¡Solo en Costa Rica!

¡Solo en Costa Rica!

Jacques Sagot, Revista Visión CR.

 

Costa Rica atravesaba el más dramático momento de las elecciones presidenciales de 1974: faltaban apenas un par de semanas para los comicios.

Llega al país una tropa argentina de peleadores de lucha libre, que tenía un programa televisivo transmitido en Costa Rica los sábados a las 5:00 la tarde, y que llevaba por nombre “Titanes en el ring”.  Eran en esencia un grupo de inofensivos saltimbanquis que usaban vestidos distintivos y encarnaban personalidades estereotipadas de héroes y villanos (de “técnicos” y “rudos”).

Eran simpáticos, entraban al ring acompañados por su musiquita pegajosa y singularizadora, una especie de himno asociado a cada uno de ellos.  El espacio se hizo popularísimo.  Sí, eran muy simpáticos; ¡y ello pese a ser argentinos!  ¿Se trataría de alguna insólita aberración genética, de una pasajera condición viral?  Nunca lo sabremos.

Titanes en el ring de la vida: 30 años sin Martín Karadagián

En enero de 1974, en el curso de una gira latinoamericana, pasan por Costa Rica y ofrecen una presentación en vivo en el redondel de la Plaza de Toros de Zapote.  Toda la troupe se hizo presente, y el coliseo de latas de zinc se llenó de gente –especialmente niños con sus padres– ansiosa y expectante.  La compañía era tan exitosa que sacaron al mercado un álbum de postalitas, discos con la música de los titanes, afiches que los representaban en sus ora imponentes ora sonrientes poses.  Desde mis once años de edad viví con intensidad la locura de los “Titanes en el ring!: tenía mis luchadores favoritos, mis gladiadores execrados, coleccioné las postalitas, armé los afiches, y tocaba al piano la música que los identificaba a todos ellos.

El “campeón del mundo” era el armenio Martín Kadaragián, peleador recio y carismático quien en su juventud había sido, efectivamente, campeón de lucha grecorromana.  Cuando vino a nuestro país era ya un hombre de cincuenta y un años de edad.  Durante varios meses la imponente, mayestática imagen de Martín Kadaragián montó guardia, con los brazos cruzados sobre el pecho, enfundado en una opulenta bata roja, su luenga melena blanca cayendo sobre sus hombros, en la más expuesta pared del dormitorio que compartía con mi hermano.

La identidad de La Momia Blanca, el héroe escondido en La Momia Negra y otras historias inéditas de "Titanes en el Ring" - Infobae

Pero había muchos otros personajes memorables, en esta troupe de magníficos entertainers –que no otra cosa eran–.  Teníamos a Pepino el payaso, Yolanka el astronauta, el armenio Ararat, el coreano Sun, el mercenario Joe, Ulises el griego, Don Quijote y Sancho Panza, el Caballero Rojo, el Cavernario.  Benito Durante, “El ancho” Ruben Peucelle, El Hippie Jimmy y el Hippie Joe, La Momia blanca y la Momia negra (némesis de Kadaragián)… y otros cuyo nombre en este momento no comparecen al llamado de mi memoria.

Todos eran pintorescos, coloridos, con personalidades muy bien acusadas, netamente individualizados, y algunos poseían extraordinarias condiciones atléticas (aun cuando, por supuesto, las palizas que se infligían eran meras coreografías, puro simulacro).   Siempre peleaban en el Luna Park, y el árbitro sempiterno era un gordito llamado William Boo (llevaba el abucheo inserto en su nombre).  ¡Para un chiquillo de mi edad toda aquella panoplia de espantajos y figuras de historieta ilustrada constituía un estupendo espectáculo, y para mi hermano, dos años menor, lo era aún más!

LA LUCHA DEL AÑO ## El gran G.W. Villalobos vs Martin Karadagian 📷 **A** finales del año 73 La trupé de Titanes en el Ring vino a Costa Rica con Martin Karadagian

Pues resulta, amigos, que para estupor del país entero, se apersonó al espectáculo uno de los candidatos a la presidencia.  Se llamaba G. W. Villalobos, y se le conocía popularmente como “Gedobleú”.  ¿Se lema?  “G. W. no tiene plata, pero está con toda la pata”.  Llegó a lomos de su épica yegua “Gitana”.  Subió al cuadrilátero, y desafió al “campeón del mundo”.  De inmediato se pactó la pelea.  El público exultaba.

