Más allá del like: lo que el algoritmo no entiende de la amistad

Más allá del like: lo que el algoritmo no entiende de la amistad

César G. Fernández Rojas, educador jubilado.

«Un verdadero amigo conoce tus debilidades, pero te muestra tus fortalezas; siente tus miedos, pero fortifica tu fe; ve tus ansiedades, pero libera tu espíritu». William Arthur Ward.

¿De qué vale vivir la vida en sociedad si no se pueden compartir las experiencias adquiridas con las personas que se aprecian? Los amigos y nuestras familias son el remanso de tranquilidad ante las vicisitudes, los reveses y también ante los triunfos.

La amistad es la virtud que siempre busca el bienestar de otras personas, por bondad y estimación. Al amigo se le aprecia por ser como es, por el valor que posee en sí mismo. La amistad auténtica, aunque reside en las palabras, los gestos y la amabilidad, vibra y conmueve el alma, descubriendo en lo cotidiano la huella de lo eterno.

Son las amistades más importantes que la familia? – Tercera Vía

La amistad en familia embelesa nuestros sentidos; ese abrazo cariñoso de los hijos, el beso de la nieta menor, el ceñido candoroso de las hijas, el saludo afectuoso de quienes se apoyan mutuamente; por esas risas traviesas. La amistad enfamilia se teje en los gestos mínimos y mensajes: ¡Te fue bien en el examen! ¿Cómo estuvo tu día? ¡Te quiero! Se comparte un amor incondicional de bondad, ternura, lealtad, respeto, solidaridad, altruismo, responsabilidad, comunicación, prudencia, humildad, gratitud, perdón y celebración; son un mismo latido que habita en muchos corazones.

La familia frente al desconsuelo de la enfermedad descubre un paisaje interior de oración y de colaboración: florece la generosidad, se organiza el acompañamiento para ofrecer amor y consuelo; la atención del ser querido da lugar a una cocina familiar guiada por el cuidado y la nutrición; hay una ternura desbordada y en medio del desconcierto inicial se forja un manto invisible de empatía que arroba las almas y los espíritus por quien ve quebrantada su salud.

La amistad se da en las distintas etapas de la vida y en diferentes grados de importancia y trascendencia. La familia y los primeros amigos permiten en la niñez crear espacios lúdicos, compartir las primeras experiencias de los grupos homogéneos para construir, en conjunto, la identidad personal y social.

Superada la niñez comienza a gestarse la participación en la comunidad por medio del estudio, las actividades cívicas de la institución escolar y el trato social con sus iguales. Se dan los pasos iniciales en la comprensión del valor de la convivencia social en familia, el círculo de amigos, la iglesia, el barrio y el entorno educativo. Hay influencia del medio sobre la vida del individuo. El amor pasa por el tránsito de la heteronomía a la autonomía y la socialización.

Educar en Valores: La amistad

En la etapa adolescentelos cambios corporales y fisiológicos acompañan los grandes cambios conductuales, emocionales y psicológicos. Los grupos de amigos y la cultura son fuente de valores. Se plantean cuestionamientos existenciales y filosóficos, el pensamiento crítico se fortalece; se asume la personalidad definitiva e independencia emocional con respecto a su familia; se fortalece la autoestima y muestra rasgos de pertenencia a una colectividad para definir su “identidad” social; presenta una libido activa.

En la edad adulta se aprecia a los amigos y a la familia por la interdependencia consciente, la red de vínculos sociales, la conectividad emocional y racional que se da con los compromisos profesionales que se comparten, la fundación de nuevas familias y por el entramado del tejido social que conduce a responsabilidades compartidas, a fijar prioridades y metas comunes.

Se reafirma el compromiso con los principios, valores y virtudes, esencialmente por medio del trabajo y el esfuerzo familiar. Se fortalecen los lazos de la amistad por medio de la responsabilidad, la integridad y el deber que se complementancon el sentido de las oportunidades laborales, la creatividad, el deber de producción, el aprecio por la calidad de vida, la salud, la educación, la convivencia social, la justicia, las instituciones democráticas, la libertad y el deseo de ser útil a su comunidad.

