Fernando Fernández, Revista Visión CR.

Las redes sociales generan daños significativos al fomentar la adicción, ansiedad, depresión y baja autoestima debido a la comparación constante con vidas idealizadas. Además, exponen a los usuarios —especialmente jóvenes— al ciberacoso, la difusión de noticias falsas, trastornos del sueño y una disminución de la interacción social en el mundo real, y el problema sigue creciendo sin por ahora buscar un antídot0 eficaz.
El uso de las redes sociales puede tener efectos muy negativos, principalmente entre adolescentes. Entre ellos, desviar la atención de las tareas, el ejercicio y las actividades familiares, interrumpir el sueño, convertirse en un medio para difundir rumores o compartir demasiada información personal.

Por otra parte, hacer que algunos adolescentes adopten puntos de vista poco realistas sobre la vida o los cuerpos de otras personas, exponer a algunos adolescentes a los acosadores en línea, que podrían tratar de explotarlos o extorsionarlos y exponer a algunos adolescentes al acoso cibernético, que puede aumentar el riesgo de enfermedades mentales, como la ansiedad y la depresión.
Además, determinados contenidos relacionados con los riesgos y las publicaciones o interacciones negativas en las redes sociales se relacionaron con autolesiones y, en ocasiones poco frecuentes, con la muerte.
Por ello, el planeta Tierra urge de un plan familiar para limitar el uso de redes sociales, y fomentar el uso del lenguaje y la expresión para evitar el encasillamiento en las tecnologías.
El Informe Mundial de la Felicidad publicado por el Wellbeing Research Centre, Centro de Investigación del Bienestar, de la Universidad de Oxford, destaca el impacto negativo de las redes sociales en la población, especialmente entre los adolescentes que son más vulnerables.

El experto en comunicación social de la Fundación Casaverde, Julio García Gómez, considera que “es urgente un plan de limitación del uso de redes sociales desde el entorno familiar con la consiguiente potenciación de la comunicación personal verbal y la creación de espacios libres de pantallas en casa para evitar la infelicidad y contribuir al desarrollo del bienestar personal de los jóvenes”.
El informe de Oxford destaca que “la correlación negativa entre el bienestar y el uso intensivo de redes sociales es especialmente preocupante entre las adolescentes” y subraya que “los jóvenes que usan redes sociales menos de una hora al día reportan los niveles más altos de bienestar, superiores en los que no usan redes sociales en absoluto. Los adolescentes pasan un promedio estimado de 2,5 horas al día en redes sociales”.
Un plan familiar para limitar el uso de redes sociales
El experto en comunicación social recomienda marcar unas pautas y horarios restrictivos del uso de pantallas:

- Planificar de manera estricta en qué horario se podrá utilizar el móvil durante el día, así como el acceso a otros dispositivos electrónicos.
- Marcar qué duración deberá tener el acceso a internet y aplicar el uso racional de los equipos. Por ejemplo, eliminar las pantallas de las primeras horas del día, durante el desayuno y las escapadas a lugares de visita turística y durante el almuerzo y la cena. Es decir, fuera móviles en los momentos de reunión familiar.
En cada caso, y si alguno de los miembros de la familia infringe la norma se podrá aplicar una “sanción” socializadora consistente en que quien transgredió la norma, se vea obligado a dialogar y expresar verbalmente durante unos minutos, delante del resto de miembros de la familia, el relato de la jornada, la visita que han realizado o las anécdotas del día.
Es imprescindible, concluye el experto, fomentar el uso del lenguaje y la expresión para evitar el encasillamiento en las tecnologías en detrimento del diálogo familiar.

La ley australiana un modelo a considerar
Recientemente Australia ha dado un paso audaz al implementar una ley que prohíbe el acceso a redes sociales para menores de 16 años por sus efectos negativos. Esta normativa además de establecer límites claros, aborda preocupaciones críticas sobre el ciberacoso, la exposición a contenido inapropiado y los efectos adversos en la salud mental de los jóvenes.
El gobierno australiano aclara que con esta ley buscan darles un espacio y tiempo para crecer sin la presión constante de la validación social ni la exposición a contenidos dañinos. La ley es un reconocimiento de que el mundo digital puede ser un lugar peligroso para los menores, y establece un estándar que podría inspirar a otros países a seguir su ejemplo.
Esta medida protege a los menores, y además pone la responsabilidad en las plataformas garantizando que no permitan el acceso a usuarios que no cumplan con los requisitos de edad. En este contexto, se establece un entorno más seguro para todos, donde los jóvenes pueden relacionarse sin el riesgo de enfrentarse a situaciones peligrosas que podrían afectar su desarrollo.
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