«El jardín secreto está siempre abierto ahora.
Abierto, despierto y vivo»
(Palabras finales acerca de la sanación emocional)
Adriana Núñez, periodista Visión CR
Al igual que sucede con los arbustos y otras plantas de un jardín, que necesitan sol, agua, abono y una mano cariñosa que las pode, las proteja de plagas y las acaricie para crecer sanas, dar buenos frutos y flores, las personas -y en especial los niños- requieren de todos esos cuidados para desarrollarse adecuadamente.
En el caso de los seres humanos, ciertamente la cercanía de quienes les rodean, además del amor y la amistad entre unos y otros, son aspectos indispensables para sanar las heridas del alma, superar el dolor y enfrentar la vida con más seguridad y confianza, pues al igual que sucede cuando se invierten esfuerzos en un jardín -aunque haya estado previamente abandonado- las personas pueden volver a florecer si reciben atención y afecto.

Es precisamente lo que demuestra la adaptación de una película llamada “El Jardín Secreto” -apta para todo público- que se estrenó en plataformas digitales de Norteamérica el 14 de agosto de 2020 y luego, en cines de España y otros países, bajo la dirección de Marc Munden y la producción de David Heyman y Rosie Alison. Está basada en la novela de la escritora inglesa Frances Hodgson Burnett, cuya obra fue publicada en folletos entre 1910 y 1911.
Una versión anterior de 1993, había sido dirigida por la cineasta polaca Agnieszka Holland y producida por Francis Ford Coppola.
Ver más allá del dolor
La trama se centra en la historia de Mary Lennox, una niña de 9 años, un tanto malcriada y egoísta, quien residía junto a sus padres en la India; lamentablemente, la tragedia toca a la puerta y la niña queda huérfana a tan corta edad. Acostumbrada a que las personas al servicio de la familia, le ayudaran incluso hasta a vestirse, durante varios días deambula como un fantasma por su hogar. Pero un conocido la descubre y de inmediato, se decide su partida.

Sin tiempo para recuperarse aún de tan abrumadoras circunstancias y arrastrando profundas heridas internas, Mary es enviada de regreso a Inglaterra, donde deberá vivir con su tío, un hombre taciturno y retraído, en una enorme y sombría mansión, llena de puertas y de misterios.
Sola y sin que nadie se preocupe por sus emociones o sentimientos, en pocos días su inquieto espíritu la motiva a explorar tanto los pasillos y espacios internos, como los campos que rodean la gigantesca residencia.
Y es así, como gracias al encuentro con un perro travieso y andariego, la niña descubre un jardín amurallado, mágico y aparentemente abandonado, que cambiará su vida y la de las pocas personas que la rodean, a través de la fuerza de la naturaleza, la amistad y la sanación interior.
Y es que con el paso de los días, Mary , quien también se percata de que en una de las habitaciones vive -prácticamente recluido- un primo de edad semejante a la suya, no tarda en darse cuenta de que en la familia no todo es lo que parece y que en ocasiones, juzgamos a los demás según nuestros propios traumas.

Esta cinta, considerada por los críticos como un drama/fantasía, ha sido elogiada por la crítica como una obra maestra visual y emocional.
A la valoración de la película contribuyen por supuesto, las actuaciones de Dixie Egerickx quien personifica a Mary; el reconocido actor Colin Firth, en el papel del tío y la veterana artista británica Julie Walters como el ama de llaves de la «lúgubre mansión”.
El jardín secreto se ha representado varias veces como obra de teatro, se ha adaptado como musical en Broadway, se ha transmitido como serie de televisión en cuatro versiones distintas y también se ha llevado a la gran pantalla en otras cuatro ocasiones, entre ellas están las versiones de 1993 y 2020. Esta última adaptación es a la que hoy nos referimos.