El valor de la Amistad a medida que pasa el tiempo” l Por Mirian Blanchard – VIVIR PLENAMENTE

Cuando se arriba a la adultez plena se alcanza la cumbre del desarrollo humano. Es ahí donde la amistad se reagrupa alrededor del valor de la seguridad social. Las capacidades intelectuales alcanzan la plena madurez, mientras el cuerpo comienza a dar las primeras señales de deterioro. Los amigos se replantean su existencia, juzgan su recorrido vital, se fortalece la conciencia social, la defensa los derechos de los mayores, el aprecio por las instituciones del adulto mayor, la naturaleza y la paz.

El adulto mayor siempre tiene presente a su familia y a los amigos del otoño de su vida.  Con ellos se visualizan los tiempos de madurez y cosecha, que son fruto de las elecciones pasadas: los estudios realizados, labores desempeñadas y el legado personal. Y al igual que las hojas tornasoladas se adquiere la sabiduría práctica de comprender los ciclos de la vida y conservar semillas para las próximas experiencias, nuevas ideas y nuevos aprendizajes.

Llegará la época del invierno: el tiempo de la vejez y la reflexión, del descanso y el recogimiento. Cuerpo y la mente se retraen, encuentran calor en las memorias y los relatos compartidos al calor del hogar. Simientes almacenadas producto de la sabiduría de la espiritualidad; historias y afectos que esperan ser cultivadas por quienes habitan en su legado. Y silencio fecundo: bajo la aparente quietud, la vida se renueva en el suelo de las ideas y el amor que florece en las nuevas generaciones de su entorno familiar.

El amor y la amistad en el adulto mayor | Adulto Mayor Activo

Los amigos de esta fase de la vida también emprenden existencias más calmas, solicitan más atención de sus familiares; habrá quienes juegan roles de liderazgo o consejería, aunque las aspiraciones conducen a una convivencia de la memoria del alma humana: son caminantes lentos cuyas miradas aún cargan el fulgor de una existencia que no se apaga, sino que arde con dignidad. Dios como el amigo más íntimo.

Nuestro recuerdo a todos los amigos, a todos los familiares que hicieron fecunda nuestra vida, flores de un jardín colectivo que aún perfuman nuestras memorias con el aroma dulce de su amor, su intimidad y su entrega.

El Dr. Brian Simmons comenta que fue Cantar de los Cantares, también conocido como cántico de Salomón, su libro favorito de la Biblia. Es el Cántico más dulce de todos los tiempos, ese camino que tomará todo amante apasionado. Esta parábola divina que escribió Salomón describe también la jornada que toda persona que ama a Jesucristo identificará como propia. (TLP).

Brian Simmons – Audio Books, Best Sellers, Author Bio | Audible.com
Brian Simmons.

Simmons relata que el mensaje de Dios es atemporal, trascendente; la Palabra de Dios es inmutable, no cambia (…) Puedes estar seguro de que lo que Jesús dijo sobre aquellos que eligen seguirlo de verdad: “¡Si abrazas mi mensaje y creen en Aquel que me envió, nunca serán condenados, porque, en mí, ya han pasado del reino de la muerte al reino de la vida eterna!” (Juan 5:24). ¡Pero hay más! Dios no solo te declara “no culpable” por causa de Jesús, sino que también eres considerado su amigo más íntimo (Juan 15:15). (TLP). (Cfr. Dr. Brian Simmons, traductor. Traducción La Pasión (TLP). Cantar de los Cantares: El romance divino. Broad Street. 2021. Págs. 2, 48, 49).

La verdadera amistad dura para toda la vida y es eterna. La benevolencia cuando es recíproca, dice Aristóteles, debe considerarse amistad porque busca el bien del otro. Por medio de la amistad admiramos las cualidades de los amigos y fomentamos los propósitos que producen bienestar común: felicidad, satisfacción, realización y vida en comunidad.  Damos atención a lo más importante y estamos dispuestos a pagar un precio, a veces alto, para adquirirla o mantenerla. Es actuar acorde con lo que se piensa, se dice y se hace.

Es un don de los seres humanos conocerse a sí mismos y ser sensatos en la convivencia social. Los amigos tienen el deber y el compromiso ético de responder con integridad por sus acciones y de promover una cultura de dignidad. La amistad se fundamenta en la ética de la alteridad: no es por mí sino por nosotros.

