Claudio Alpízar, politólogo.

Todo se ha hecho tan mal desde el día uno del actual Poder Ejecutivo en temas de relaciones exteriores, que la presentación de NUESTRO PAÍS ante la Organización de Naciones Unidas terminó siendo insignificante, sin auditorio que nos escuchara y sin la claridad que pudiera marcar una línea de exigencia y calidad para nuestro país.
Tan mal estuvo todo: la no presencia de Laura, la presencia del Canciller Tovar y su despido estando en la propia Asamblea de la ONU -antes de su exposición- para así dejar al garete nuestra representación.
Para finalmente asignarle el discurso a un funcionario de tercer rango, que fue el penúltimo en hablar en la Asamblea para un discurso sin mayor relevancia, una ponencia para archivar.

De 195 naciones, a Costa Rica se le había asignado el excelente lugar 13 si asistía la Presidente, donde perfectamente con una buena ponencia sobre paz, desarme, democracia, cambio climático, migración, derechos humanos, multilateralismo y más, pudimos habernos lucido ante un auditorio colmado de personalidades de primer nivel en política exterior.
Al no acudir Laura y encargar al Canciller el discurso nos bajaron al lugar 186, al ser este despedido en plena Asamblea de la ONU, la representación quedó en manos del Embajador, por lo que enviaron al país al lugar 193, ya cuando la mayoría de participantes han regresado a sus países.
Solo faltó que le dieran a nuestro Embajador las llaves para que al salir apagara la luz y cerrara el Salón de la Asamblea General.

No sabe uno en qué se hizo el ridículo más grande exponiendo la imagen del país en estos días: si con la Selección Nacional de Fútbol o con nuestro cuerpo Diplomático en New York.
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