El espacio, según los costarricenses

El espacio, según los costarricenses

Jacques Sagot, pianista y escritor

La ciudad moderna, la metrópolis posterior al Renacimiento, al auge cientificista, al surgimiento del capitalismo y la Revolución Industrial, está diseñada urbanísticamente según el modelo del plano cartesiano: una serie de rectas numéricas horizontales y verticales, que se cortan perpendicularmente en el punto cero del diagrama: el eje horizontal es una sucesión de líneas paralelas llamadas abscisas, el eje vertical es otra sucesión de líneas paralelas que conocemos como ordenadas.  Tomemos el caso de Manhattan: las largas avenidas que recorren la isla longitudinalmente (del noreste hacia el sudoeste) harían las veces de ordenadas.  Las cortas calles que la surcan transversalmente de este a oeste podrían ser consideradas como abscisas.  Descartes creó su plano con el fin de determinar matemáticamente la magnitud de la res extensa, de la cosa mesurable, material, tangible.

2.600+ Vista Aérea De Central Park En Manhattan Nueva York Estados Unidos Fotografías de stock, fotos e imágenes libres de derechos - iStock

Las ciudades anteriores a Descartes solían tener configuraciones urbanas muy diferentes: calles sinuosas, concéntricas, circulares, laberínticas, impredecibles en su curso.  Cuando visitamos una vieja ciudad europea, descubrimos que el casco antiguo está casi siempre diseñado de esta manera: con callejuelas curvilíneas que serpentean y zigzaguean de manera más o menos aleatoria.  Pero conforme nos alejamos del centro y nos internamos en la periferia, entramos en el cartesianismo urbano, y las ciudades se convierten en cuadrículas, en tableros de ajedrez, con sus calles y avenidas cortándose perpendicularmente.

La noción del plano cartesiano nunca fue asumida como principio de organización urbanístico en San José.  Sí: tenemos calles y avenidas con sus números asignados, y muchas de ellas están dispuestas de manera perpendicular.  Pero la concepción cartesiana del espacio nunca permeó la sensibilidad del tico.  Seguimos siendo pre-cartesianos, y no lo digo a manera de crítica, sino de mera observación.  Hay un gran encanto, en la forma que tiene el tico de organizar el espacio urbano.  Tenemos puntos de referencia muy concretos (Chelles, el higuerón, la casa de Matute Gómez, la pulpería La Luz, la I griega…)  Muchos de ellos han desaparecido, pero se invocan aún como referentes: “de la antigua pulpería La Luz cien al norte y setenta y cinco al este”.  Son presencias – ausencias, como los fantasmas.  Entes ambiguos, que están sin estar, ni vivos ni muertos, lo que Jacques Derrida llamaría “indecidibles”.

Espacio y plano cartesiano | EL DIARIO
Espacio y plano cartesiano.

¿Qué significa esto?  Muchas cosas.  En primer lugar, el remanente pertinaz del espíritu aldeano en una ciudad que ya es todo menos una aldea.  La GAM es una megalópolis, pero la mentalidad de sus habitantes sigue siendo aldeana.  En segundo lugar, un rechazo endémico a la abstracción.  Está claro que situar un lugar usando coordenadas cartesianas supone un ejercicio de abstracción mayor que ubicarlo con respecto a un árbol de higuerón.  En tercer lugar, conviene remontarnos a nuestra historia profunda.  Nuestras comunidades indígenas precolombinas no se servían a buen seguro del plano cartesiano.  Su sensibilidad era concreta, material, palpable: los puntos de referencia eran montañas, ríos, árboles, puentes, rocas, lagunas, prados, ciénagas, esferas de piedra.

Descartes geometrizó el mundo, y creó –sin proponérselo– un modelo urbano que ha sido adoptado de manera casi universal.  Finalmente, recordemos que las direcciones que nosotros utilizamos solo son concebibles en el trópico: bajo un clima continental, dotado de cuatro estaciones, el árbol de higuerón perderá todo su follaje en invierno, y con él su especificidad como punto de referencia: será un esqueleto más, entre miles de ramazones grises, secos, y cubiertos por la nieve.  El paisaje cambia demasiado drásticamente como para orientarnos por él a fin de ir a entregar una carta.  En estas latitudes, la inmutable abstracción del plano cartesiano resulta necesaria.

