César G. Fernández Rojas, educador jubilado.
La educación es el arte de hacer visibles las cosas invisibles. Jean-François Lyotard.
La obsesión por simplemente vivir la vida puede ocultar el verdadero desafío: darle sentido. Lo que pasa en la vida está determinado, en mucho, por lo que fuimos, por lo que somos y el soporte interno de nuestras acciones.
Yo tuve que confiar en la educación que me dieron mis padres; primero por los valores que cultivaron en mi vida y por las expectativas que depositaron en mí al elegir la educación formal hasta completar la enseñanza media.

No tuve la oportunidad de elegir el modelo educativo que moldeó la visión cercana a mis propias experiencias, pero sé que ellos intentaron lo mejor con lo que podían dar; al fin, la educación es la vida en sí misma, dice John Dewey.
Al recibir esa sensible educación parental nos convertimos en eslabones de una cadena espiritual que unió abuelos con padres e hijos. Nos moldeó el alma, porque más allá del intelecto, esa educación formó nuestra conciencia, nuestra capacidad de amar, de servir, de elegir el bien.
Por aquellos días no existían las escuelas para padres, pero en el hogar se promovía la reflexión sobre la clarificación de valores: qué tipo de persona, qué principios y qué valores deseaban formar.
Porque la familia es el primer entorno de socialización, donde se moldean la autoestima, la personalidad y los valores de los hijos. La familia y los primeros amigos permiten en la niñez crear espacios lúdicos, compartir las primeras experiencias de los grupos homogéneos para construir, en conjunto, la identidad personal y social.

Cuando se realiza una crianza consciente y afectivase mejora la salud emocional de todos los miembros de la familia al mejorar la comunicación, establecer límites saludables y fomentar la autonomía infantil y del adolescente.
Además, en el cobijo de la familia se previene el maltrato, la negligencia y los conflictos futuros.La educación de nuestros padres fue su herencia de amor y convicción, y que, al admitirla, se convirtióen artífice del sentido que moldeó nuestro espíritu.
Confiar en ellos fue un acto de esperanza, fue creer en su intención detrás de la decisión educativa, por lo general, desde el amor, y por qué no, también desde sus anhelos y sus sueños: fue como poner luz en la conciencia de nuestro ser, porque nuestros padres respondieron a un conjunto de preguntas, que, a esas edades, aún no nos habíamos hecho.
El acto de esperanza es un gesto de apertura interior, una plegaria de que el futuro no está cerrado ni restringido, que hay luz más allá de las decisiones que se deben tomar. Es un acto de resistencia espiritual frente a la impasibilidad que deshumaniza, frente a la fragmentación de la coherencia heredada por la historia familiar.

Nuestros padres elevaron una plegaria hilada de paciencia con el paso de los años, hasta urdir un manto invisible que aún nos abriga, cuando lo necesitamos. Cada gesto, cada abrazo, cada felicitación, cada mirada de amor fueron hilos de fe entretejidos con la ternura que resistió el tiempo y la esperanza que no exigió recompensa.
La educación de los primeros años esla esencia de esa plegaria que nace en el susurro que lo antecede. Su origen viene de ese lugar sin tiempo donde el ser se reconoce, antes de ser raíz que lo sostiene todo, desde el instante donde el alma se volvió forma.
Y así, nos enseñaron que lo espiritual no siempre se pronuncia: se vive, como el manantial que fluye sin saber que da vida,como si el alma se arrodillara sin que el cuerpo lo notara, como el árbol que da sombra sin pedir nada a cambio, como el aire fresco del atardecer que ha venido transformando, con el paso del tiempo, el paisaje de nuestras vidas.
La educación de nuestros padres fueron alas que ellos quisieron que usáramos. Fue la intención amorosa detrás de cada enseñanza: aprendimos a leer y comportarnos, a comprender el mundo desde los valores como la dignidad, la empatía, el respeto, la prudencia, la responsabilidad, la integridad, la amabilidad y la conciencia ética de convivir en sociedad.

