Sarah Romero, National Geographic.
Este líder gobernó Japón durante la Segunda Guerra Mundial y está considerado el equivalente asiático de Adolf Hitler por la propaganda de los aliados.
Nacido en Tokio el 30 de diciembre de 1884, Tojo provenía de una familia de clase samurai de bajo rango.
No era un genio, pero compensaba su falta de talento natural con una ética de trabajo casi obsesiva. En la Academia Militar Japonesa, aprendió que la devoción al emperador y al Estado estaban por encima de cualquier individualidad.
A medida que ascendía en el escalafón militar, Tojo se ganó el apodo de Kamisori («La Navaja») debido a su mente afilada, capaz de tomar decisiones rápidas y frías en momentos delicados. En la década de 1930, se convirtió en una figura muy importante de la Tōseiha (Facción de Control) del ejército y dirigió la temida Kempeitai (policía militar, algo así como la Gestapo nipona) en Manchuria, donde demostró nuevamente su eficacia.
En octubre de 1941, en medio de una crisis diplomática por los embargos petroleros estadounidenses, el emperador Hiroito decidió nombrarlo Primer Ministro. A diferencia de los dictadores europeos, Tojo nunca tuvo un poder absoluto e independiente; era un servidor del trono.

Sin embargo, acumuló un control sin precedentes, ocupando simultáneamente los ministerios de Guerra, Educación, Comercio y Asuntos Exteriores. Todo bajo su mandato. Este gran centro de poder posibilitó el adoctrinamiento en las escuelas y la promoción del código bushido (que exigía la muerte antes que la rendición), el camino del guerrero que seguían los samuráis durante la época de Japón feudal.
Cuando Estados Unidos emitió la Nota Hull en noviembre de 1941, exigiendo la retirada japonesa de China e Indochina, Tojo la interpretó como un ultimátum inaceptable. Con el consenso de la cúpula militar y la aprobación del emperador, se dio luz verde al ataque a Pearl Harbor.
Los primeros meses de la Guerra del Pacífico fueron una sucesión de victorias apoteósicas para Japón. Sin embargo, el espejismo de la conquista se desvaneció en junio de 1942 con la catastrófica derrota en la batalla de Midway entre la Armada de los Estados Unidos contra la Armada Imperial Japonesa. A partir de ahí, la maquinaria bélica japonesa comenzó a desmoronarse.

Bajo la administración de Tojo se cometieron atrocidades monumentales, como la Marcha de la Muerte de Bataan (que tuvo lugar en la isla filipina de Luzón en abril de 1942), la experimentación humana, la esclavitud sexual de las «mujeres de consuelo» (forzadas por los militares japoneses durante esta guerra) y el trato inhumano a los prisioneros de guerra (cuya tasa de mortalidad era siete veces mayor que en los campos alemanes).
La caída de la isla de Saipan en julio de 1944 puso a Japón al alcance de los bombarderos estadounidenses B-29.
La élite japonesa comprendió que la guerra estaba perdida. Sin el apoyo de Hirohito, Tojo fue obligado a dimitir.
En septiembre de 1945, tras la rendición incondicional de Japón, las tropas estadounidenses rodearon su casa para arrestarlo. Tojo intentó suicidarse disparándose en el pecho, pero erró el tiro.
Y, finalmente, el 23 de diciembre de 1948, Hideki Tojo fue ahorcado en la prisión de Sugamo y sus cenizas esparcidas en secreto en el océano Pacífico por el ejército estadounidense para evitar que su tumba se convirtiera en un santuario ultranacionalista.