Descartes y las coordenadas cartesianas

Claro que nuestras folclóricas direcciones físicas suelen sumir al extranjero en el desconcierto.  Cualquier costarricense que ha vivido en el exterior sabe lo difícil que es convencer a una agencia postal de que una dirección planteada en términos de pulperías, cantinas, árboles, chayoteras, puentes, muros, colores de fachadas y portones, y aun la presencia de un perro pequinés en el jardín, pueda funcionar con la efectividad con la que funciona.  “Pero señor, ¿qué pasa si ese día el perro está enfermo, o llueve y se metió en la casa?”  “Mire, amigo, no haga más preguntas, solo mande la carta a esta dirección y le garantizo que llegará”.  Y los funcionarios acceden, mirándolo a uno de reojo con una mezcla de escepticismo y perplejidad.  Pero fuera de este inconveniente, nuestras direcciones son coloridas, singulares, deliciosamente materiales, concretas, paisajísticas, y hondísimamente enraizadas en la realidad tangible, con desdén rotundo por la abstracción.

Es que nuestras direcciones no son en realidad tales.  Se trata más bien de descripciones físicas y paisajísticas.  Descripciones del barrio, de la calle, de la casa y de su flora y fauna.  Direcciones descriptivas, podríamos llamarlas, para oponerlas a las direcciones more geometrico de Descartes.  Otrora, el cartero no tenía siquiera que esforzarse buscando la casa a la que tenía que llevar la carta: había trabajado durante cuarenta años en el mismo barrio, conocía a todos sus residentes, era objeto de un regalito navideño por parte de los vecinos, acaso también de una taza de café vespertino, compartido en la terraza externa, donde la gente se sentaba a “tardear” (bella expresión campesina que hemos perdido).  Y si el cartero moría, su hijo ya estaba preparado para tomar el lugar de su padre, de modo que no existía la posibilidad de un caos postal.  Y así eran las cosas en aquel tiempo, en esa dimensión de nuestra historia que llamamos “antaño” (en francés jadis, en inglés yore: cito los vocablos por la belleza de su sonoridad).

De carteros y direcciones en San José – La Ciudad Paralela

Pero ya no hay carteros.  Internet los mató.  La magia de la carta, de la ansiosa espera de esas páginas escritas con la caligrafía distintiva de nuestros seres amados, de ese legajo que venía impregnado de su olor, de su perfume, con anotaciones al margen o caprichosos dibujillos explicativos, todo eso murió.  Para tal efecto usamos ahora los “emoticones”.  Y la caligrafía, como arte y como rasgo singularizador de una personalidad, ha desaparecido.  Ya James Cain no podría escribir El cartero llama dos veces, ni Poe La carta robada, ni Tagore El cartero del rey, ni Quince Duncan La carta, ni García Márquez El coronel no tiene quien le escriba, y por lo que atañe a la emocionantísima escena “de la carta” de Tatiana, en la ópera Eugenio Oneguin de Chaikovski, solo puede ser vista como un ritual obsoleto y dépassé.

La poética de la carta y del cartero ha muerto.  Cada día acumulamos más cadáveres, y persistimos en apostar toda nuestra felicidad a la tecnología.  “¿La mando, no la mando?”: la deliciosa indecisión de la enamorada Tatiana antes de enviar su misiva a Oneguin ya no tiene razón de ser.  Hoy en día todo lo resolvería un lacónico mensaje de WhatsApp, especie de taquigrafía llena de palabras abortadas, desprovista de puntuación, de tildes, con signos matemáticos de multiplicación a guisa de la preposición “por” o de adición para el adverbio “más”.  Lenguaje híbrido, discontinuo, heterogéneo, fragmentario, esteganográfico, críptico… un verdadero engendro idiomático.

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Carteros en Costa Rica antes de 1930.

Costa Rica nunca saldrá de las direcciones descriptivas.  Descartes no modeló nuestra sensibilidad espacial, y está bien que así sea: es parte de nuestra identidad cultural.  Ahí seguirán, articulando nuestra ciudad, las esquinas sempiternas, a menudo evanescidas: Chelles, Matute Gómez, la pulpería La Luz, el higuerón, la I griega.  Son eternas.  Fueron declaradas patrimonio nacional de manera tácita, colectiva y anónima.  Son historia en el sentido vivo, actual y vibrante de la palabra.  Es hermoso, el mundo de lo concreto.  Las abstracciones dejémoselas a Platón.

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Un comentario en «El espacio, según los costarricenses»

  1. Me encanta a lo gue refiere Jean Sagot entre toda la geometría de calles, y acordándose de Descartes coincido en gue lo gue se refiere a la geometría, gue yo hago, gue me apasiona todo las funciones, las funciones, las parábolas era un genio

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