Fue una expresión de fecreer en lo que nos enseñaban sin que nosotros pudiésemos entenderlo del todo,como cuando nos decían “esto te servirá algún día”; es aceptar que hay sabiduría en lo que parecía rutina.
Ese aprendizaje fue la brújula ética inicial, y que posteriormente, bajo esa misma orientación, nosotros forjamos hacia las nuevas rutas de nuestro destino; aún confiamos en esa educación cuando ha sido necesario mirar hacia atrás; entonces, tomamos lo necesario y seguimos el trazado de los nuevos caminos con seguridad, libertad y dignidad.
Nuestra experiencia agregó nuevos senderos donde antes solo había bosque, cruzamos ríos donde ellos dibujaron fronteras. Pasamos de ser herederos a constructores.
Al forjar las nuevas rutas de nuestras vidas no siempre significó romper sus enseñanzas. A veces se amplió el camino, o bien, se pavimentó con entendimiento y sabiduría lo que antes fue un entramado de piedra.
Hoy somos artífices de ese plano que hemos reinventado en su diseño. El aprendizaje inicial dio medidas, proporciones, escalas… pero el pulso de la vida nos enseñó curvas, puentes y lugares donde la conciencia guió sin detenerse. Cada elección que hacemos —conservando, cuestionando, reconstruyendo— es una forma de dialogar con esa brújula ética, sin desecharla.

El entramado del espíritu es una arquitectura invisible, presente en nuestra memoria y nuestra conciencia.
No es simplemente el resultado de la actividad neuronal en el cerebro, sino que reside en el plano más profundo y fundamental de nuestro ser interior.
Es un tejido vivo que proporciona conocimientos y entendimiento a nuestra existencia; son las vivencias de nuestros actos de ayer y de hoy. En cada etapa de nuestras vidas permite saber: quién soy, qué pienso, qué siento, qué hago y en qué entorno me desenvuelvo.
Somos una red de vínculos íntimos donde cada hilo representa una conexión con lo amado, lo aprendido, lo valioso y lo correcto. Un sistema ético de resonancias internas, donde lo espiritual no se impone, sino que entrelaza lo humano con lo eterno.
Lo que la escultura es a un bloque de mármol, la educación es para el alma (Joseph Addison). Rememoro mis buenos tiempos de conversación con el eximio filósofo, ex Ministro de Educación, nuestro recordado, don Víctor Brenes Jiménez.

En nuestros diálogos de pasillo, en una universidad privada, don Víctor aducía que la educación temprana en el hogar y en la educación primaria son esenciales por la fuerza de interiorización que la formación conlleva.
Al enfocar la educación en valores de los primeros años, lo relacionábamos con el “peso específico”, esa medida del peso por unidad de volumen de una sustancia, en relación con el espacio que ocupa.
Por analogía, podíamos meditar sobre el impacto profundo y duradero de la educación de los primeros años. Ciertamente, los padres y los educadores cultivan y poseen la habilidad de dar densidad emocional, ética y cognitiva a los momentos cotidianos.
Ejemplo: en la institución educativa el valor de la empatía enseñado al compartir los materiales didácticos en clases, puede parecer pequeño, pero tiene un peso específico enorme en la construcción del carácter y de las relaciones sociales futuras.
En el hogar: un cuento, una historia relatada antes de dormir puede tener más peso específico que una lección formal, si está cargada de afecto, reflexión y sentido moral.

En la institución educativa y el hogar: compartir tiempo para estudiar con el compañero en su casa significa trasmitir aprecio, dar refugio a la amistad y a la gratitud de quien recibe la calidez del hogar ajeno, al que se llega a respetar como propio.
Se agradece el calor humano, la generosidad y el cultivo del entendimiento, porque esos espacios de luz habitan, por siempre, en el alma. Esa ofrenda de amabilidad, de humanidad y de bondad se respira en cada hora de estudio, en cada taza servida, en cada silla ofrecida, en cada silencio respetado.
Es un umbral donde el espíritu se reconoce acogido, y el saber se vuelve comunión. El estudio es la responsabilidad, pero la verdadera lección se encuentra en la hospitalidad. Es puerta abierta, mesa tendida, luz suave: señales de un hogar que enseña sin palabras que el conocimiento también se nutre de afecto.
Según UNESCO y otras fuentes, los primeros años son determinantes para el desarrollo moral. Algunas estrategias que aumentan el “peso específico” de los valores en esta etapa incluyen elmodelado constante: Los niños aprenden más por lo que conviven que por lo que se les dice.

