobre la mesa, actuando como el comején, que roe a su paso hasta la madera más robusta.

Es en ese “mar agitado” donde el oportunismo, dueño de muchos de los hilos que mueven distintos títeres y ambiciones, ha ido ganando terreno.

Una de las formas de “revolcar” las aguas es la proliferación de partidos políticos de poca monta, cuyo único propósito es diluir votos y poner sobre el tinglado la avidez de reconocimiento de ciertos personajes.

Así lo consignó un editorial del 2 de febrero, publicado por Panorama, espacio de la Cámara Nacional de Radiodifusión, en el cual se señaló que aunque para algunos “que haya tantas personas interesadas en ocupar la silla presidencial es algo positivo” en la otra cara de la moneda, existen contundentes opiniones “en contra de que haya tantos partidos y candidatos”, las cuales argumentan “que aspirar a la presidencia se volvió una especie de moda para tener exposición pública”.

Laura Fernández, heredera política de Rodrigo Chaves…(Foto publicada en internet por La Nación)

Tome nota el TSE, siempre abierto a fortalecer y mejorar su gestión, pues paradójicamente pareciera que estas últimas apreciaciones coinciden con el sentir de un nutrido grupo de ciudadanos: un sondeo realizado por el mismo medio, determinó que “89.47% de las opiniones indican que se debe ser más estricto en los requisitos para postularse a la presidencia”.

En fin, Costa Rica entra en una nueva fase de “experimentación” política. Frente a circunstancias así, la responsabilidad de los diputados -tanto oficialistas como de oposición- se incrementa en un cien por ciento. Pero también será deber de cada ciudadano, escudriñar las acciones que desde el Poder Ejecutivo se emprendan, no sólo porque a la hora de juzgar, los hechos son los que cuentan, sino también porque actualmente, la silla está afincada sobre patas muy frágiles.

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