Claudio Alpízar, politólogo.

Crucitas y su oro constituyen un viejo problema que nuestros gobernantes no han logrado resolver.
El caso abrió expediente en 1999, cuando la empresa Industrias Infinito S.A. solicitó a las autoridades autorización para la explotación minera en esa zona, en un área de aproximadamente diez kilómetros cuadrados.
Dicha área pertenece a Cutris, undécimo distrito del cantón de San Carlos, con una extensión de prácticamente 850 km², y una población de 16.000 personas.
Este distrito es más grande que el famoso Singapur (745 km²), que alberga a más de seis millones de habitantes y que ocupa el primer lugar del ranking mundial de competitividad y el decimotercer puesto en desarrollo humano.

Hago la referencia para que el lector advierta que el subdesarrollo tiene más relación con la mentalidad de los ciudadanos y sus gobernantes que con el tamaño del territorio de un país.
Tanto Cutris como Crucitas son fronterizos con Nicaragua, algo que la presidenta Laura Fernández podrá comprobar en su gira, a diferencia de aquella famosa y anecdótica referencia que hiciera cuando era ministra de Planificación, al confundir y ubicar el distrito de Peñas Blancas de San Ramón —que aspira a convertirse en cantón— como fronterizo con dicho país.
En Nicaragua se explora y explota el oro con autorización del Estado; al cruzar la frontera que separa Crucitas de ese país, la riqueza de ese mineral continúa, de ahí el conocimiento que tienen los coligalleros nicaragüenses de la zona y de su explotación.

A ello se suma la facilidad que ofrece nuestra porosa frontera: una zona históricamente abandonada en la que nuestros compatriotas ni siquiera han llegado a ser ciudadanos de tercera categoría, por la carencia de políticas públicas que los consideren.
Cutris se caracteriza por ser una de las zonas con menor desarrollo social y humano del país, una contradicción para quienes viven sobre un cofre o una «cama» —el suelo— cargado del mineral más codiciado del mundo: el oro. Hoy la onza de oro se cotiza entre los 4.500 y los 5.000 dólares.
Tuve la oportunidad de visitar Crucitas y sus alrededores en tres ocasiones —dos en 2021 y una en 2022—, acompañado de mi amigo sancarleño Manrique Chaves Quesada (q. D. g.), quien en vida vivía preocupado por su cantón y por el distrito de Cutris.
De primera mano conocí y recorrí el laberinto de excavaciones de los coligalleros, que de manera irracional han destrozado la zona, han generado una situación de inseguridad grave y protagonizado el mayor robo de la historia del país, con una flagrante violación a la soberanía territorial ante la mirada impávida de nuestros gobernantes.

Hace aproximadamente cuatro años, el entonces presidente Rodrigo Chaves realizó una gira —tour populista— muy mediatizada a la zona (julio de 2022): caminó unos cincuenta metros en el barreal, se tomó unas fotografías sudoroso y con las botas enlodadas.
Transcurridos sus cuatro años de gobierno, igual que sus antecesores, no hizo absolutamente nada al respecto; el robo y la inseguridad en la zona continuaron. Un robo en el que participan nacionales y extranjeros, y en el cual, sin lugar a duda, se comercializa oro y se blanquea dinero proveniente de actividades ilícitas.
No puede olvidarse la gira que realizó en marzo de 2019 la entonces vicepresidenta del PAC, Epsy Campbell, a quien se le había encargado diseñar una estrategia para atender la situación de Crucitas. Llegó con una comitiva exagerada de funcionarios públicos y una gran caravana de vehículos que, a fin de cuentas, no generó solución alguna a la crisis en la zona. Claro está, no faltaron los discursos cargados de indignación que luego se quedaron sin respuestas ni acciones.

Esta semana le toca el turno a la actual presidenta Laura Fernández para su tour populista a Crucitas. Seguramente llegará en jeans y botas, con cámaras para fotografías y videos que logren las mejores tomas para el mercadeo de su reciente preocupación por una zona que conoce poco o nada.
Ha invitado a los diputados de oposición a acompañarla en el recorrido. Del PLN y del Frente Amplio asistirán varios diputados y diputadas, ambos partidos con amplia responsabilidad por la ausencia de soluciones en la zona: unos, por haber promovido en su momento la explotación del oro; el otro, por haber impedido con su ortodoxia ambientalista que la zona sea explorada y explotada de manera responsable para aprovechar su riqueza. También estará representado el PAC con su única diputada actual, partido que en ocho años consecutivos de gobierno (2014-2022) no realizó ninguna acción rescatable frente a la crisis, más allá del tour populista ya mencionado.

En este próximo tour populista no faltarán fotos, videos y discursos sobre lo que han «descubierto»; buscarán generar empatía con los habitantes de la zona, harán algunas promesas mostrando indignación por el abandono y la carencia de soluciones en una problemática que los tiene sumidos desde hace dos décadas, bajo seis diferentes presidentes de la República.
Les hablarán del medio ambiente, de la necesidad del desarrollo de la zona, de la inseguridad que padecen, regresarán a Zapote y a Cuesta de Moras y olvidarán sus promesas.
En 2018, un estudio del Ministerio de Ambiente determinó que nos habían robado, solo en un año, aproximadamente 200 millones de dólares, calculada la onza entonces a 800 dólares. Han pasado nueve años desde ese informe y el robo ha continuado.

Hoy la onza de oro ha quintuplicado y más su valor, no solo por la importancia del metal en la fabricación de componentes tecnológicos, sino porque muchos países —ante la pérdida del valor y la estabilidad del dólar— han virado estratégicamente hacia la acumulación de reservas en oro, como ocurría antes de los acuerdos financieros de Bretton Woods (julio de 1944).
Estoy convencido de que, si no tomamos acciones para aprovechar la riqueza aurífera de la zona, el robo continuará por décadas hasta acabar con el recurso. Ello nos obliga a aprovechar de forma responsable y sostenible el oro de la zona; no hay otra solución. Sus beneficios deberían fortalecer el régimen de pensiones de la CCSS, las pensiones no contributivas, los programas para adultos mayores y el desarrollo económico y social del distrito de Cutris y el cantón de San Carlos. Con ese propósito, en enero del presente año, junto con otros amigos, presentamos un proyecto de ley ante la Oficina de Iniciativa Popular de la Asamblea Legislativa, una propuesta para el aprovechamiento del oro con una perspectiva de sostenibilidad y pensando en las futuras generaciones.

Sin acciones concretas, el tour populista a Crucitas continuará por más décadas, tal como ha ocurrido con otro tour populista que ya perdió vigencia y atractivo: la carretera nueva a San Carlos. Un proyecto que, luego de más de cincuenta años de espera y sobrecostos millonarios, producto de la politiquería y las disputas legales, ha perdido utilidad y vigencia como herramienta de mercadeo de las falsas promesas de los gobernantes, al igual que tantos otros «tours» populistas en el territorio nacional.
Solo recomiendo a los ciudadanos tener presente la célebre frase que hace varios siglos nos legó el escritor y político español Francisco de Quevedo (1580-1645): «Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir». Una sentencia escrita hace siglos, pero que pareciera describir con exactitud la relación entre la clase política costarricense y un ciudadano que ha perdido el sentido crítico.