- Cada caso debe evaluarse antes de administrarle sedación a un paciente y si es necesaria, la supervisión profesional sobre el proceso resulta vital
- Además de los profesionales de salud, cuidadores, familiares y allegados a los pacientes graves o terminales, deben estar al corriente de los aspectos relevantes -y otros elementos coadyuvantes al tratamiento- que conllevan no solo la sedación, sino también la vigilancia y el apoyo emocional del enfermo.
Adriana Núñez, periodista VISIÖN CR
Innumerables hogares atraviesan por momentos difíciles, cuando uno de los miembros -adultos mayores- del círculo familiar, sufre algún padecimiento o fractura que, entre otras cosas, afecta su movilidad, ánimo o su equilibrio emocional y le obliga a depender de las atenciones de terceros.

Aunque su afán sea el de ayudar, en ocasiones, quienes rodean a esos pacientes, se frustran o por desconocimiento, realizan acciones que en vez de contribuir con la estabilidad del paciente, podrían más bien ser contraproducentes. Por ello es preciso mantener un contacto fluido con médicos, enfermeras y personal calificado, que no sólo pueda manejar las emergencias sino también instruir a los miembros de la familia acerca de cómo actuar frente a escenarios y tratamientos delicados.
Uno de estos escenarios, es el de las personas a las cuales se les administra sedación. Y por ello hoy vamos a destacar elementos importantes sobre dicho procedimiento.
De acuerdo con un artículo publicado por la plataforma digital Scielo, (https://www.scielo.sa.cr/) “la sedación es un procedimiento que se ha vuelto muy común en nuestro medio; se aplica en oficinas, consultorios y salas quirúrgicas. Sin embargo, los riesgos implícitos en la aplicación de esta técnica anestésica parecen ser obviados por muchos, quienes se lanzan a la odisea de sedar pacientes sin las condiciones de soporte y monitoreo necesarias para un adecuado transcurrir, o bien, en caso de una eventualidad”.
Por dichas razones, resultan indispensables determinados aspectos técnicos y profesionales, con el fin de que la administración de la sedación a un paciente, se efectúe de la forma más adecuada posible.
Las metas que los médicos y anestesiólogos persiguen al utilizar la sedación son: reducir la ansiedad del paciente; disminuir el dolor producido por inyecciones, heridas, intervenciones quirúrgicas, etc.; aumentar la tolerancia del paciente en procedimientos de larga duración; evitar los riesgos asociados con la anestesia general, amnesia del procedimiento o cirugía; recuperación más rápida y egreso más rápido en comparación con la anestesia general e incluso, menores complicaciones postoperatorias.
Casos donde se necesita sedación
En el caso de los adultos mayores, debido a la fragilidad geriátrica, la sedación se enfoca en fármacos de rápida eliminación para evitar el delirium postoperatorio y complicaciones cardiorrespiratorias, manteniendo niveles seguros de sedación según escalas como la de Wilson Modificada.

