Vivir en democracia

Vivir en democracia

Ufrán García, periodista.

Con cierta regularidad, personas de buena voluntad de Tilarán me aconsejan dejar de «pelear y vivir tranquilo». Me dicen que disfrute mi pensión en paz y que no me complique la vida discutiendo sobre política. «Con eso nada gana y más bien se echa gente encima», agregan. «De por sí esto no tiene remedio», opinan otros. «Chamelo, siga detrás de la marimba y liguista, pero no le haga caso a la política», me expresó uno precisamente este domingo en un baile allá en Agua Caliente, al otro lado del río Corobicí.

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Escucho esos consejos con respeto y aprecio. Sé que lo hacen con buena intención. Casi a todas esas personas las conozco desde hace largos años, mucho antes de irme cuatro décadas para San José a estudiar y trabajar.

Solamente a un amigo muy cercano, para mi sorpresa ahora chavista fanático, le repliqué un día que sentí su consejo revestido de regañada.

Ocurrió poco después de que me llamó un joven colega de Telenoticias para pedirme una opinión grabada sobre la actitud de Rodrigo Chaves ante la prensa. «¡Me conocés desde que entramos al colegio y pretendés que deje de ser yo cuando tengo 70 años!», le contesté de inmediato. El asunto no pasó de ahí.

Ricardo Jiménez Oreamuno - El Espíritu del 48
Ricardo Jiménez Oreamuno.

Fue precisamente en las aulas del entonces Liceo de Tilarán donde supe que me interesaban los asuntos políticos nacionales. Y fue en aquellos tiempos cuando decidí estudiar periodismo. Entonces, hallé por ahí aquel criterio de don Ricardo Jiménez Oreamuno al justificar la introducción de la educación cívica en los programas de enseñanza, en 1888: «Es cosa que raya con lo inconcebible que ciudadanos de una república salgan de las escuelas y colegios ignorantes de cuál es el gobierno de su patria, cuál es el mecanismo administrativo, cómo funciona la máquina gobierno, qué participación deberán tener en ella -cuál es el límite de la acción gubernamental-, qué deberes lleva consigo la ciudadanía…».

Y me propuse conocer más sobre política, estar informado, entender en qué país nací, crecí y vivo. Lamentablemente, más de 130 años después de haber pronunciado don Ricardo aquellas palabras, la educación en general y la educación cívica en particular están totalmente descuidadas. Estoy convencido de que si el grueso de los costarricenses tuvieran claro algo tan elemental como qué significa vivir en democracia, no serían fácilmente entotorotados por falsos «mesías» dizque inmaculados, ajenos por completo al auténtico ser costarricense. Así es que no dejaré de opinar, «pelear» y complicarme la vida con quienes suelen creer que en Costa Rica somos libres por mera obra de la casualidad.

 

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