Judith Vives, National Geographic.

Pero fue el arqueólogo alemán August Mau el primero en definir, en el año 1882, los cuatro estilos principales de las pinturas halladas en Pompeya. Mau se basó en los hallazgos arqueológicos y en las notas de Vitrubio para estipular la existencia de lo que hoy conocemos como los cuatro estilos pompeyanos.
Y cada unotiene un significado propio que va más allá de decorar las paredes.
La apariencia de prestigio
Gracias a las investigaciones arqueológicas podemos saber que las pinturas que decoraban las domus o villas romanas enviaban un mensaje claro al visitante. Los frescos pintados en sus muros nos hablan del estatus de sus propietarios, y también de sus aspiraciones y relaciones sociales.

El arqueólogo alemán August Mau definió en 1882 los diferentes significados que tenían los frescos que decoraban los hogares romanos, y que podemos conocer gracias a la conservación de Pompeya.
Lo vemos por ejemplo en el llamado Primer Estilo, propio de la época republicana (siglos II-I a.C.), cuando las clases altas romanas trataban de emular el estilo de vida ostentoso de las cortes helenísticas. En sus hogares, los revestimientos de mármol organizados en franjas horizontales buscaban dar la imagen de lujo y prestancia. Este estilo, que se conoce también como “de incrustación”, es el típico de la Casa de Livia en Roma, y lo encontramos en la Casa de Salustio en Pompeya.
El gusto por lo teatral
La decoración de interiores romana muestra un cambio de tendencia a partir del año 80 a.C., cuando se abandona la sobriedad aristocrática para entrar en una época mucho más vistosa y teatral. Es en ese momento cuando surge el llamado Segundo Estilo, o estilo arquitectónico, en el que surge un intento de recrear perspectivas.

En las casas decoradas en ese momento pueden verse, pintados en los muros, arquitecturas complejas con columnas, pórticos y escalinatas, creando auténticos efectos de profundidad y perspectiva. Estas fachadas se decoraban, asimismo, con paisajes fantásticos y escenas de temas mitológicos, heroicos o religiosos. El paradigma del Segundo Estilo es el famoso ciclo dionisíaco de la Villa de los Misterios de Pompeya. Se impone la elegancia y el refinamiento
A mediados del siglo I d.C., coincidiendo con la Pax Romana, los gustos vuelven a transformarse y las élites abandonan el barroquismo y los excesos anteriores para entrar en una etapa minimalista y refinada que conocemos como el Tercer Estilo, también llamado estilo ornamental.

Las paredes de las villas durante esta etapa abandonan las arquitecturas y se transforman en muros monocromos pintados en colores intensos como el negro, el amarillo, el verde marino o el característico rojo pompeyano. Sobre estas bases se pintan pequeñas guirnaldas, motivos vegetales y otros motivos decorativos sutiles y discretos. Las figuras y paisajes pierden su protagonismo y se limitan a pequeñas miniaturas mucho más discretas.
Este estilo es el que puede observarse en la Casa de Marcus Lucretius Fronto o la Casa de los Vettii, que transmiten el refinamiento y la sofisticación del momento en que fueron decoradas.
Ostentación y exhuberancia
El último estil decorativo que se impuso en la pintura pompeyana antes de la desaparición de la ciudad recupera un poco el carácter exagerado del segundo estilo, pero esta vez pasado por el filtro de los nuevos ricos surgidos de la emergente clase de comerciantes. Este Cuarto Estilo, o estilo ilusionista, surge a partir del año 62 d.C. y nos da cuenta de como eran las casas más modernas en el momento en que el Vesubio entró en erupción.

Dominio público
Este estilo está en gran parte inspirado por la majestuosidad de la Domus Aurea, el palacio que el emperador Nerón mandó construir en Roma tras el gran incendio del 64 d.C. Siguiendo esta inspiración, las paredes de las casas pompeyanas se convierten en el marco para perspectivas imposibles, arquitecturas fantasiosas, decoraciones con bajorrelieves y escenas en las que conviven historias mitológicas con temas cotidianos. De esta época data el fresco del anfiteatro que muestra una multitudinaria pelea entre pompeyanos y nocerinos.
Pasear por las calles de Pompeya y observar los restos de estos estilos pictóricos que han llegado hasta nuestros días es una forma diferente de conocer las inquietudes y gustos de sus habitantes, y de reseguir la vida y evolución de una ciudad cuya historia quedó trágicamente truncada.
