La democracia se profundiza confrontando ideas

La democracia se profundiza confrontando ideas

Pedro Alberto Soto.

 

A veces pensamos que la democracia se fortalece evitando el conflicto y “sonriendo para la foto”.
Falso. La democracia se profundiza confrontando ideas.
Una sociedad que no pone en discusión visiones distintas sobre educación, salud, transporte, seguridad o economía está condenada al estancamiento o a la imposición de la visión de los grupos que ostentan el poder.
Elementos de un proceso de diálogo - CEPAZ
La confrontación es necesaria.
Pero la confrontación democrática debe ser exigente. Implica respetar al otro, aunque piense diferente.
Requiere argumentar con principios, no con insultos. Obliga a sustentar la discusión en valores como la dignidad humana y la libertad de expresión. Pero, sobre todo, exige la convicción de que, por encima de cualquier interés particular, debe prevalecer el bienestar de la mayoría social.
Confrontar, es poner a competir las ideas para encontrar las mejores. Es escuchar para construir, no para destruir.
De la confrontación respetuosa pueden surgir consensos, visiones compartidas y alternativas reales para enfrentar los problemas nacionales. Confrontar para unir.
Diálogo' y 'debate' en la educación y en la política - Plan V
Algo totalmente opuesto hemos presenciado en los últimos años con el chavismo costarricense. El chavismo no confronta ideas, confronta personas.
Por ejemplo, la presidenta ha atacado al fiscal Díaz, acusándolo de tener «muchas novias» (como Bad Bunny), en lugar de proponer las reformas legales indispensables para fortalecer el Ministerio Público.
No busca consensos, busca enemigos. (“No negocio con terroristas políticos”, advierte Laura, “A los jachudos los mando al CACCO”, matonea el ministro chiquitillo) . En esa lógica, la confrontación deja de ser un ejercicio democrático y se convierte en un instrumento para dividir entre «buenos y malos», «patriotas y traidores», «gente de bien» y «corruptos».
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Su objetivo no es debatir. Es que la gente se enfrente. No pretende convencer. Busca adoctrinar, deshumanizando al adversario para obtener rédito politiquero.
Es necesario distinguir la confrontación democrática de aquella que la rebaja al insulto, al apodo y a la amenaza.
La primera exige argumentos, investigación, propuestas y soluciones. La segunda sustituye las ideas por ataques personales y convierte las diferencias políticas en motivos de enemistad.
La confrontación democrática debe ser superior a la confrontación chavista que quiere fracturar a la sociedad para gobernar sobre la base de la desconfianza social. Confrontar no significa destruir al adversario, sino encontrar caminos para resolver los problemas que afectan a la mayoría social.
Necesitamos recuperar el valor del debate informado, respetuoso y orientado por los intereses de la mayoría social. En ocasiones me parece que no hemos comprendido eso.
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