Valores Éticos y Desarrollo Personal

Valores Éticos y Desarrollo Personal

César Fernández Rojas, educador jubilado y miembro fundador Comisión Nacional de Ética y Valores.

 

«Sólo la moralidad en nuestras acciones puede dar belleza y dignidad a la vida». Albert Einstein.

 Introducción

La reflexión sobre los valores éticos constituye una necesidad impostergable en nuestro país y el mundo contemporáneo, marcada por tensiones sociales, crisis de confianza y desafíos en la convivencia democrática. En ese sentido, el propósito de este artículo es analizar la estructura y jerarquía de los valores éticos, como fundamento de la persona moral y el reconocimiento social en la vida pública.

La ética de la persona no puede reducirse, solamente, a un conjunto de normas externas o a un código de conducta impuesto desde fuera; antes, se configura como una dimensión interior que afirma la vida ética personal, orienta sus decisiones y da confianza y rectitud a sus actuaciones. Esta ética de la personalidad surge del dominio de la cultura, la familia, la educación y las experiencias cotidianas, las cuales moldean una visión habitual de la vida.

Empero, la persona posee la capacidad de alcanzar la autonomía moral. Como expresó Kant (1785), ésta consiste en darse a sí mismo la ley moral, como ejercicio pleno de la voluntad racional. Es la capacidad activa de la razón de darse a sí misma la norma operativa que debe seguir. En este sentido, la libertad acata la ley que la propia razón reconoce como válida, y de ser necesario, va más allá.

La relación entre inteligencia y voluntad

Así, la voluntad racional se convierte en legisladora de sí misma: al actuar conforme al imperativo categórico, el sujeto se eleva por encima de sus inclinaciones y se afirma como ser autónomo, capaz de respetar su propia dignidad y de los demás. La autonomía moral es, entonces, la expresión más alta de las libertades humanas, porque en ella la voluntad se reconoce como fuente de universalidad y deber; uncida, la conciencia ética es una dimensión interior del ser humano, donde la voluntad se examina, se auto determina y se hace responsable ante la vida personal y compartida.

La sociedad actual requiere personas capaces de actuar con principios firmes que respondan a su autonomía moral, con rectitud, fundamentada en la honorabilidad al pensar, actuar y ser veraz, consigo mismo y con los demás, y cimentada en la base de la probidad y la integridad. Esa posición consciente debe constituirse en el verdadero capital moral que sustente la credibilidad pública, preserve el valor esencial e inalienable de la justica y fortalezca el bienestar humano, en general.

La persona íntegra inspira confianza, otorga seguridad con su palabra y consolida una reputación honorable; sus decisiones generan respeto y su ejemplo se convierte en referente normativo para otros. En este sentido, la integridad —como cúspide de la pirámide de los valores éticos y morales— se articula con la autonomía moral para constituirse en un eje de cohesión social y en un fundamento indispensable de la vida democrática.

La integridad es el camino para llegar al éxito

Bases conceptuales      

La reflexión sobre los valores éticos ha ocupado un lugar central en la filosofía moral y en la teoría social. Desde la axiología clásica hasta las propuestas contemporáneas, se ha buscado comprender cómo los valores éticos se organizan en una jerarquía que estructura la vida de las personas y sostiene la cohesión social.

Max Scheler (1916), en Ética material de los valores, planteó que los valores no son equivalentes ni intercambiables, sino que se ordenan en niveles: valores sensibles, vitales, espirituales y religiosos. En esta jerarquía los valores superiores poseen mayor dignidad y capacidad de orientar la acción moral. Sin embargo, en mi opinión la dignidad humana no se funda únicamente en la supremacía de los valores espirituales o religiosos, sino en la integración armónica de todos los niveles de valor que configuran la existencia humana.

