Jordi Pérez González, National Geographic.

El consumo de drogas estaba generalizado entre los antiguos griegos y romanos, plebeyos pero también emperadores, como Tiberio del que se decía consumía el excelente opio de Capri.
Durante toda la Antigüedad, y en particular bajo el dominio romano, circularon libremente por todo el Mediterráneo numerosos tipos de droga. Su consumo nunca estuvo perseguido, salvo en el caso de que se utilizaran como veneno, para dañar o matar a alguien.

Autores como Plinio el Viejo y Dioscórides catalogaron cerca de un millar de drogas distintas, entre ellas la mandrágora, el beleño negro, la belladona, el estramonio, la cicuta, el acónito, las setas venenosas, el vino, el cánnabis y el opio. Describieron su apariencia, su procedencia y la forma de consumirlos: la infusión de las hierbas, su maceración, su uso como cataplasma o emplasto, su ingesta en forma de polvo, la aplicación de aceites o baños terapéuticos o mediante la inhalación.
A la mandrágora, por ejemplo, se le dieron diversos usos terapéuticos. De ella se consumían las hojas y las raíces, a las que se atribuían propiedades anestésicas por su capacidad de adormecer a quien las tomaba. El estramonio, originario de los territorios bañados por el mar Caspio, destacó como un potente veneno narcótico que producía delirios muy singulares, aunque resultaba de gran ayuda para combatir dificultades respiratorias como el asma mediante la inhalación de sus hojas. La belladona se usó comúnmente en la medicina casera, por ejemplo para inducir el sueño o calmar el dolor de muelas, pero se sabe también que el jugo de sus frutos se aplicaba a las pupilas como diversión.

La relativa rareza del cánnabis en los mercados mediterráneos hizo que fuese considerado como un producto de lujo más. Gracias al médico Galeno sabemos que llegó a ser un regalo común entre las élites romanas, que habían tomado de los atenienses la práctica de regalarse cánnabis en las reuniones sociales. En los banquetes, el cánnabis era muy apreciado por sus efectos alucinógenos.
Por su parte, el naturalista romano Plinio el Viejo enumera las propiedades terapéuticas del cánnabis: servía para relajar las articulaciones en caso de contracturas, aliviaba los dolores derivados de la gota y en caso de quemaduras se recomendaba aplicar la planta en crudo sobre la piel. También se aconsejaba como remedio para la impotencia sexual.
EL PREDOMINIO DEL OPIO
Fueron los griegos quienes dieron el nombre de opio al látex que se extraía de la adormidera o Papaver somniferum. El opio tuvo también una presencia significativa en las sociedades de la Antigüedad. Se decía que fue el dios griego de la medicina, Asclepio, quien reveló a los mortales los secretos de la adormidera, que hasta entonces sólo era consumida por los dioses. Otros, en cambio, atribuían su descubrimiento a Hermes, dios de los viajes e intercambios. Se aseguraba asimismo que el primero en introducir el consumo de esta droga en el Mediterráneo fue Alejandro Magno, quien la habría conocido en sus conquistas por Asia.

Aunque las variedades orientales de estas drogas siempre fueron las más demandadas, griegos y romanos las aclimataron en sus tierras. Se dice que Tiberio se trasladó a Capri para poder consumir el excelente opio producido en la isla, plantado muchos siglos atrás por los primeros colonizadores griegos. Por otra parte, a fin de evitar falsificaciones de las mejores drogas orientales, autores como Dioscórides o Plinio describieron cómo debía ser el producto óptimo para consumirlo. Destacaban su maleabilidad, la potencia y aroma del jugo extraído, y consideraban que el mejor opio era el que se disolvía fácilmente en agua o se derretía ante los primeros rayos del sol.
Plinio aseguraba que el opio «siempre gozó de favor entre los romanos», y así lo demuestran los emperadores de los siglos I y II. Los médicos de la corte elaboraron diversos compuestos a base de opio para los soberanos. Se dice que Filonio, médico de Augusto, inventó un fármaco o tríaca que llevó su nombre, compuesto de pimienta blanca, miel, espinacardo y opio. El médico de Nerón, Andrómaco de Creta, creó el antidotus tranquillans, elaborado con un treinta por ciento de opio. Medicamentos todos ellos de los que se ha sugerido que generaron reales adicciones.