El lenguaje del cuerpo es más franco que el de las palabras.
Uno puede decir que no hay problema alguno, pero luego llega una mueca y lo cuenta todo.
Las manos son poco diplomáticas. Acomodarse el pelo tampoco miente. El futbol se explica con grandes conceptos, pero se evidencia con otras partes corporales cuando todo va mal.
Fernando «Bocha» Batista.
Con estos pequeños gestos, el paso del tiempo acabó en ayudarme a reconocer que el futbol nacional se sustenta en la cultura de los ineptos.
El criterio para escoger el entrenador de la Selección Mayor, con el empujón de los que tienen influencia lanzando un currículum desde que pateó una bola, anotó un gol, que le gusta trabajar con jóvenes, además de haber ganado cinco Torneos de los Olvidados hace diez años, aunque nunca haya dirigido una Selección, mucho menos asistir como entrenador a un mundial, es la música que le gusta escuchar a la prensa, los dirigentes y aficionados.
Esa es la cultura futbolera de moda en el país. Una cultura plasmada en el papel y la verborrea, pero que olvida lo más importante: la experiencia de cómo se maneja una selección nacional mayor en Costa Rica que busca asistir a un mundial.
El futbol nacional se sustenta en la cultura de los ineptos.
No es lo mismo ser entrenador de un equipo, donde el técnico tiene los jugadores todos los días y juega los fines de semana, a dirigir una selección que solo los reúne en las fechas FIFA.
La cultura de un país significa el conjunto de creencias, valores, técnicas, habilidades, y muchas otras cosas que el hombre crea y aprende en sociedad, y con las que hemos sido capaces, a lo largo de cientos de años a sobrevivir y adaptarnos al medio que nos rodea.
No es descabellado afirmar entonces que la cultura de un país es una forma de estar y vivir con la realidad.
Aunque se dice que el futbol es el mismo en Europa, China o Costa Rica, y la diferencia la hacen los buenos y malos jugadores, lo mismo debe aplicarse a los entrenadores.
¿Cómo se puede detectar a los buenos y malos entrenadores?
El bueno debe ser capaz de mirar, adaptarse a las canchas, las tradiciones, la forma histórica de jugar y aceptar los jugadores que tiene el país en ese momento. ¿Cómo lograr todo eso en el poco tiempo que dispone una selección, cuando los resultados en el futbol no tienen tiempo y son siempre el presente: el ahora?
En Costa Rica existe la creencia que lo de afuera de nuestras fronteras es mejor que lo nuestro. Hasta los frijoles y el arroz, base de nuestra alimentación, es mejor que lo sembrado en tiquicia.
En el futbol pasa lo mismo. Trajimos entrenadores que no vinieron a mejorar nada en todas las categorías, o buscamos entre el llavero de los nacionales que hablan mucho y se venden, pero que desconocen jugar contra México, USA, Canadá y ahora los caribeños con raíces europeas.
Marvin Rodríguez.
Es curioso: Costa Rica asistió a seis mundiales mayores y el 66,6% de los directores técnicos eran nacionales, (Marvin Rodríguez, Alexandre Borges dos veces y Oscar Ramírez).
Busco, como ejemplo, cuáles entrenadores extranjeros ha tenido la Selección Argentina campeona mundial en tres ocasiones. José Lago Millán (español), y los italianos Felipe Pascucci y Renato Cesarini, este último en 1967. O sea: hace 29 años no contrata ningún técnico foráneo.
Ahora la pregunta es, ¿por qué fracasan los entrenadores extranjeros si algunos tienen buenos padrinos y saben tocar la flauta de Hamelín para embelesar a todos?
Nuestro país tiene raíces campesinas, donde el agricultor, el jornalero, el empleado de fábrica, el maestro, el periodista o el burócrata trabaja para vivir. Sus ingresos le permiten endeudarse para comprar casa y carro; comer, vestirse y con algunas extras de fin de año visitar la playa o la montaña.
Sin duda el futbol es una válvula de escape para el ciudadano y un instrumento al servicio del poder.
Tomarse unas cervezas con boca de pellejo de chancho, comer gallo pinto, rice and beans, pianguas con limón y sal y asistir al estadio. Y si son más atrevidos viajar al extranjero con dinero plástico en clase económica. Esa es nuestra cultura tica.
Cuando llegan contratados los técnicos extranjeros viven con la prensa, los aficionados y los dirigentes una explosiva Luna de Miel. “Es el indicado. Viene a poner disciplina”.
¿Disciplina?: como si todos los jugadores, (siempre habrán unos pocos), fueran un desmadre en la profesión que les da de comer.
Pasada esa Luna de Miel brotan las preguntas si los resultados no se dan como se anunciaron. La prensa puja por su salida porque la selección no gana y peligra la clasificación. El aficionado, ese que grita en el estadio, discute en los bares, en los lugares de trabajo, las redes sociales y comenta en las calles, se siente frustrado, apaleado y hasta burlado.
Sin duda el futbol es una válvula de escape para el ciudadano y un instrumento al servicio del poder. Ya no serán solo 11 corriendo tras una pelota, sino la frustración de un pueblo que se sintió burlado por un extraño, porque nunca se adaptó.
** El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.