Pedro Alberto Soto.
A menos de un año de concluir su gestión, Chaves llega a Cartago con más cinismo y menos vergüenza que en ocasiones anteriores.
Una vez más inaugura los trabajos en el tramo Taras–La Lima, obra concebida y financiada en la administración pasada, pero que él presenta como propia, aunque lo realmente propio es haberla empequeñecido.
Repite también el anuncio de que el tren llegará hasta Paraíso, exactamente el mismo compromiso que hizo hace más de un año, cuando inauguró un andén que, por cierto, aún no está terminado.
Pero su mayor descaro fue criticar los supuestos atrasos en la construcción del nuevo Hospital Max Peralta, cuando en realidad ha sido él quien desde un inicio impuso trabas, dañando profundamente este proyecto esencial para nuestra provincia.
Aunque todavía existe un sector que insiste en llamarlo “el mejor presidente”, para nosotros está claro que Chaves no gobierna para el pueblo ni representa a la mayoría social costarricense.
Su verdadero objetivo es imponer un modelo autoritario que desmonte regulaciones, debilite lo público y favorezca lo privado; que reduzca déficit y deuda a costa de recortar inversión y programas sociales en educación, salud, cultura, recreación y seguridad.
Su estrategia también busca frenar la participación ciudadana organizada, alimentando la idea de que solo se necesita un “líder valiente” como él y que cualquier otro esfuerzo colectivo es innecesario.

Mientras tanto, desvía la atención del país hacia polémicas y realidades alternativas: las “chicas Huawei”, la supuesta corrupción de fiscales y jueces, los ataques a Rodrigo Arias, las oscuras intenciones del “estado profundo”, la “mega cárcel” o las andanzas del Coronel Martin Arias.
Todo con tal de evitar el debate sobre lo verdaderamente importante: salarios dignos y crecientes, redistribución de la riqueza, fortalecimiento de las pensiones, soberanía alimentaria y la lucha real contra la pobreza.
En paralelo, pasan inadvertidos los contratos otorgados a dedo, el financiamiento ilegal de su campaña, los favores a grupos cercanos, el deterioro de la salud pública, el retroceso en educación y seguridad y el crecimiento de las desigualdades sociales.

Chaves no gobierna para quienes dependen del Estado. Gobierna para los que nunca lo necesitaron: quienes siempre controlaron el sistema financiero, evadieron el pago de impuestos, tuvieron atención preferencial en las instituciones, poseen seguros privados, universidades propias y monopolios de importación.
Hoy esos mismos sectores, que antes financiaban al liberacionismo y al socialcristianismo, se refugian bajo la bandera del supuesto “pueblo soberano”.
El pueblo de Costa Rica merece más. Los trabajadores, los empresarios y toda la ciudadanía merecen más: más justicia, más inclusión y bienestar.
La política no debe convertirse en un campo de batalla en el que se intercambian vulgaridades. Debe ser un espacio de acuerdo social, un nuevo pacto de concordia, una herramienta para mejorar la vida de hombres y mujeres, sin exclusiones de ningún tipo.
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