“Al primer amor se le quiere más, a los otros se les quiere mejor”
Antoine de Saint-Exupéry
Adriana Núñez, periodista VISION CR
Hombres y mujeres, aunque -idealmente- iguales ante la ley, tenemos distintas características tanto a nivel físico como sicológico y emocional. Algunos especialistas indican que lejos de considerarse obstáculos para la sana interacción, vistas con mente positiva y amor en el corazón, en el plano de las reacciones y conductas humanas, esas diferencias se constituyen en importantes complementos a la hora de abordar juntos etapas difíciles de la vida, siempre y cuando se desplieguen con naturalidad y a modo de lazo íntimo entre pares que caminan juntos y se respetan.
Lo cierto es que no hay mejor escenario precisamente para esa “comunión” de almas y hormonas en ebullición donde se mezclan atracción, confianza, mutua admiración, aceptación, comprensión y apoyo, que el del primer noviazgo. Y es precisamente ese impacto que el “primer amor” deja en su contraparte, lo que vamos a desarrollar en las siguientes líneas, pero desde la perspectiva femenina, donde su huella generalmente nunca desaparece.

En artículos anteriores hemos tocado el tema de la impronta que deja un “buen padre” en sus hijas. Porque no sólo será el primer hombre con el cual se relacionen a profundidad, sino también porque dicha interacción posee características propias, tan disímiles pero igualmente profundas, que las que el inconmensurable afecto materno ofrece.
Pues bien, ahora toca el turno, para decirlo de algún modo y sin demeritar la influencia de abuelos, hermanos o amigos, a la segunda figura masculina de importancia en la vida de una mujer: su primer novio.
La huella del primer noviazgo
Según la plataforma educativa Línea de Salud, en general, la mayoría de los niños y niñas está en capacidad de iniciar una relación sentimental prácticamente a partir de los doce años. Y es por ello por lo que, aun cuando transitan por esa etapa temprana de la vida, sus progenitores y guías deben propiciar una conversación inicial a través de la cual puedan, no sólo demostrar interés y apertura para escuchar dudas, confidencias o la descripción de nuevas emociones, sino también para sugerirles unos pocos aspectos que valorar, antes de involucrarse en un noviazgo. Entre ellos están: la transparencia, el respeto mutuo por los espacios y gustos de cada cual y la preservación de las fronteras personales y familiares.
Más, volviendo puntualmente al tema que nos ocupa, es preciso indicar que de acuerdo con analistas y psicólogos, el primer novio, impacta aspectos tan fundamentales en las adolescentes y jóvenes como los siguientes: en ese primer nexo se establece un precedente emocional y de comportamiento que se reflejará en futuras relaciones; es una relación que influye profundamente en la autoestima femenina, la seguridad personal y la autoconfianza.

Adicionalmente, la experiencia del primer noviazgo, sin duda alguna marca el inicio de la madurez afectiva, enseñando a los involucrados a gestionar límites, a discernir en torno al apego y a manejar de forma adecuada, la intensidad que suponen las nuevas emociones.
Conversando con un reconocido psicólogo, le escuché referir que en el transcurso de sus consultas con mujeres que se encuentran atravesando por períodos difíciles en sus vidas, en los que intervienen elementos tales como el miedo a fracasar, una baja autoestima, problemas de comunicación, autocensura y otras emociones negativas, él y muchos de sus colegas, suelen indagan sobre la primera relación sentimental que mantuvieron las pacientes, en virtud de que dicha experiencia formativa moldea las creencias y los patrones de conducta con futuras parejas.
Y es que en la adolescencia, etapa que además se caracteriza por una alta carga de emociones y una inevitable «tormenta hormonal», tan intensas son las interacciones amorosas, que se graban profundamente en el cerebro, dando forma, a menudo, a parámetros que en lo sucesivo, definirán lo que se considera «normal» o «deseable» en el amor.
Investigadores de la Universidad Autónoma de México (UNAM) lo han descrito con claridad y precisión: “El primer amor es una experiencia inolvidable, que puede ser placentera o llena de situaciones negativas”. Para mal o para bien, ineludiblemente “nos deja un aprendizaje, porque esa relación nos modifica y cambia la forma en la que actuamos”.
Cuando en consulta, la respuesta de una mujer a la interrogante del psicólogo sobre su primera experiencia amorosa, es positiva, el barómetro de la esperanza en su tratamiento asciende considerablemente, pues de forma significativa, una relación sana durante el primer noviazgo, permite establecer una base sólida para el bienestar emocional y las futuras relaciones de pareja, al apuntalar la autoestima, facilitar el empleo de habilidades de comunicación asertiva, fomentar el entendimiento, el respeto mutuo y la confianza. Un precedente invaluable…

Muchas de nosotras tuvimos el privilegio de contar con un primer novio realmente especial. Posiblemente su imagen, olor o carcajadas, aún resuenan en nuestra memoria, aunque con más fuerza han quedado grabadas sus acciones, apoyo incondicional, ternura y lealtad.
Y precisamente porque las buenas experiencias de vida nos inspiran, a la distancia de medio siglo, aprovecho estas líneas para darle las gracias a quien primero conquistó mi corazón cuando apenas contaba con 13 años de edad. Cada 30 de marzo recuerdo su cumpleaños. Esos recuerdos son gratificantes en todo tiempo y circunstancia.
Para aquellos que comparten remembranzas similares, dejo a continuación un enlace de una bella canción: «Quemarse los pies», donde en la voz de una de las grandes de España, Ana Belén, siento que queda inmortalizada esa figura inigualable del primer amor.
https://www.youtube.com/watch?v=OcKKkn7cN_E&list=RDOcKKkn7cN_E&start_radio=1