En una perspectiva holística y cercana a la ética personalista, la persona no se fragmenta en estratos aislados de placer, vitalidad, cultura o trascendencia, sino que se realiza en la unidad de su escala axiológica. Cada nivel aporta sentido y fuerza: los valores sensibles se enriquecen en la plenitud de la vida; los vitales se engrandecen al servicio de la verdad y la justicia; los espirituales se consolidan en apertura a lo absoluto. Así, la dignidad se constituye como totalidad dinámica, donde la jerarquía no implica exclusión, sino articulación y crecimiento, y de esta manera la persona alcanza su plenitud en la síntesis viva de todos los valores que la orientan hacia el bien. La autonomía ética (Kant, Rousseau, Mill) asegura que cada individuo pueda ordenar esos valores con libertad y responsabilidad.

Max Scheler, el amor y la intuición de los valores | La mirada de Linceo

Nicolai Hartmann (1932), por su parte, defendió la objetividad de los valores, afirmando que existen independientemente de la percepción individual y que su jerarquía es ontológica, no subjetiva. Ortega y Gasset (1930) añadió queLos valores no se perciben, se estiman, y se inspira en Max Scheler, quien distingue entre bienes (cosas concretas) y valores (cualidades objetivas).

En la tradición moderna, Immanuel Kant (1785), en Fundamentación de la metafísica de las costumbres, introdujo la noción de autonomía ética: la capacidad de darse a sí mismo la ley moral. El imperativo categórico exige actuar de modo que la máxima de la acción pueda convertirse en ley universal. Esta propuesta coloca la libertad y la dignidad de la persona en el centro de la jerarquía de los valores, mostrando que la ética no depende de mandatos externos, sino de la auto legislación racional.

Jean-Jacques Rousseau (1762), en Emilio o de la educación, subrayó que la formación ética surge de la educación que cultiva la bondad y la compasión. Para él, la autonomía se vincula con la voluntad general: ser libre es obedecer la ley que uno mismo se da en comunidad. De este modo, la educación moral se convierte en un vínculo entre la individualidad y la ciudadanía.

Emilio o De la educación una obra de Jean Jacques Rousseau - Yo Soy Tu Profe

John Stuart Mill (1859, 1861), en Sobre la libertad y El utilitarismo, defendió que la libertad individual es condición indispensable para el desarrollo moral y la felicidad. Los valores se jerarquizan según la capacidad de promover la mayor felicidad posible, distinguiendo entre placeres superiores —intelectuales y morales— e inferiores. Mill aporta así un criterio pragmático para ordenar los valores en función de su contribución al bienestar humano.

Jean-Paul Sartre (1943, 1945), desde el existencialismo, sostuvo que la existencia precede a la esencia. En El ser y la nada y El existencialismo es un humanismo, afirmó que los valores no están dados, sino que se crean mediante la libertad radical. Cada elección implica responsabilidad universal: al elegir, el individuo legisla para toda la humanidad. La jerarquía de valores, en este sentido, se construye en la praxis, en la decisión concreta que compromete al sujeto y a la colectividad. Desde el existencialismo, la libertad es el origen de los valores. En mi opinión la educación y el cuidado orientan esa libertad hacia valores que afirman la dignidad y la expanden a la humanidad.

Finalmente, Francis Fukuyama (1995), en Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity, introdujo la noción de confianza como capital social. La confianza, sostenida en la honradez y la integridad, fortalece las transacciones y la cooperación. En este marco, los valores éticos no solo configuran la personalidad moral, sino que también generan prosperidad y cohesión social, mostrando su relevancia en la vida pública y democrática.

Cuál es nuestra jerarquía de valores? | Taller de Pensamiento Filosófico

En síntesis, la jerarquía de los valores éticos no se concibe como una escala rígida, sino como una articulación activa que integra lo sensible, lo vital, lo espiritual y lo social en la unidad de la persona, y se transforman con el tiempo.

Scheler mostró que los valores se ordenan en niveles con distinta dignidad, y Hartmann subrayó su objetividad ontológica; para Kant, Rousseau y Mill cada individuo puede ordenar esos valores con libertad y responsabilidad; el existencialismo de Sartre recuerda que la praxis concreta crea y recrea valores, comprometiendo al sujeto y a la humanidad; y la confianza (Fukuyama) evidencia cómo los valores éticos se traducen en fundamento indispensable para la vida moral y pública. El cuidado orienta la libertad hacia valores que reafirman la dignidad, la integridad y la autonomía moral, consolidando así la plenitud de la persona en la síntesis viva de todos los valores que la orientan hacia el bien.

