Erwin Wino Knohr*, Revista Visión CR.
Hace poco más de dos años Juan Pablo Vargas y Francisco Calvo tuvieron una dosis de creatividad cuando pidieron paciencia, porque la Selección Nacional estaba en renovación y construcción con jugadores jóvenes.
En hora buena pensé: hay que darles tiempo. Hoy surge la duda: ¿eran estos jugadores los ideales para iniciar la renovación y construcción?
Este proceso lo inició Luis Fernando Suárez, pasando dos veces por Claudio Vivas como entrenador interino, seguido por Gustavo Alfaro y ahora Miguel “Piojo” Herrera.
El 90% de los jugadores que iniciaron con Suárez son los mismos y solo fueron agregados un 10% que no estaban en la primera lista.
El significado de la palabra renovar es sencillo: “Hacer que algo adquiera un aspecto que haga parecerse nuevo”. O sea: hasta ahora nos están dando atolillo de maicena con el dedo.
El mensaje lanzado por Vargas y Calvo lucía como buscar oro en una mina. Pero el oro sigue sin aparecer, porque los jugadores escogidos no estaban preparados para asumir el soporte de la nueva Selección Nacional.

Una renovación no es llevar jugadores jóvenes con ganas de triunfar, que luchan, que están dispuestos a dejar el pellejo en la cancha, pero que no tienen la capacidad necesaria.
Cada entrenador: Suárez, Vivas, Alfaro y ahora Herrera, con los mismos jugadores, han presentado modelos de juego diferentes. Para entenderlo: son los mismos ingredientes, (los jugadores), pero usados con ideas diferentes por cada técnico.
En esta Copa de Oro la mejor versión que vimos del “Piojo” Herrera fue cuando a todo pulmón entonó el himno de México. ¿Cantó luego el de Costa Rica que es el país que lo contrató para representar a toda una nación?
Con este acto solemne quedó en evidencia la falta de inteligencia emocional del entrenador nacional, que bien pudo morderse los labios y quedarse callado.
El partido contra México fue lamentable. ¿O acaso se puede justificar que durante 98 minutos no se realizara un solo remate entre los tres tubos? Tuvimos cero por ciento en ofensiva. Como dirían los matemáticos: fuimos un conjunto vacío porque solo logramos reunir jugadores pares que son impares.
La Selección Nacional mostró jugadores rígidos, como en una mesa de futbolín, donde la pelota va de un lugar a otro sin mayor trascendencia. Todos se esmeran, porque así les ordenan, a cumplir un sistema de juego, pero no a desempeñarse con creatividad.
Algunos no se salen del carril, corren hacia adelante y atrás verticalmente sin movilidad. Varios no saben producir el espacio para recibir el balón o atraer la marca y que el compañero que ocupe ese espacio libre sea el receptor.
¿Acaso saben la diferencia entre posesión y posición? Ambas muy diferentes. Les cuesta tener la pelota, pero para tenerla es necesario moverse porque el rival está encima.
Alguien diría que se perdió la creatividad porque desapareció el juego en los potreros y las calles polvorientas. En las nuevas metodologías del futbol, ese juego de potrero, que ya no existe, debe compensarse con ejercicios en espacios reducidos que hagan pensar al jugador con intensidad y dinámica.

¿Construcción y renovación? Somos especialistas como constructores, pero nos cuesta terminar la obra.
Ojalá el “Piojo” para los juegos eliminatorios al menos cante el himno del país que le está dando de comer.
*El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.
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