Olvidar…para no padecer

Olvidar…para no padecer

 *Con voluntad y dominio propio, todos podemos encontrar la técnica más efectiva y convincente para dejar atrás los recuerdos ingratos y continuar viviendo más ligeros de equipaje

Adriana Núñez, periodista Visión CR

Aunque numerosos especialistas, psicólogos, consejeros de vida e incluso amigos y familiares, nos instan a “olvidar”, para no sentir dolor, ansiedad, nostalgia o tristeza, lo cierto es que mientras algunas personas logran deshacerse fácilmente de las memorias “ingratas” para muchos otros resulta difícil desprenderse de personajes, situaciones y etapas de la vida -tanto buenas como malas- cuyos recuerdos han quedado grabados profundamente en la “psique”, esa enorme gaveta invisible donde se conjugan innumerables procesos mentales y emocionales que conforman la mente de cada individuo.

Lo que pasa es que con el regreso de ciertas memorias, vuelven también las intensas emociones que las rodearon. Y quizás riamos al recordar, y eso será gratificante, pero también es posible que -en el caso contrario- volvamos a experimentar el vacío de una pérdida, el dolor de una separación o la frustración que provocan las injusticias. Por ello, es recomendable discernir entre lo que nos refuerza el ánimo y lo que no.

Con la finalidad de explicar las rutas del olvido, en la actualidad existen variadas teorías, encaminadas a clarificar las razones que impulsan a millones de seres humanos, a realizar conscientemente, ingentes esfuerzos -a veces sin éxito- para dejar atrás imágenes, nombres, sucesos y sensaciones que han impactado sus vidas a lo largo de los años. Sobre todo, aquello que les ha afectado de forma nefasta. Algunos lo logran pero muchos no consiguen desprenderse fácilmente de ellos. No obstante, sí es posible hacerlo.

Olvido, sin estar enfermo

Una de las teorías que explica por qué -sin que por ello padezcan alguna enfermedad neurodegenerativa- algunos olvidan, es la del decaimiento. Según explican los expertos, cada vez que se aprende algo “se crea un nuevo trazo mnésico (de memoria) que, si no es recreado durante mucho tiempo, decae, se debilita y puede llegar a desaparecer, con la consecuente pérdida de datos”.

En el mejor de los casos, espaciar y finalmente suspender el ejercicio de algún mal hábito, puede ser beneficioso. En el peor, cuando se trata de datos valiosos -como por ejemplo el aprendizaje de un nuevo idioma- si no los practicamos, podrían desaparecer.

Independientemente de lo anterior, otros lapsos de memoria pueden surgir espontáneamente cuando a la hora de evocar determinada información, la persona se ve afectada por los nervios, el estrés o las preocupaciones, de tal manera que el acceso a los datos almacenados se bloquea. Eso le pasa a muchos jóvenes y adolescentes a la hora de rendir un examen e incluso a numerosos adultos en momentos de presión.

De acuerdo con la Fundación Pasqual Maragall, es posible que en circunstancias distintas, con menos exigencia y calma, la información se pueda recuperar con más facilidad.

Isabel Allende, escritora chilena

También existe la teoría del olvido motivado, la cual señala que aunque sea de manera inconsciente, en ocasiones “participamos activamente en el proceso de ignorar algunos hechos, sobre todo los de naturaleza traumática o perturbadora”. Es el camino que siguen muchas personas para intentar “evitar o minimizar el impacto emocional negativo que puedan tener”. Consiste en una especia de negación que también forma parte de las etapas de un duelo. Pero a veces ello impide sanar.

 ¿Y si no podemos olvidar, aunque queramos?

Hallamos algunas respuestas a esa difícil pregunta, a través de una publicación sobre el tema, elaborada por Acción Psicológica, organización catalana conformada por tres psicólogas, quienes describen de esta manera lo que mucha gente experimenta al recordar tanto buenos momentos como otros particularmente difíciles:

“¿Te sientes culpable de tener pensamientos negativos sobre alguien que ya no está? ¿Te sientes agradecido por algunos momentos que has vivido con una persona? Y sin embargo, a la vez ¿le tienes mucha rabia por el sufrimiento que su ausencia te ha provocado?