Constelación de valores

El desarrollo de la persona se sostiene en una trama de valores que, lejos de ser entidades aisladas, se articulan en constelaciones jerárquicas que reflejan tanto la interioridad ética como el reconocimiento social. En este horizonte, el honor aparece como el reconocimiento simultáneo de la dignidad personal y de la coherencia con la conducta social. De él se desprenden la honorabilidad —cualidad de quien merece respeto por su rectitud— y el calificativo de honorable, aplicado a personas o acciones dignas de estima. Estos conceptos se vinculan estrechamente con la reputación y la valoración pública, mostrando que la ética personal no se limita al ámbito privado, sino que también se traduce en prestigio social y legitimidad comunitaria.

Qué es la verdad?

En el núcleo de la rectitud moral hay términos como probo y probidad, honrado y honradez, todos asociados a la justicia, la transparencia y la fidelidad a la verdad. El adjetivo probo designa a la persona íntegra en su proceder, mientras que la probidad representa la dimensión normativa de esa integridad, expresada en el cumplimiento estricto de los deberes. De manera semejante, honrado describe la disposición interior hacia la rectitud, y la honradez se entiende como la virtud estable que garantiza confianza en la palabra y en la acción realizada. La honorabilidad, finalmente, sintetiza estas virtudes, mostrando cómo la integridad personal se proyecta hacia la legitimidad social.

La honorabilidad, como síntesis de la probidad y la honradez, no se limita a la esfera individual, sino que se convierte en un valor socialmente reconocible. En este tránsito, la integridad personal se proyecta hacia la legitimidad social, entendida como la validación colectiva de una vida recta que inspira confianza, otorga credibilidad y confiere autoridad moral. La legitimidad social, por tanto, constituye el capital ético que transforma la coherencia personal en cohesión comunitaria, asegurando que la justicia y la transparencia se traduzcan en confianza pública y en sostenibilidad democrática.

La dimensión de la veracidad se manifiesta en la virtud de la honestidad, entendida como respeto a la verdad y coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace. La sinceridad, cercana pero distinta, pone el acento en la transparencia del acto y ausencia de la falsedad, mientras que el decoro y la prudencia añaden la exigencia de expresarse con respeto hacia uno mismo y hacia los demás.

La Información Digital | Tendencias | Un día a la vez | Practiquemos el respeto

La plenitud ética se manifiesta en la integridad y ser íntegro, estados que reflejan cohesión entre principios, fines, valores fundamentales e integrales, actitudes y acciones, que simbolizan la totalidad moral de la persona.

La integridad es la condición de quien no se corrompe ni se quiebra, y constituye el eje de la confianza pública.

El reconocimiento social se completa con valores como respetable y respetabilidad, que expresan la dignidad percibida por los demás, con el decoro y la prudencia que ajustan la conducta a lo que es digno y correcto. La dignidad, por su parte, es el valor intrínseco de la persona, fundamento de todo respeto.

A estos se suman la lealtad, como fidelidad a principios y vínculos; la transparencia, como claridad en la acción; la credibilidad, como confianza inspirada por la coherencia; y la autenticidad, como fidelidad a la verdad interior.

Ejes conceptuales

Podemos organizar estos valores en dos grandes ejes:

  1. Interioridad ética: dignidad, honorabilidad, integridad, probidad, autenticidad. Reflejan la coherencia interna y la fidelidad a principios universales.
  2. Reconocimiento social: honor, respetabilidad, credibilidad, confianza. Expresan la valoración externa y la legitimidad pública de la conducta.

GERENCIA - (092) - VALORES (3) - GERENCIA - ADMINISTRACIÓN

La jerarquía de los valores éticos muestra que la vida moral de la persona se construye en la tensión entre interioridad y exterioridad: entre la fidelidad a la verdad interior y el reconocimiento social que legitima la acción. La probidad y la honradez que sostienen la confianza; la integridad que asegura la coherencia; el honor y la respetabilidad que consolidan la reputación. En conjunto, estos valores configuran la personalidad ética y permiten que la persona sea proba, íntegra y honorable.