Se describen algunas técnicas didácticas: Rutinas con sentido: Incorporar valores en actividades diarias como el juego, la comida o el saludo.
Lenguaje emocional: Nombrar y validar emociones para fomentar empatía y respeto.
Narrativas simbólicas: Cuentos, metáforas y personajes que encarnan valores.(UNESCO. (2014). Estrategia de educación de la UNESCO, 2014–2021. París: Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.Disponible en: unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000231288_spa).
La educación es el instrumento ideal para potenciar las capacidades cognitivas y afectivo emocionales de los hijos que todos, como padres, sin duda albergamos.
El periódico La Nación digital informó el martes 22 de julio que el periodista Yashin Quesada, director de Encuentro Deportivo, vivió uno de los momentos más felices de su vida; instante que lo hizo reír, disfrutar y hasta enjugarse las lágrimas.
“Uno se realiza más con los hijos que con uno mismo. Cuando uno ve a los hijos crecer, lograr objetivos y que se van realizando como profesionales es maravilloso. Que le dieran un premio nacional como la mejor producción, me hace muy feliz. Estoy realizado y orgulloso de ella”.

La alegría se la dio su hija Natalia Quesada Amador, quien a sus 27 años recibió el Premio Nacional de Artes Audiovisuales 2023, que entrega anualmente el Ministerio de Cultura y Juventud de Costa Rica.
De seguido, agrego un folleto digital de carácter informativo y promocional sobre una oferta escolar que auspicia, en esencia la educación formal primaria y la enseñanza media, con salida en el Bachillerato, y su contenido curricular pone el énfasis en la formación de los valores.
Valores escolares: ejemplos e importancia. Primaria, Bachillerato.
Lograr que los niños aprendan e interioricen los valores escolares básicos es una de las labores clave que todas las instituciones educativas deben buscar. Por supuesto, nos preocupamos mucho por cumplir con ello, siendo esta una de las bases de nuestro trabajo con los alumnos.
Qué son los valores escolares y por qué son tan importantes.
Entendemos por valores escolares el grupo de conductas por las que es conveniente que se orienten los niños a lo largo de su paso por la escuela. Son creencias que, además, permiten que los estudiantes se comporten de forma adecuada en cualquier tipo de ámbito social.
Gracias a estos valores, los pequeños, desde muy temprana edad, crecen, se desarrollan y se realizan como personas con un comportamiento adecuado aprendiendo a respetar, actuando con responsabilidad, etc.

Por eso son tan importantes. Los niños, desde su más tierna infancia, aprenden a desenvolverse de manera correcta en cualquier clase de eventos, adaptándose a situaciones, resolviendo problemas con resiliencia y creatividad, etc.
Con valores, los niños se desarrollan como adultos seguros, responsables, viviendo su presente con notable bienestar y mirando al futuro con esperanza.
¿Cómo son los valores que el niño aprende en la escuela?
Los valores escolares que aprenda cada niño en la escuela deberían cumplir con una serie de características únicas, que son:
- Universalidad: es decir, que sean transversales y útiles en cualquier cultura.
- Perdurables: trascenderán en el tiempo y permanecerán en su memoria por siempre.
- Individuales y colectivos: dependen tanto de uno mismo como del grupo.
- Históricos: se han formalizado a lo largo de los años.
- Identitarios: forjan la identidad del individuo y su visión de la realidad.(CfrValores escolares: ejemplos e importancia. logosinternationalschool.eshttps://logosinternationalschool.es › valores-escolares-eje…)
El niño y la luz: adaptación de un cuento popular de china
En un pequeño y lejano pueblo de China vivía un niño llamado Kang. Sus padres eran unos campesinos muy pobres así que los tres trataban de salir adelante como podían y sin poder permitirse ningún tipo de lujo. Tenían algo de comida y un techo bajo el que dormir, nada más.
El matrimonio soñaba con que algún día su hijo Kang pudiera estudiar. Ambos tenían muy claro que no querían para él la vida que ellos llevaban y aspiraban a que tuviera un futuro más prometedor en la ciudad.
Kang, consciente de esto, era un chico bueno, aplicado, inteligente y estudioso, pero cada día se encontraba con un problema que le ponía las cosas todavía más difíciles.
Durante el día ayudaba a sus padres en las labores del campo, y cuando quería ponerse a estudiar, ya era de noche. Esto resultaba un gran inconveniente para él porque en su cabaña de madera no había luz artificial. Estaba desesperado. ¡Quería estudiar y sin luz no podía leer! Deseaba aprobar los exámenes de la escuela y con los años poder ir a la universidad, pero mejorar su educación a oscuras era totalmente imposible.
Un año llegó el crudo invierno y una noche se asomó a la ventana para ver el fabuloso paisaje nevado. Estaba ensimismado cuando se dio cuenta de que la nieve emitía una luz blanca muy tenue, muy bella pero casi imperceptible.
Kang, que era un muchacho muy listo, decidió aprovechar esa pequeña oportunidad que le brindaba la naturaleza. Se puso un viejo abrigo, se calzó sus estropeadas botas de cuero, cogió el material del colegio, y salió de la habitación caminando muy despacito para no hacer ruido.

