El rey que logró humillar a Julio César

El rey que logró humillar a Julio César

Sarah Romero, National Geographic.

 

Viajamos hasta el convulso siglo I a.C. Numidia era un reino cliente de Roma, famoso en todo el Mediterráneo por su letal caballería ligera.

Estos jinetes, que montaban a pelo y sin bridas, guiando a sus veloces caballos con una simple vara y la presión de sus piernas, eran el terror de las legiones. Juba heredó este formidable ejército de su padre, Hiempsal II, pero también un panorama político de lo más desestabilizado.

En la política, como en la vida, las ofensas personales pueden cambiar el curso de la historia. Corría el año 63 a.C. cuando un joven Juba se encontraba en Roma defendiendo los intereses de su padre en un juicio. El abogado de la parte contraria no era otro que Julio César y, en un momento de acalorada discusión, César, en un gesto de supremo desprecio, tiró de la barba a Juba.

El momento de gloria de este monarca africano Juba llegó en el año 49 a.C. El gran Julio César había enviado al norte de África a su general Gayo Escribonio Curión para tomar el control de la región. Curión, pecando de un exceso de confianza casi cómico, creyó que se enfrentaba a un pequeño destacamento númida cerca del río Bagradas, por lo que marchó poco preocupado.

Lo que Curión no sabía era que Juba I, demostrando ser un estratega brillante, había hecho correr el falso rumor de que se retiraba, dejando solo a su comandante Saburra. Cuando los romanos atacaron con toda la confianza que otorga saberse ganador, se encontraron rodeados por el grueso del ejército númida. La aniquilación de los romanos fue total. Curión murió en combate y Juba, triunfante, se llevó a varios senadores romanos cautivos a Numidia para exhibirlos y, posteriormente ejecutarlos. El rey africano acababa de asestarle un golpe brutal al ego de Julio César.

El fin de Numidia

Pero ya conocemos el final de la historia en la que Roma no es derrotada precisamente por esta nación. Solo era cuestión de tiempo que Roma asestara el golpe final. En el 46 a.C., el propio Julio César desembarcó en África y, en la decisiva batalla de Tapso, las fuerzas pompeyanas y númidas fueron masacradas. Esta vez no tuvieron oportunidad. Los famosos elefantes de guerra de Juba entraron en pánico y la derrota fue clara y absoluta.

Viendo que todo estaba perdido, Juba I de Numidia, huyó hacia su capital, Zama, donde se encontraban tanto su familia como sus tesoros. Sin embargo, los habitantes, aterrorizados por las represalias de César, le cerraron las puertas. Solo, traicionado y sin reino, Juba I tomó una decisión drástica. Acompañado por el general romano Marco Petreyo, se retiró a una villa y, allí, tras un banquete por todo lo alto con los mejores manjares que poder degustar en una mesa romana, ambos sellaron un pacto de suicidio para evitar la deshonra de ser exhibidos en el triunfo de César en Roma.

Se batieron en duelo; Juba mató a Petreyo y, acto seguido, ordenó a un esclavo que le atravesara con su espada. Ambos murieron y así terminaba la Numidia independiente, convertida desde entonces en la provincia Africa Nova. Un suicidio completamente de película que acabó con el sueño de Numidia frente a Roma.

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