6 formas en que la pandemia afectó las amistades

La amistad es el puente para arribar a la materia original, allí donde el recto pensar puede liberarse. Y, si se aprende a canalizar las energías, se revelará el mensaje de la serenidad iluminadora que todo ser humano lleva en su interior: La amistad es dar y recibir sin esperar nada a cambio.

¿Qué es lo que diferencia a una verdadera amistad de los lazos pasajeros? De acuerdo con el Dr. Robert Rowney, psiquiatra de la Clínica Cleveland, hay ciertos hábitos que distinguen a los verdaderos amigos, y que los hacen parecer un miembro de la familia.

 A continuación, se citan 11 cualidades que distinguen a una amistad de verdad, de otro tipo de relaciones en nuestra vida:

Nos motivan a aceptar más cosas de nosotros mismos.

Nos dicen cuando no estamos en lo correcto.

Puedes contar con ellos

Nos escuchan de verdad.

Dr. Robert Rowney, DO – Cleveland, OH | Psychiatry
Dr. Robert Rowney.

Nos acompañan en los momentos difíciles.

Nos mantienen tranquilos.

Nos ayudan a mantener los pies en la tierra.

Nos dan su aoyo, incluso en situaciones más complicadas.

Hacen de la amistad una prioridad.

Son capaces de perdonar.

Nos hacen ser hacen ser mejores personas.

(Cfr. Once signos de una amistad verdadera.www.upsocl.com/mujer/11-signos-de-una-amistad-verdadera.).

El algoritmo puede analizar miles de historias sobre la amistad, extraer patrones de comportamientos, pero todo eso sucede en el plano del vínculo electrónico no en la totalidad del ser.

La verdadera amistad no se reduce a datos ni a causas y efectos: es un intercambio de confianza, de aprecio, unapresencia que consuela sin hablar, un “te entiendo” que no necesita explicación.

Y ese milagro afectivo, esa racionalidad puesta a prueba, esa reacción espiritual interna que se cultiva en lo cotidiano, corresponde al milagro de la vida. Un algoritmo puede nombrar el milagro, pero no habitarlo.

El elefante y la tortuga: un cuento de humildad de Camerún

Mucho antes de que los caminos atravesaran en línea recta las mesetas de Camerún, cuando los senderos serpenteaban por densos bosques y aún resonaban con los llamados de los cálaos y el retumbar de cascadas lejanas, un orgulloso elefante dominaba un claro iluminado bajo un enorme baobab. Su piel gris brillaba en la hora dorada, y cada pisada resonaba como un trueno distante.

Aunque el bosque rebosaba de criaturas de todo tamaño—monos ágiles, pangolines sigilosos, antílopes gráciles—ninguna merecía su respeto, pues ninguna igualaba su fuerza y su talla. Sin embargo, cerca de la orilla del agua, una humilde tortuga observaba desde el refugio de helechos esmeralda, impasible ante las fanfarronadas del elefante. La tortuga había escuchado durante estaciones cómo el elefante proclamaba su dominio sobre cada hoja, cada piedra, cada arroyo que temblaba con la primera luz.

La historia del elefante y la tortuga, Reading on GatherTales

Pero bajo su sencillo caparazón, la tortuga albergaba una serena confianza—forjada a lo largo de años cruzando arroyos cristalinos y senderos esculpidos donde ningún gigante osaba pisar. Una tarde, cuando las cigarras entonaban su canción de despedida y las luciérnagas comenzaban su suave danza, la tortuga se levantó del suelo musgoso y llamó al elefante por su nombre.

Lo que empezó como un saludo inocente se convertiría en un desafío de ingenio y paciencia que ninguno de los dos había previsto. Al amanecer siguiente, ambos emergerían transformados, portando lecciones más profundas que cualquier cauce en el corazón salvaje de Camerún.

Susurros bajo el baobab. El claro bajo el baobab guardaba un silencio que solo se quebraba cuando la tortuga se aventuraba a salir. En las primeras palabras, suaves y mesuradas, elogió la fuerza del elefante y su imponente figura, reconociendo el respeto que inspiraba entre los habitantes del bosque. En lugar de encogerse con humildad, el elefante alzó la trompa en señal de satisfacción, desplegando sus orejas como quien ansía aplausos. Pero la tortuga hizo una pausa y añadió, con calma medida, que la verdadera grandeza requiere más que músculo: se basa en el corazón, la paciencia y en comprender nuestro lugar en el mundo.