Comienza el combate.  Previsiblemente, el candidato a la presidencia comienza recibiendo tremendo varapalo por parte del “campeón”, pero en un segundo aire, se recupera heroicamente y doblega a Kadaragián.

Cuando le iban a entregar el cinturón que lo certificaba como nuevo “campeón”, el candidato declinó la presea, y prefirió hacer ondear sobre el ring una enorme bandera de Costa Rica.

El público deliraba.  Por supuesto, el coup de théâtre de la súbita aparición del candidato y el combate contra Kadaragián había sido una estudiada mise-en-scène.  El resultado de este sainete fue que el candidato, universalmente ovacionado, obtuvo más votos que todos los tres partidos de izquierda juntos, aunque quedó lejos del ganador, Daniel Oduber, político social demócrata de vasta experiencia en lides electorales.

Fotos Antiguas de Costa Rica | Gerardo Wenceslao Villalobos (c.c. G.W.) Un candidato a la presidencia fuera de serie... Oriundo del cantón de La Unión, es uno de los... | Instagram

Para la historia nos resta la anécdota: en Costa Rica, un candidato a la presidencia de la república (no creo que ni él mismo supiera cuál era su ideología política –si es que cabía hablar de tal cosa–) se sube a un ring y protagoniza sangrienta y epopéyica pelea contra el “campeón del mundo” de lucha libre.

Ahí ganó, además de la contienda, varios miles de votos.  Utilizó los diez mil colones que le fueron entregados por concepto de su victoria para reconstruir el salón de actos de la escuela de Tres Ríos (de donde era oriundo).

Sí, esas cosas se ven en Costa Rica.  Es bueno que el mundo lo sepa, y que los costarricenses de las nuevas generaciones se enteren, de la voz de un testigo presencial –estuve en la pelea, como todos los chicos de mi edad–, que no solo en Macondo Comala o Luvina acontecen cosas propias del surrealismo de Breton, del realismo mágico de García Márquez, o del realismo fantástico o maravilloso de Carpentier.  ¿Puede algún otro país del mundo jactarse de una efeméride de este jaez?  Habrá quienes digan que la historieta es más bien simpática y folclórica.  Quizás tengan razón.

Martín Kadaragián siguió en los cuadriláteros hasta que la diabetes le arrancó una pierna, luego la otra, y por fin su alma, en agosto de 1991.  Poco antes de su muerte subió por vez postrera al ring, con una pierna protésica y una muleta, para despedirse definitivamente de su público.  “Se me había olvidado la felicidad que se siente al estar en el cuadrilátero” –declaró conmovido–.  La vasta mayoría de la troupe murió después de él (aunque aún queda uno que otro sobreviviente).

Fotos Antiguas de Costa Rica | Gerardo Wenceslao Villalobos (c.c. G.W.) Un candidato a la presidencia fuera de serie... Oriundo del cantón de La Unión, es uno de los... | Instagram

Por lo que a G. W. Villalobos atañe, este personaje de guiñol se despidió del mundo en julio de 1994, víctima de un inopinado derrame cerebral, cuando solo tenía cincuenta y un años de edad.  Todos hemos muerto un poco –o un mucho– desde entonces.

Daniel Oduber fue segado por la señora de la guadaña en octubre de 1991, y al día de hoy no vive tampoco ninguno de los candidatos que le disputaron la presidencia.  La tempestad ha azotado inclemente el barco de nuestra generación, destruyendo o dispersando mástiles, velas, ancla, gobernalles, buques salvavidas…   Ya pertenecemos a “los siete mil años del ayer” (Omar Jayam).

Costa Rica es otro país.  Otro país, sí, y a mí decididamente no me gusta.  Atisbo el futuro con mirada extenuada, y me  limito a exclamar, como Richards Llewellyn, “¡Cuán verde era mi valle!”

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