- Aunque miles conmemoran en abril una de las batallas más importantes que han librado los costarricenses: la de Rivas, donde la gesta heroica del humilde “Erizo” Juan Santamaría, en 1856, logró concretar el triunfo contra la invasión filibustera, hemos decidido en esta ocasión, darle espacio a un personaje que durante el siglo XX, también marcó su huella imperecedera en la cultura nacional
- “…De veras, hijo, ya todas las estrellas han partido. Pero nunca se pone más oscuro que cuando va a amanecer.”
-Isaac Felipe Azofeifa-
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Considerado uno de los poetas costarricenses más importantes del siglo XX, Isaac Felipe Azofeifa Bolaños nació en Santo Domingo de Heredia, el 11 de abril de 1909 aunque algunas fuentes lo registran en mayo. Falleció también en abril -el segundo día del mes- en 1997. Fue además educador y político.
A los 20 años de edad ingresó al Instituto Pedagógico de Chile, donde se graduó como profesor de Castellano. En esa época vivida en la hermana nación sudamericana, participó en actividades grupales en las que alternó con personalidades de la intelectualidad chilena tales como Pablo Neruda y Juvencio Valle. Seis años más tarde, en 1935, regresó a nuestro país, donde desde 1943 y hasta su fallecimiento, enseño Literatura en la Universidad de Costa Rica.
Un año después de su llegada a Costa Rica, contrajo matrimonio con Clemencia Camacho Mora con quien procreó 2 hijos y 2 hijas.
Fue miembro fundador del Partido Liberación Nacional, pero tras varias décadas de militancia renunció a la agrupación en 1989, para conformar el Partido del Progreso y más tarde, Fuerza Democrática.
Ya en suelo costarricense, en 1958 publicó la obra “Trunca Unidad”, a la cual le siguieron: Vigilia en Pie de Muerte (1962), Estaciones (1967) y Días y Territorios (1969)
Y es que aunque desde 1928 había alcanzado un importante galardón al obtener el primer lugar del concurso de poesía organizado por el Diario de Costa Rica, fue precisamente en la década de los 60, cuando los elogios, comentarios y especialmente los reconocimientos sobre sus piezas literarias se sucedieron uno tras otro, permitiendo que el poeta y profesor, alcanzara mayor notoriedad.
Uno de esos comentarios, dado a conocer por la Editorial UCR, se refirió precisamente a la segunda publicación del poeta Azofeifa, “Vigilia en Pie de Muerte”, en relación a la cual, importantes figuras tales como Carlos Pellicer, Alfredo Cardona Peña y Trigueros de León -al otorgarle el Primer Premio del Certamen Nacional de Cultura de El Salvador- en octubre de 1962, indicaron:
«Merece el galardón por su hondura poética y excelente idioma», aseveración a la que se unió la revista venezolana LAM Número 3 donde se dijo: «… Isaac Felipe Azofeifa, puesto en hombre y pensando en el hombre, frente a problemas que conforman históricamente a este, en ‘Vigilia en pie de muerte’ entró de lleno en las grandes constantes humanas»-
Otros premios importantes
En 1964 obtuvo el Premio Nacional de Poesía con el poema “Canción”; dos años más tarde, con el poema “Estaciones”; de nuevo en 1969, con el poema “Días y territorios”, logro que repitió tanto en el 74 como en el 82, con los poemas “Cima del Gozo” y “Cruce de vía” respectivamente; y para 1995, con “Poesía reunida”.

Adicionalmente en 1969, la Academia de la Lengua Costarricense le otorgó el Premio Nacional de Literatura.
En 1972 resultó ganador del Premio de Periodismo Cultural García Monge y más de dos décadas después, en 1994, recibió el Premio Rodrigo Facio Brenes.
Y como corolario a su prolífico quehacer al servicio de la literatura, la educación y la Patria, en 1980 se hizo acreedor del Premio Nacional de Cultura, Magón.
Además de los títulos citados, su extensa obra contempla, entre otras, las siguientes publicaciones: La voz de las cuatro patrias, (1928); Revisión Literaria introducción a la literatura moderna de Occidente (1984); Principios de la Educación, (texto,1986); Ideología costarricense, (texto, 1993) Prosa con tonelada y son, (texto,1993) y Psicología para la escuela secundaria, (s.f.).
Hombre creativo, sensible, magnífico educador y sobre todo intuitivo, desde siempre supo que en abril había nacido y en abril moriría. De ahí su poesía, que hoy reproducimos: “Abril me pertenece…”
Abril me pertenece…
A él regreso sin remedio.
Pasa y desaparece. Es un juego.
El juego de la edad -mi edad- y
del tiempo que se cuela entre los dedos
como un agua que fluye y fluye.
No como aire, no, porque la edad
se queda. Tiene antes y ahora.
Tiene ayer y mañana.
Siempre ocurre, hasta que un día
ya no es edad, es muerte.
Dices entonces: pasó la vida,
se fue, ya no es de aquí.
Pero era yo quien estaba,
quien se iba y volvía
de ese abril pasado, sumándolo.
Era la vida corriendo como agua,
transcurriendo,
discurriendo,
recurriendo,
sin descanso,
sin cansancio,
de uno a otro abril,
siempre el mismo abril,
distinto siempre.
Abril me pertenece
hasta mi muerte.
Don Isaac y su señora, Clemencia, tuvieron 6 hijos, 2 hijas y 4 hijos.
Adriana, don Isaac Felipe y doña Clemencia procrearon tres hijos varones: Jorge Isaac, José Pablo y Mario.
Fui compañero de Jorge en varias materias de la UCR y frecuentaba su casa para estudiar. No recuerdo bien lo de sus hermanas pero de Luis caribes Azofeifa Camacho recuerdo que eran 3; en tu artículo anotaste dos hijos y dos hijas.