Bajo el antiguo baobab, la tortuga invita al elefante a un desafío de inteligencia mientras las sombras se alargan. Al caer el crepúsculo, las luciérnagas parpadeaban entre los helechos junto a un arroyo serpenteante. Allí, la tortuga señaló un pez plateado que se deslizaba veloz bajo la corriente. Confiado, el elefante golpeó el suelo con su pata y aseguró que podría capturar criaturas más rápidas que una hoja movida por la brisa otoñal. Sin embargo, la tortuga advirtió que algunos seres—como susurros, como ideas—no pueden ser sujetados por la fuerza bruta.

La historia del elefante y la tortuga, Reading on GatherTales

La trompa del elefante se curvó en señal de desafío; sus ojos brillaron con impaciencia. Antes de que aparecieran las estrellas, acordaron un reto al amanecer: el elefante correría por el sendero del bosque y la tortuga lo seguiría a su manera. Si el elefante lograba atrapar una sola hoja caída en pleno avance, demostraría que su poder era indiscutible. Pero si fracasaba, tendría que inclinarse ante la sabiduría de quien había superado a un gigante.

Recordó los relatos de las tortugas ancianas: historias donde la astucia superaba a la fuerza, donde las criaturas pequeñas burlaban a los grandes. Cada recuerdo le recordaba que el valor no se mide solo por el poder. Mientras tanto, el elefante descansaba cerca del agua, con la mente agitada por el orgullo. Se imaginaba triunfante al amanecer, con su victoria demostrando la necedad de quien osara cuestionar su supremacía. Pero bajo esa confianza latía un atisbo de duda, un escalofrío ajeno a la luna creciente. Cuando un rayo de luna centelleó en el arroyo, la imagen del elefante en el agua le pareció extraña: desmedido y aislado, un monarca solitario sin súbditos dignos de corte. Sin embargo, en lo más profundo de su corazón, todavía no comprendía por completo la lección que la tortuga le revelaría con la primera luz.

El reto de la astucia. A la primera claridad, un silencio se apoderó del bosque: los pájaros interrumpieron sus cantos y el elefante y la tortuga tomaron posición al borde del claro. El sendero que tenían delante serpenteaba entre altos helechos, pasaba sobre piedras lisas cubiertas de rocío y se abría paso entre troncos gruesos donde la luz se filtraba en patrones moteados. El elefante estiró sus patas y su trompa, ansioso por comenzar, mientras la tortuga se inclinaba, observando cada curva y raíz con mirada concentrada. Un cálao se posó en una rama sobre ellos, marcando el inicio de la carrera, aunque aquel desafío exigía algo más que velocidad.

La historia del elefante y la tortuga, Reading on GatherTales

En el claro envuelto en niebla, el elefante lucha por atrapar una hoja mientras la tortuga espera pacientemente.

Con un trompetazo que resonó como trueno lejano, el elefante se lanzó hacia adelante. Cada paso hacía temblar el suelo y las aves alzaban el vuelo en un torbellino de aleteos. El rocío saltaba de las hojas mientras su imponente figura pasaba rauda. A mitad de camino, alzó la trompa hacia el sol, extasiado por su propio poder. Pero la tortuga avanzaba con calma deliberada, levantando cada pata con cuidado y posándola sobre las mismas rocas que recordaba de su infancia. Sorteaba cada raíz y hoyo por instinto, deslizándose por el silencio como si formara parte de la tierra misma. Aunque su paso era mucho más lento, cada movimiento resultaba preciso y consciente.

Convencido de la victoria fácil, el elefante se detuvo en el claro más ancho para atrapar una hoja que flotaba con la brisa. Se estiró, esforzándose por asirla con la trompa, pero la hoja danzó fuera de su alcance, como un espejismo. Golpeó el suelo con frustración y agitó sus orejas, como si quisiera ordenar al viento que le obedeciera. La tortuga, observando a distancia, alzó la mirada sin una pizca de júbilo. Luego, avanzó hasta el claro, se detuvo y esperó pacientemente a que la brisa dejara caer la siguiente hoja cerca de sus patas. Cuando la hoja aterrizó a su lado, la tortuga la recogió suavemente con dos garras y la depositó en la trompa del elefante cuando éste alcanzó el claro.

