Estiércol de vaca y plásticos  (2ª Parte)

Estiércol de vaca y plásticos  (2ª Parte)

Federico Paredes, analista agroambiental.

 

La investigación hecha por los científicos chinos en el maíz, tema del que que hablamos en la primera entrega sobre el tema «Estiércol de vaca y plásticos», revela lo importante que es buscar alternativas sostenibles para aprovechar un desecho como la boñiga o estiércol en un importante cultivo como el maíz.

Durante otras etapas del desarrollo de este ensayo en maíz, también se observaron diferencias en la disponibilidad de nitrógeno, fósforo y potasio, así como en el contenido de materia orgánica.Transforman estiércol de vaca en un acolchado agrícola biodegradable que permite cultivar maíz con 30% menos     

El fósforo es particularmente importante durante el desarrollo de los cultivos porque interviene en procesos relacionados con el metabolismo energético y la formación de estructuras celulares.

El estudio realizado en ese país asiático (RPC) encontró además una relación entre una mayor disponibilidad de fósforo y la acumulación de materia seca lo largo de determinadas etapas del desarrollo de esta gramínea. 

Durante una de las fases de crecimiento, las plantas tratadas con MSF y fertilización completa alcanzaron 32.4 gramos de materia seca radicular, frente a un promedio de 25.3 gramos en los tres tratamientos que utilizaron polietileno.

Hacia el final del cultivo, los tratamientos con MSF mantuvieron una masa radicular más estable incluso cuando se redujo la cantidad de fertilizante.

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Efectivamente, un sistema de raíces más desarrollado puede ampliar la capacidad de la planta para explorar el suelo y aprovechar el agua y diversos nutrientes. 

En este caso, los investigadores relacionaron el comportamiento observado con las modificaciones que el material produce en el microambiente del suelo.

Pero en general, la pregunta que asoma como prioritaria de responder es ¿Cuál es el problema que se busca resolver con esta investigación? El laminado plástico se utiliza ampliamente porque puede ayudar a conservar humedad, modificar la temperatura del suelo y controlar las malezas.

El problema aparece cuando las películas de polietileno se deterioran y quedan fragmentos en los terrenos agrícolas. La eliminación de esos residuos puede ser complicada y el material puede fragmentarse con el paso del tiempo contribuyendo a la formación de microplásticos, con los inconvenientes que eso implica.

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La propuesta del MSF parte de una lógica diferente: utilizar un residuo de estiércol bovino como materia prima, y desarrollar una cobertura que pueda degradarse en el suelo sin que produzca efectos secundarios.

Esto permitiría abordar simultáneamente tres problemas: a- el aprovechamiento del estiércol, b- la reducción del uso de fertilizantes químicos y c- la disminución de residuos derivados del laminado plástico.

Por supuesto, debemos tener claro que un material que sea biodegradable no significa necesariamente que tenga una menor huella ambiental. Y es ahí donde aparece una de las principales limitaciones del desarrollo.

Los investigadores realizaron un análisis de ciclo de vida para comparar el impacto ambiental del MSF con el del polietileno normal.

Desafortunadamente el resultado fue desfavorable para el nuevo material: el laminado de estiércol presentó un impacto ambiental mayor que el polietileno en todas las categorías evaluadas.

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Una de las razones de este inconveniente está en el proceso necesario para transformar el estiércol en la película plástica.

Su fabricación requiere energía y agua, al tiempo que el tratamiento de este estiércol también puede estar asociado con emisiones de gases como metano y el óxido nitroso que son GEI.

Lo interesante es que cuando el material libera nitrógeno y fósforo, ese aporte puede ser beneficioso si coincide con las necesidades del cultivo. Si los nutrientes se liberan en exceso, pueden contribuir a problemas ambientales como la eutrofización y la acidificación.

Así las cosas, sustituir el polietileno por lámina de estiércol no representa en sí mismo una solución ambiental definitiva. No todo lo que brilla es oro. Por lo tanto, el siguiente reto es reducir el impacto de su fabricación.

La investigación señala varias vías para mejorar el material antes de pensar en una aplicación a mayor escala. Una de ellas consiste en pretratar o fermentar el estiércol para modificar el proceso de fabricación.

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Los investigadores también plantean reducir el consumo energético de operaciones como la trituración y la extrusión (fase industrial).

Otro objetivo es mejorar la resistencia mecánica del material para poder utilizar menos cantidad de laminado por hectárea, sin perder su función durante el cultivo.

La fertilización también podría ajustarse o programarse de acuerdo con los nutrientes que aporta el propio material. En lugar de aplicar la misma cantidad de fertilizante utilizada con una cubierta de plástico inerte, el agricultor tendría que considerar cuánto nitrógeno, fósforo y potasio puede aportar esa cobertura biodegradable.

 

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