La ambigüedad es humana. A menudo las circunstancias de la vida contienen simultáneamente emociones negativas y positivas asociadas a las mismas personas con quienes se ha compartido; eso suele ser difícil de gestionar porque puede provocar sentimientos de culpa.

Lo cierto es que, como lo hemos mencionado, aunque a veces nos propongamos olvidar a una persona o una situación -en especial si es desagradable- reiteradamente ésta acude a nuestra mente provocando que volvamos a experimentar momentos dolorosos.

Los recuerdos dolorosos pueden afectar seriamente la salud emocional

“Tenemos incluso reacciones gestuales inconscientes ante ese tipo de recuerdos que nos invaden, como la de agitar las manos delante de los ojos para alejar dichos pensamientos de nuestra mente” señalan las especialistas.

Todo porque la mayoría de las veces, querer olvidar no es tan fácil. No se trata simplemente de rechazar los pensamientos agobiantes o de inhibir por la fuerza las emociones que provocan. Al contario. Tal y como lo describen las psicólogas, lo primero es enfrentarse a los recuerdos teniendo claras las siguientes certezas:

“El pasado ya no existe. No importa si es bueno o malo. Al revivirlo, vives un mundo imaginario que ha pasado y generó una sensación en su día que entonces pudo ser funcional, pero que ahora ya no lo es”. Traerlo de regreso, “perjudica, genera dolor y angustia. Por ello, lo que importa es lo que hacemos ahora con eso, cómo lo utilizamos”.                  

Con esa finalidad, la propuesta que dan las profesionales es la siguiente:

“Una estrategia que ayuda a dejar atrás las experiencias dolorosas y a decantarlas, para poder liberarse de la sensación negativa que desencadenan y del desbordamiento emocional, es buscar diariamente, a la misma hora, un momento donde no haya interrupciones. Escriba una carta que NO enviará, donde exponga todo lo negativo que jamás ha dicho, por miedo o pena, o por sentirse culpable. Escribir algo negativo es una oportunidad para sacar todo el rencor y la tristeza de su interior.”

Con el paso de los días, cuando cada persona que ejecute el ejercicio, sienta que ya no queda nada negativo que agregar, escriba una última carta con lo positivo -si lo hay- y en la parte final, declare: “Me libero de todo el malestar que me ha causado …” y de todo aquello que usted crea que necesite mencionar. Cuando finalice, reúna, doble y destruya todas las cartas.

En el camino habrá podido ver de frente y disecar las emociones que los recuerdos más ingratos le provocaron, de manera tal, que con la simpleza de las palabras sobre el blanco del papel, como el humo que se disipa en el viento, saldrán volando del baúl del pasado, aquellos que hace tiempo dejaron de existir y que en realidad solo habían dejado un eco de dolor y sufrimiento.

Zancadilla a los malos recuerdos

Además de esa herramienta -la escritura-, existen técnicas para potenciar una memoria selectiva.

Debemos poner límite a conversaciones, canciones, películas u otros elementos que provoquen recuerdos dolorosos

Aunque la memoria selectiva es un proceso natural, los expertos afirman que “se puede influir en ella a través de estrategias que mejoren la atención, la organización de la información, la práctica y el cuidado de la salud física y mental”.

Pese a que directamente no estamos en capacidad de manipular la memoria selectiva, sí podemos, con fuerza de voluntad y disciplina, decidir a qué tipo de elementos queremos prestarle atención y a cuáles no. De ser necesario, podemos aprender a bloquear lo negativo, buscando alternativas positivas mediante técnicas o ejercicios mecánicos sencillos, tales como respiración profunda, meditación, lectura, deporte o simplemente, contar en reversa, es decir, de 10 a cero. Conscientemente desviamos nuestra atención.

Otra sugerencia, es la de evitar elementos externos que en determinado momento puedan influir negativamente en el ánimo y traer malos recuerdos; por ejemplo: una canción o una película que casi de forma “masoquista” nos empeñamos en ver o escuchar.  O conversaciones con amistades que cada vez que nos ven, traen a colación momentos difíciles. Póngales límites.

Lo importante es encontrar las alternativas adecuadas para protegerse y liberarse de todo aquello que se ha quedado guardado y que al resurgir, pueda seguir causando daño.  Quizás el proceso lleve algún tiempo pero valdrá la pena pues permitirá continuar el camino “más ligeros de equipaje”.

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