La historia del elefante y la tortuga, Reading on GatherTales

Por primera vez, la ira asomó en el rostro del elefante. “¿Cómo puedes permanecer inmóvil y aun así proclamar victoria?” tronó. A su alrededor, los monos chillaron y los antílopes ancianos alzaron la cabeza con curiosidad, atraídos por la tensión creciente. La tortuga no respondió con enojo sino con serena sabiduría. Habló de paciencia, de cómo incluso la mayor fuerza debe ir guiada por la atención, la observación y la humildad. Con cada palabra, la arrogancia del elefante se desinfló un poco, pues reconoció que su propia impaciencia lo había condenado. El bosque, lleno de testigos silenciosos, pareció asentir en aprobación.

Triunfo de la humildad. Quebrantado por la lección, el elefante bajó la cabeza y sintió el peso de su orgullo. El claro quedó en silencio como si el propio bosque contuviera el aliento. En ese instante, la tortuga avanzó y le ofreció la hoja de vuelta. En lugar de tomarla como un trofeo, el elefante inclinó la trompa hacia el suelo, humillado ante la sencillez de la prueba y la hondura de la enseñanza.

Al atardecer, bajo la sombra de árboles ancestrales, el elefante lleva a su nuevo amigo y reflexiona sobre la humildad.

Una suave brisa agitó el dosel, y los pájaros retomaron su canto mañanero, como celebrando una armonía recién hallada. La tortuga habló de equilibrio: de cómo la fuerza y la sabiduría han de ir de la mano, de cómo la arrogancia roba al corazón el verdadero respeto. El elefante escuchó con atención, y cada palabra resonó en los huecos de su ser. Se sintió diminuto, no en tamaño, sino en espíritu, y comprendió que la verdadera grandeza no necesita alardes.

Bosque en escena diurna con muchos animales salvajes diferentes. | Vector Premium

Desde aquel día, el elefante recorrió el bosque con un paso más sereno. Buscaba a la tortuga en la orilla del arroyo, haciéndole humildes preguntas sobre las ondas en el agua, el susurro de los insectos bajo las hojas y el delicado abrazo de la luna sobre las charcas quietas. La tortuga compartía historias legadas por generaciones, enseñándole al elefante la virtud de la lentitud, el arte de escuchar y el poder silencioso de la compasión. A su vez, el elefante ofrecía protección, amparando a las criaturas más pequeñas bajo sus patas cuando la tormenta azotaba y llevando a la tortuga sobre su lomo al cruzar corrientes crecidas.

La noticia de su amistad se propagó por el bosque y más allá: jirafas que pastaban en el dosel, cocodrilos que tomaban el sol en bancos de arena. Mercaderes ambulantes hablaban de aquella pareja insólita junto al fuego bajo cielos estrellados. Su historia se convirtió en un suave himno sobre cómo la humildad vence al orgullo y cómo aliados inesperados revelan verdades profundas en lo cotidiano. Y en cada narración, la tortuga y el elefante siguieron siendo ejemplos de cómo la sabiduría puede ablandar hasta el corazón más indómito, forjando lazos por encima de cualquier abismo.

Las hojas ya no temblaban al acercarse el elefante por temor, sino que murmuraban un saludo. Los arroyos dejaron de huir de sus pisadas y se ofrecieron como espejos de su espíritu renovado. Y bajo la sombra del baobab, mucho después de que aquel primer desafío se desvaneciera en el recuerdo, la tortuga y el elefante volvieron a compartir relatos al crepúsculo, recordándole a cada oyente que la lección más grande es andar con suavidad, ojos abiertos y un corazón humilde.

Visitado 99 veces, 1 visita(s) hoy

Un comentario en «Más allá del like: lo que el algoritmo no entiende de la amistad»

  1. Maravilloso artículo del señor César Fernández, recomiendo su lectura reposada, gracias por compartir tanta sabiduría acumulada en el texto.

Los comentarios están cerrados.