Este esquema jerárquico que organiza los valores en dos dimensiones complementarias, representado en forma visual, es una propuesta conceptual originada en el marco del presente artículo y fundamentada en Scheler y Hartmann, quienes distinguen entre valores internos y externos como fundamento de la ética material de los valores, con ayuda de la IA.

 

Dimensión antropológica y moral: El carácter como estructura ética

Ser probo, honrado e íntegro no es un ideal abstracto, sino una práctica diaria que se refleja en cómo cumplimos la palabra dada, cómo manejamos los recursos públicos o privados y cómo respondemos a la confianza que otros depositan en nosotros. El carácter ético es, en este sentido, la columna vertebral de la vida social: sostiene la credibilidad y permite que las relaciones humanas se construyan sobre bases firmes.

Conciencia, libertad y responsabilidad. La conciencia ética se manifiesta en la capacidad de discernir lo justo en medio de las presiones del entorno. En la vida ciudadana, esto implica optar por la transparencia frente a la tentación de la corrupción y sostener la justicia incluso cuando ello conlleve incomodidad o riesgo personal. La libertad no es simplemente hacer lo que se quiere, sino asumir la responsabilidad de las decisiones, el deber y sus consecuencias.

Qué es la responsabilidad? – Guía para lograrlo

En la sociedad costarricense, esta responsabilidad se refleja en el respeto a las leyes, la participación democrática y la solidaridad con quienes más lo necesitan. La persona libre y consciente es aquella que no se deja arrastrar por la conveniencia o la coacción, sino que actúa con responsabilidad, firmeza y rectitud, frente al compromiso y la responsabilidad con la sociedad.

La unidad de la persona moral

La persona moral se construye por el vínculo entre interioridad y exterioridad: entre la fidelidad a la verdad interior y el reconocimiento social que legitima la acción. Una persona íntegra no solo vive de acuerdo con sus principios, sino que proyecta esa coherencia hacia los demás, con autonomía moral, asumiendo la responsabilidad de ser fundamento de justicia y legitimidad en la convivencia social.

En la vida pública, esta unidad se traduce en líderes que inspiran credibilidad, en ciudadanos que cumplen sus deberes y en comunidades que valoran la integridad como patrimonio común. La unidad moral de la persona es, en última instancia, el vínculo entre la ética individual y la cohesión social: sin ella, la convivencia se fragmenta; con ella, se fortalece la democracia, la vida social y comunitaria.

Persona moral: qué es, ejemplos y atributos - Enciclopedia Significados

Dimensión educativa de los valores éticos

En Costa Rica, la tradición educativa ha propiciado, históricamente, el equilibrio de facilitar el aprendizaje de los conocimientos y, al mismo tiempo, formar en principios, hábitos buenos, virtudes, valores éticos y morales para cultivar el carácter moral y la conciencia ciudadana que promuevan la formación del  pensamiento crítico, el Estado de derecho, las libertades fundamentales, el fortalecimiento de la democracia, la academia de excelencia, el pensamiento afectivo emocional, el fortalecimiento espiritual, la empatía, la dignidad, la paz, la compasión, la igualdad, la inclusión, la equidad, la verdad, la justicia social, el bien común la autonomía moral y la responsabilidad social como pilares del aprendizaje.

La educación es el espacio privilegiado para la transversalidad y vivencia de un currículo ético que forme a la persona en función de los fines de la educación costarricense, los valores fundamentales e integrales. El currículo ético, entonces, es el corazón de la formación integral.

Implicaciones sociales de los valores éticos

Ética y vida política

La vida política se sostiene en la confianza ciudadana. Cuando los líderes actúan con probidad y honradez, la sociedad percibe legitimidad en sus decisiones. En cambio, la irrefrenable deriva populista destruye la credibilidad y debilita las instituciones. La ética en la política no es un lujo, sino una condición indispensable para que la democracia funcione. En Costa Rica, la historia muestra que los momentos de mayor estabilidad han coincidido con liderazgos íntegros, capaces de proyectar confianza, seguridad y respeto.

