Es una propaganda engañosa que pone de cabeza la realidad, para aparentar que la excepción es la regla.
Nunca se dice nada de las muchísimas empresitas que la pulsean al borde de la extinción, menos querrán decir algo sobre las muchas otras que simplemente desaparecieron.
Y, sin embargo, son esas empresitas fallidas las que deberían interesar más, porque estudiar sus casos daría valiosos elementos para lograr una comprensión más rigurosa de las causas que subyacen a los elevados índices de fracaso de las microempresas.
Apuesto que, con el affaire Open English, ocurrirá algo similar: dentro de dos años, o algo así, veremos a Laura Fernández en un acto pomposo, con Rodrigo Chaves de invitado estrella, presentando dos o tres personas que lograron satisfactorios niveles de bilingüismo.

De los miles y miles que quedaron en el camino, nada dirán.
2) La ideología
O, en el mejor de los casos, Fernández y Chaves apelarán a la frase trillada de “el que quiere, puede”. Que no es otra cosa sino la cancioncita en la que el neoliberalismo resume su sociopática y misantrópica visión del ser humano y de la vida: personas que dejan de ser personas para quedar reducidas a individuos solitarios, sin afectos y sin compromisos, sin nexos sociales ni redes de acompañamiento, dispuestos a domeñar, con sus manos desnudas, incluso al más poderoso huracán. Dispuestos, en fin, a enfrentar solitos todas las fuerzas del cosmos.
Que, por lo demás, esa es la receta favorita para este populismo autoritario de ultraderecha: individuos que dejaron de ser ciudadanos en cuanto dejaron de sentirse parte de una comunidad, y que, por lo tanto, renuncian a ser agentes participantes en la deliberación y el debate democrático, que desisten de manifestarse, tomar posición y participar en los procesos de toma de decisión sobre los asuntos propios de la colectividad.

En consecuencia, individuos dispersos y atomizados que, por ello mismo, se ven a sí mismos como piezas sueltas dentro de una masa amorfa, cuya única motivación es cantarle loas –en un estado de fanatismo cercano a la hipnosis– a su idolatrado “líder” (o “lideresa”).
Sospecho que esa ideología animó la decisión de recurrir a Open English en vez de trabajar en serio para poner en marcha un programa nacional de bilingüismo, que articule el trabajo y fortalezca los lazos de cooperación entre universidades públicas, MEP e INA, y que logre crear una infraestructura que perdure en el tiempo y dé forma a un sistema sólido para el aprendizaje de inglés, y, eventualmente, otros idiomas.
Con la onerosa contratación de Open English, Costa Rica desiste de desarrollar esa infraestructura y esas capacidades. Le entrega dinerales a esa empresa sin que quede nada perdurable.
Es, en muchos sentidos, como echar dólares por un tubo.
3) El desmantelamiento de lo público
Pero esto tiene otra faceta, que es, asimismo, un problema que atraviesa trasversalmente todas las políticas de terciarización, o sea, las políticas que ceden a privados la prestación de servicios que, por naturaleza, son de carácter público.

