José Luis Valverde, periodista.

También a los Jaguares gordos les llega su día
Don Rodrigo Chaves, no se extrañe, si uno de estos días, la joven presidenta de la república, quien puede ser su hija, de visita en el despacho, exclama: ¡Uffff…huele a Cofal!
Este mes de junio, llega usted a 65 años, condición de los bautizados por algún gracioso, como “ciudadanos de oro”, lo cierto, para la inmensa mayoría, de reumas, achaques, malestares, por si fuera poco soledad.

Tiempo de vérselas a palitos con la pensioncita (si acaso la tiene) alcanzándole apenas para los primeros días del mes.
¿SE ACUERDA?
Lo recuerdo como hoy don Rodrigo, usted venía de disfrutar las vacaciones, lujo por cierto, la mayoría a su edad no puede darse, se sentía gracioso luego del descanso, lo reconoció en su conferencia de los miércoles, gozó con desparpajo, imaginaba la oficina de un adulto mayor, entonces presidente de otro poder de la república, hedionda a Cofal o algún otro linimento.
ESTORBO.
A Usted y su joven presidenta, parece le estorban los viejos, rocos o roquitos, esos madrugadores en los servicios del Seguro Social, quienes una vez confirmados los achaques, deben colocarse en las largas listas de espera.
Para miles de esos ancianos en condición de pobreza extrema, en este momento no hay plata para una pensión no contributiva, allá ellos, usted tiene la de lujo del Banco Mundial y otra esperándolo por su condición de expresidente.

Su joven protegida, en cuatro años, en el umbral de los 40 también tendrá pensión de ex mandataria.
NO ES PECADO.
Don Rodrigo, oler a Cofal, Zepol, Vic Vaporub, linimento, embrocación, manteca de chancho con sal, emplastos, no es ningún pecado.
Usted, dichosamente, tiene recursos para disimular esos olores con fina colonia francesa, no se extrañe, si en su condición de ahora, en algún momento, involuntariamente, se le escapa algún viento o pedo, en otros tiempos de respeto, se escuchaba decir: ¡Salud noble anciano!

Ahora en momentos de incultura, grosería, chabacanería, desconsideración al prójimo casi generalizada, alguien irrespetuosamente le exclame: ¡Sóque viejillo hediondo!
¡Bienvenido al gremio de los adultos mayores! También a los jaguares gordos les llega su día.
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