Ética y responsabilidad política: pilares de una democracia saludable - Revista Mercado

Ética y economía

La economía también depende de los valores éticos. La transparencia en las transacciones, la honradez en los contratos y la credibilidad en las instituciones financieras generan seguridad y prosperidad.

Empresas e instituciones del Estado que actúan con integridad inspiran confianza en sus clientes, en los usuarios ylos trabajadores. La ética económica, entonces, no es solo un principio moral, sino un factor de desarrollo social.

Ética y convivencia comunitaria

En la vida cotidiana, los valores éticos se manifiestan en la convivencia ciudadana, donde la transparencia, la justicia y el respeto mutuo sostienen la legitimidad de la vida pública. El respeto mutuo, la lealtad y la probidad fortalecen los vínculos sociales. Una comunidad donde las personas cumplen su palabra, actúan con rectitud y se muestran transparentes en sus relaciones es una comunidad cohesionada. La respetabilidad y el honor son bienes compartidos que sostienen la confianza colectiva. En barrios, asociaciones y organizaciones sociales, la ética se convierte en el enlace que une a las personas y les permite trabajar juntas por objetivos comunes.

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Corolario

La jerarquía de los valores es una armonía viva: Scheler y Hartmann lo recuerdan con la objetividad y la dignidad; Kant, Rousseau y Mill afirman la autonomía que los ordena; Sartre señala la libertad que los crea; y Fukuyama muestra la confianza que los sostiene en lo social. La jerarquía de los valores éticos explica que el carácter ético de la persona se construye desde laintegración de lo sensible, lo vital y lo espiritual,en la tensión entre interioridad y exterioridad: entre la fidelidad a la verdad interior y el reconocimiento social que legitima sus acciones. La conciencia libre, responsable y la convivencia moral son pilares que sostienen la vida en sociedad.Así, la persona alcanza su plenitud en la síntesis dinámica que orienta hacia el bien.

En razón a la unidad axiológica del ser, se requiere un enfoque más humano de la educación para el desarrollo de la formación integral y continua de la persona, la familia, la sociedad, y de sus instituciones; de fortalecer la academia para dar solidez y proyección a todo el sistema educativo, desde la formación básica hasta la superior, para que cumpla su misión deformar personas íntegras, producir conocimiento y servir a la sociedad; de la democracia fundamentada en el fortalecimiento de la verdad, la belleza y la bondad, la afirmación de los derechos humanos, los fines de la educación, los desafíos del progreso científico, las tendencias tecnologías de la información, la justicia social, el bien común, el respeto a la naturaleza, a la biodiversidad de los seres sintientes, organismos sensibles y no sintientes, como comunidad medio ambiental de múltiples interdependencias y reciprocidades.

Educación en valores cívicos y éticos. La formación de la ciudadanía - Eduforics - Observatorio de la escuela en Iberoamérica (OES)

En la vida costarricense, esta transversalidad curricular y educativa es clave para ofrecer una formación ética integral, con la educación como expresión auténtica del espíritu humano.  ¡Ese es un viaje con destino!

Referencias

  • Kant, I. (1785). Fundamentación de la metafísica de las costumbres.
  • Rousseau, J.-J. (1762). Emilio o de la educación; El contrato social.
  • Mill, J. S. (1859). Sobre la libertad; (1861). El utilitarismo.
  • Sartre, J.-P. (1943). El ser y la nada; (1945). El existencialismo es un humanismo.
  • Scheler, M. (1916). El formalismo en la ética y la ética material de los valores.
  • Hartmann, N. (1932). Ética.
  • Ortega y Gasset, J. (1930). La rebelión de las masas.
  • Fukuyama, F. (1995). Trust: The Social Virtues and the Creation of Prosperity.
  • Ley Fundamental de Educación N° 2160, del 24 de setiembre de 1957 y sus reformas.
  • Programa de formación permanente de hábitos y actitudes para el logro de valores en el sistema educativo costarricense. Acuerdo del Consejo Superior de Educación 14-90 de 23 de febrero de 1990.Edición mejorada y actualizada, por C. Fernández, 2025.
  • El delineado de las ideas y conceptos se ejecutó en diálogo con Microsoft Copilot.

 

 

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