La capa de nieve era muy espesa, pero, a pesar de todo, se tumbó sobre ella. Abrió uno de sus libros y gracias a la luz blanquecina que reflejaba la nieve pudo leer y aprovechar para aprender. El frío era infernal y sus manos estaban tan congeladas que casi no podía pasar las páginas, mas no le importaba porque sentía que merecía la pena el esfuerzo. Permaneció allí toda la noche y como ésa, todas las noches del invierno.
El tiempo pasó rápidamente y un día los rayos de sol de la recién llegada primavera derritieron la nieve. El pobre Kang observó con lágrimas en los ojos cómo su única oportunidad de poder estudiar se disolvía ante sus ojos sin remedio.
Después de cenar se acostó, pero debido a la preocupación no pudo dormir. Harto de dar vueltas y más vueltas en la cama decidió salir a dar un paseo por el bosque en el que había pasado tantas horas en vela.
Kang, consciente de esto, era un chico bueno, aplicado, inteligente y estudioso, pero cada día se encontraba con un problema que le ponía las cosas todavía más difíciles.

¡La visión que tuvo fue increíble! Contempló emocionado cómo la primavera se había llevado la nieve, sí, pero a cambio había traído un montón de luciérnagas que iluminaban y embellecían las cálidas noches de marzo.
Se quedó un rato pasmado ante el hermoso espectáculo y de repente, tuvo una nueva gran idea. Entró corriendo a su cuarto, cogió los libros y regresó al bosque. Se sentó bajo un árbol de tronco enorme y dejó que las luciérnagas se acercasen a él.
¡Bravo! ¡Su luz era suficiente para poder leer! ¡Se sintió tan feliz! …
Una noche tras otra repitió la misma operación y estudió bajo la brillante luz de los amigables bichitos.
Gracias a eso pudo aumentar sus conocimientos y avanzar muchísimo en sus estudios. El chico era pobre y no tenía recursos, pero gracias a su sacrificio, esfuerzo y voluntad, consiguió superar una barrera que parecía insalvable.

Durante años estudió sobre la nieve en invierno y con ayuda de las luciérnagas en los meses de primavera y verano. El resultado fue que consiguió superar todas las pruebas y exámenes de la escuela con calificaciones brillantes.
Al llegar a la mayoría de edad entró en la universidad y llegó a convertirse en un hombre sabio que logró sacar a su familia de la pobreza. La vida le recompensó.
Esta preciosa historia nos enseña que nunca hay que venirse abajo ante las dificultades. Con ilusión y esfuerzo casi todo se puede lograr. Vence los obstáculos y lucha por tus sueños. La vida te recompensará igual que al bueno de Kang.(Cfr Seis cuentos con valores para contar a tus hijos esta noche.Oxfam Intermón. https://blog.oxfamintermon.org › 6-cuentos-con-valore.)