Fernando Fernández, Revista Visión Cr.
El triple salto es una de las pruebas del atletismo más exigentes, tanto desde el punto de vista físico, teniendo en cuenta el alto nivel de impacto que el atleta debe soportar en la batida en la tabla y recepción de los dos primeros saltos, como desde el punto de vista técnico, ya que es necesario desarrollar coordinadamente a alta velocidad diferentes tipos de esfuerzo, tales como el ajuste de la carrera, la trayectoria de las batidas, la transición de una fase a otra del salto, el equilibrio en las fases de vuelo, etc.

El objetivo del triple salto es alcanzar la mayor distancia horizontal posible utilizando tres saltos consecutivos, que se conocen con la terminología inglesa de hop, step y jump. El reglamento obliga a que el impulso de los dos primeros saltos (hop y step) se realice con el mismo pie, y el tercero (jump) con el pie contrario, por lo que solo hay dos posible secuencias de apoyo: derecha-derecha-izquierda o izquierda-izquierda-derecha, lo que antiguamente se conocía como técnica escocesa. Con esa técnica, James Connolly se convirtió en el primer campeón olímpico de la historia moderna.
Los impactos contra la pista en los dos primeros saltos, según algunos estudios, pueden llegar a ser de 10,5, 13,2 y 11,3, multiplicado por el peso corporal del atleta, respectivamente, para las batidas de hop, step y jump, por lo que el atleta puede llegar a tener que soportar impactos de unos 1000 kg en una sola pierna, no hundirse y completar satisfactoriamente el salto.
Tradicionalmente se han estudiado las distancias parciales de cada uno de los tres saltos. Así, se consideran saltos con predominio de hop o con predominio de jump, si el porcentaje de uno sobre el otro es mayor al 2 %, y equilibrados, si la diferencia entre ambos es de 2 % o menor.
Por ejemplo, cuando Jordan Díaz ganó los Juegos Olímpicos en París con 17,86 m, sus distancias parciales fueron de 6,44 m, 5,33 m y 6,09 m, es decir unos porcentajes de 36,1, 29,8 y 34,1 %, respectivamente.
Por lo tanto, es un salto en el límite de equilibrado, muy cercano al predominio de hop. Cuando ganó el Campeonato de Europa en Roma, con 18,18 m (segundo mejor saltador de la historia), sus distancias parciales fueron de 6,34 m, 5,70 m y 6,14 m, es decir, ratios de 34,9, 31,4 y 33,7 %, por lo tanto, un salto muy equilibrado. Fue un mágico salto de 2,28 segundos de duración y una velocidad media de algo más de 8 m/s.
Sergio Guerrero y Jordi Solà
En casi todos los récords del mundo masculinos, en más de 100 años de historia, ha habido un predominio de hop. En cambio, el actual récord de Jonathan Edwards, de 18,29 m, tuvo parciales de 6,06 m, 5,22 m y 7,01 m, es decir, con un clarísimo predominio de jump. Edwards era un triplista que basaba sus saltos en una gran reactividad, capacidad de rebote, velocidad y parábolas más rasantes.

El step suele ser siempre el más corto de los tres saltos, pero la clave de un buen salto es que no sea excesivamente corto, por debajo de un 27 % de la distancia.
Actualmente también se analiza la velocidad horizontal de cada salto. En cada uno de los tres saltos consecutivos se va perdiendo velocidad horizontal, pero ha de ser la mínima pérdida posible. Entre hop y step se suele perder un 8-10 % de velocidad, pero los grandes atletas solo pierden entre el 1-2 %.
Después de su perfecto año 2024, todo el mundo se pregunta sobre el margen de mejora de Jordan Díaz y si podrá batir el récord del mundo, que en 2025 cumple 30 años. Jordan tiene mucho a su favor para conseguirlo. Su carrera es todavía corta, de entre 14 y 16 pasos, pudiéndola aumentar en 4 más, por lo que entraría a la batida más rápido.
Una máxima velocidad óptima de entrada es muy importante en los saltos horizontales. Y el mayor margen de mejora está en la caída, muy defectuosa todavía en la recepción en la arena. De hecho, en el supersalto de Roma, la marca más retrasada en el foso fue… la cabeza. Además, se dejó 11 cm en la tabla de batida, justo los que le faltaron para igualar el récord de Edwards.