En caso de sedación paliativa -al final de la vida- ésta busca aliviar síntomas refractarios. Los pacientes pueden estar sedados desde pocas horas hasta varios días, siendo la media cerca de 2,4 días, según explican en MedlinePlus y en numerosos estudios de cuidados paliativos.
Por otra parte, la sedación en Unidad de Cuidados Intensivos (UCI, se mantiene hasta que se resuelve la causa que la motiva; por ejemplo: ventilación mecánica, hipertensión intracraneal, etc.
Tras suspender la sedación, el paciente puede despertar en horas o en varios días, dependiendo de su estado neurológico, tal y como se detalla en Doctoralia.
No obstante, indican los articulistas de Scielo, “debe tenerse claro que la sedación no es un sustituto para un inadecuado manejo del dolor, que debe erradicarse con una técnica anestésica local o regional efectiva, o con un suplemento de opioides, según sea la necesidad”.
Antes de sedar, cada paciente debe ser evaluado.
De previo a proceder con la sedación, cada paciente debe ser evaluado con el propósito de seleccionar la técnica que mejor se adecúe al caso específico. Entre las más frecuentes se pueden citar:
- Sedación consciente: consiste en un estado de depresión de la conciencia, donde el individuo puede mantener una vía aérea permeable y responder a una comunicación verbal adecuada. No incorpora monitorización.
- Neuroleptoanalgesia: es un estado de depresión de la conciencia, alcanzado por la combinación de drogas tranquilizantes, opioides y óxido nitroso.
- Sedo analgesia: en este caso se procura un estado de depresión de la conciencia, que se alcanza debido a la combinación de analgésicos y sedantes.
- Cuidado anestésico monitorizado: comprende al paciente en estado de sedación bajo monitoreo, lo que no implica que esté exento de depresión del estado de conciencia.
Por su parte, la sedación paliativa se usa cuando no existe otra solución, en pacientes con enfermedades terminales o en fases muy avanzadas, con la finalidad de aliviar síntomas agudos, insoportables, tales como disnea, dolor intenso o delirio. Incluye fármacos a dosis ajustadas para reducir la consciencia “sin buscar la muerte acelerada”, permitiendo mantenerle al paciente la hidratación e incluso cierta alimentación, si la persona lo desea y resulta viable.

No obstante, en todo momento hay otras condiciones que en esos y otros casos, no deberán obviarse, pues inclusive ante el inminente deceso de un allegado o familiar, resulta crucial priorizar además de los cuidados físicos que se le brinden, una comunicación abierta, afectuosa y cálida, que le permita sentirse acompañado.
Para tales afectos, los profesionales de salud recomiendan:
Procurar en todo momento la comodidad física del paciente.
Priorizar el acompañamiento y consuelo del paciente y su dignidad, especialmente asegurándose de que no tenga dolor y esté en un ambiente tranquilo, en el cual la presencia física de amigos, familiares y cuidadores es fundamental.
En crisis de salud de gran magnitud, es preciso hablarle con franqueza al paciente si éste desea conocer detalles o evacuar consultas. Es muy importante estar atentos a escuchar sus preocupaciones y deseos finales.
Obviamente, así como se vigila y procuran las mejores condiciones a la persona enferma grave, o en estado terminal, así también ese período debe servir para que los familiares y allegados se apoyen unos a otros y se preparen emocionalmente con el fin de ir aceptando la aflicción que la situación les cause. Quienes rodean y velan por los pacientes graves, deben descansar, alimentarse y atender su propio estrés mediante grupos de apoyo o profesionales que les permitan gestionar sus emociones.
Presencia de familiares y amigos es vital para enfermos terminales
Finalmente, hay otras condiciones que se deben propiciar. Entre ellas, resulta fundamental permitir y fomentar las visitas de familiares y amigos. Según los especialistas, “aunque la persona está sedada al final de la vida y parezca desconectada, el hecho de escuchar voces familiares o de sentir contacto físico -como tomar su mano- brinda tranquilidad, seguridad y consuelo. Recordemos que hasta la sedación paliativa busca aliviar el sufrimiento, no aislar al paciente.”

Otro aspecto relevante es el de la alimentación: si el paciente está despierto y desea comer, se puede optar por alimentos suaves -como purés- y en pequeñas cantidades.
También hay que ponerle cuidado a la espalda de los pacientes sedados, para prevenir lesiones por presión o contracturas. Lo ideal es coordinar cambios de postura cada 4 horas y utilizar almohadas para mantener la columna alineada. Si la persona está acostada boca arriba, “se recomienda una almohada bajo las rodillas para relajar la zona lumbar”.
Los cuidadores deberán revisar constantemente la piel del paciente, y mantener las sábanas de la cama siempre limpias, secas y sin arrugas.
En el caso específico de individuos sedados con fractura de cadera -lesión muy frecuente en personas de edad avanzada- la atención se centra en la inmovilización segura, la prevención de úlceras y el control del dolor. Por ello, “es crucial mantener la espalda recta, evitar la flexión de cadera 90°, usar almohadas entre las piernas y realizar cambios posturales suaves hacia el lado no fracturado u operado.