De «ninguneado» a corresponsal de lujo

De «ninguneado» a corresponsal de lujo

Ana Madrigal, periodista.

 

De «ninguneado» a corresponsal de lujo: La lección de periodismo que le borró la sonrisa al poder: a Laura y a Rodrigo

¿Se acuerdan de este bochornoso episodio?

Corría septiembre de 2024. Casa Presidencial en su ambiente habitual de los miércoles: el entonces presidente Rodrigo Chaves (hoy flamante súper ministro) molesto ante las preguntas incisivas de la prensa profesional.

Aquella vez, el periodista David Bolaños, del medio de verificación Doble Check (UCR), cuestionó sobre las jornadas 4-3. ¿La respuesta del Ejecutivo? Le apagaron el micrófono, lo censuraron y, para rematar, lo hicieron rodear por guardaespaldas de la Unidad de Protección Presidencial.

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David Chavarría (izquierda) y David Bolaños (derecha), durante la conferencia de prensa de setiembre del 2024.

El matonismo fue tan descarado que la Sala Constitucional terminó condenando por unanimidad al Estado en 2025 por violar la libertad de prensa y burlarse del ejercicio periodístico. La Corte obligó al Estado a pagar las costas, daños y perjuicios.

Pero el destino tiene un sentido del humor exquisito.

Hoy, en la inauguración del CACCO, a la prensa le tocó preguntar. ¿Y a quién le correspondió el primer turno? Al mismísimo David Bolaños. Solo que esta vez no venía con el carné universitario que tanto ninguneaban: venía como corresponsal nada menos que del New York Times.

¡Milagro! La prepotencia habitual se evaporó en el tándem de poderosos. Tanto la presidenta de la continuidad, Laura Fernández, como el súper ministro Chaves anduvieron modositos, educaditos y con un cuidado quirúrgico.

David Bolaños Acuña
David Bolaños Acuña, esta vez como corresponsal del New York Times.

El matonismo contra la UCR se engavetó rápido al tener al frente al New York Times… No se trataba de uno de esos influencers que reciben jugosas pautas para ir a aplaudir y felicitar a la presidenta todos los miércoles, sino de un periodista con el gafete de uno de los periódicos más prestigiosos del mundo.

Para coronar el momento, Bolaños lanzó un dardo perfecto: le cuestionó a Fernández sobre el viraje de Nayib Bukele, quien anunció justo ayer querer liberar a la mitad de los presos del CECOT tras admitir detenciones arbitrarias sin debido proceso, como se lo han venido señalando todos los organismos de Derechos Humanos (noticia que, por cierto, di como primicia esta mañana en esta misma plataforma).

La presidenta, agarrada fuera de base —sea por desinformación de su equipo de prensa o por simple estrategia de «fingir demencia»—, solo atinó a balbucear que ella no opina sobre políticas de otros países.

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Fernández solo balbuceó que no opinaba sobre política extranjera.

¿Qué podía responder cuando se inaugura un modelo copiado que el propio autor acaba de reconocer como fallido, justo en la víspera de la inauguración del CACCO?

Hoy les pegó de lleno el bumerán de su propia arrogancia. Porque la prensa libre no se destruye apagando micrófonos: tarde o temprano vuelve, y esta vez, con alcance global.

Hoy fue el día en el que el bumerán volvió y despeinó al poder: cuando el «periodista chiquito» regresó con la firma del New York Times.

Como diría Rubén Blades: La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

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