
¿Mencionan los Manuscritos del Mar Muerto a Jesús de Nazaret?
La respuesta a esta pregunta es clara: los Manuscritos del Mar Muerto no mencionan a Jesús; tampoco a Pedro, ni a Pablo, ni a Juan el Bautista…
La inmensa mayoría de los textos fueron escritos o copiados por una estricta secta judía, ampliamente identificada por los historiadores como los esenios, décadas (e incluso siglos) antes de que Jesús comenzara su ministerio en Galilea.
Sin embargo, son relevantes para el Nuevo Testamento. Tal y como señala el teólogo James C. VanderKam, aunque los pergaminos no nos hablan de la persona de Cristo, sí aportan datos suculentos acerca del mundo en el que vivió.

El cristianismo fue, en sus orígenes, una rama del judaísmo y los manuscritos aportan una radiografía en alta resolución de ese escenario cultural y teológico.
El mundo en el que nació el cristianismo
Antes de este hallazgo, el manuscrito hebreo más antiguo del Antiguo Testamento databa del siglo X d.C. (el Códice de Leningrado, escrito en pergamino y fechado en el año 1008). Los rollos de Qumrán retrocedieron el reloj mil años, demostrando que la transmisión del texto bíblico por parte de los escribas fue muy precisa.
Pero más allá de los textos bíblicos, los rollos sectarios (las reglas y creencias de la comunidad de Qumrán) evidencian un judaísmo bullente y apocalíptico. Los esenios practicaban lavatorios rituales que prefiguran el bautismo cristiano, celebraban comidas comunales sagradas y creían estar viviendo los «últimos días», esperando una inminente batalla cósmica entre los «Hijos de la Luz» y los «Hijos de las Tinieblas».
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El misterioso Documento de Melquisedec
Dentro de los manuscritos, el Documento de Melquisedec (11Q13) describe a una figura mesiánica celestial conectada con el misterioso rey-sacerdote Melquisedec, aplicando a este Mesías pasajes del Antiguo Testamento que originalmente hablaban de Yahvé (Dios), tratándolo como un ser divino que vendrá a expiar los pecados del pueblo. Esto demuestra que la idea de un Mesías divino y redentor ya existía en el pensamiento judío mucho antes de que Jesús naciera.

El silencio inicial y la lentitud a la hora de traducir los rollos alimentaron durante décadas las conspiraciones.
Sin ir más lejos, en 1979, el filólogo John M. Allegro publicó The Dead Sea Scrolls and the Christian Myth, argumentando que Jesús nunca existió y que el cristianismo era un mito calcado de la figura del «Maestro de Justicia» (el líder fundador de los esenios).
La comunidad científica y académica internacional, liderada por figuras como Joseph A. Fitzmyer, desmontó estas afirmaciones, tachándolas de sensacionalismo puro. Las diferencias entre ambos son abismales. Qumrán no inventó a Jesús; simplemente nos explica el lenguaje que sus contemporáneos usaban para entenderlo.
Además, ha demostrado que diferentes estilos de escritura (hasmoneo y herodiano) coexistieron, lo que sugiere que no todos los rollos fueron escritos en Qumrán, sino que muchos fueron traídos desde Jerusalén para ser escondidos de las legiones romanas.
