Daniel Pellicer, biotecnólogo, National Geographic.

Esta forma de administración podría disminuir la presencia de bacterias y virus relacionados con la aparición de carcinoma de células escamosas en boca y garganta.

Recientemente, también se ha descubierto otra relación muy interesante. Dos poblaciones de bacterias, llamadas Porphyromonas gingivalis y Fusobacteriumnucleatum, se descontrolan en pacientes que padecen este cáncer. Según estudios previos, la concentración de P. gingivalis y F. nucleatum llega a ser hasta 1000 veces mayor en los pacientes de carcinoma de células escamosas que en la población sana.
Además, cuanta mayor es su presencia, peor suele ser la progresión del cáncer y menor la oportunidad de supervivencia.
Un problema con el que se encuentran los investigadores para eliminar un microorganismo es que nuestra boca está llena de bacterias que son beneficiosas. Así que aplicar antibióticos a diestro y siniestro no es una opción.
La clave está en emplear medicamentos que acaben específicamente con esas bacterias y que logren quedarse en la boca durante el suficiente tiempo como para penetrar las defensas de las dos bacterias en cuestión.
Por ello, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles y de la Universidad de Pensilvania se las han ingeniado para crear un tipo de chicle bioactivo que promete salvar ambos problemas.

Pero además de las bacterias, la gran sorpresa fue que también observaron que hasta el 80 % de los virus del papiloma humano presentes en la saliva también se quedaban pegados, lo que disminuye la carga viral y, por tanto, el riesgo de que el virus se extienda. Al tirar el chicle, todos estos patógenos acababan en el exterior.

Sin embargo, tanto las bacterias como los virus tienen una peculiaridad, y es que se multiplican a gran velocidad. Por ello, los pocos patógenos que quedan vuelven a crecer rápidamente y ocupan el espacio que dejan sus compañeras.
Así que los investigadores decidieron emplear otra vía para asegurarse que minimizaban el riesgo de una recolonización.
Aprendiendo las defensas de los cerdos
Los investigadores añadieron un segundo ingrediente al chicle llamado protegrina-1, un péptido antimicrobiano que se encuentra en las células del sistema inmunitario de los cerdos. Este péptido actúa como un taladro: atraviesa la membrana bacteriana creando agujeros que impiden que el microorganismo siga cumpliendo sus funciones vitales.
De este modo, la combinación de ambos compuestos lograba acabar con el 99,97 % de ambas bacterias patógenas sin acabar con otras especies que habitan nuestra boca, como los estreptococos. Ahora bien, es muy importante destacar que se trata de estudios realizados en laboratorio, no en pacientes reales. Todos los ensayos se han realizado en situaciones controladas y que imitan las condiciones bucales, pero no al 100 %.

En la actualidad están buscando financiación para comenzar con los ensayos clínicos y comprobar cómo este tratamiento puede ayudar tanto en el tratamiento como en la profilaxis de este tipo de cáncer. Y, por supuesto, ver si masticar este tipo de chicles podría modificar a largo plazo la microbiota oral.
En resumen, se trata de una tecnología muy prometedora que, en palabras del propio autor, Henry Daniell, de la escuela de medicina dental de la Universidad de Pensilvania “podría usarse como tratamiento complementario a los actuales o como profilaxis para prevenir la infección y la transmisión”.