Óscar Álvarez, analista internacional.
Hay que mantener la atención y el análisis sobre los Estados Unidos de América, nuestro primer aliado estratégico y nuestro principal socio comercial.
Desde allí viene el mayor porcentaje de nuestros turistas y de las inversiones extranjeras directas y hacia allí van la mayor parte de nuestras exportaciones. Y Costa Rica sigue siendo para ellos uno de los destinos favoritos de inversiones en “nearshoring” y “friendshoring”.
America First o América Primero es un planteamiento de política exterior de la administración Trump que promueve el interés nacional de los Estados Unidos y el aislacionismo de la primera superpotencia mundial.
Con el inicio de la segunda administración Trump el 20 de enero de 2025 y las subsiguientes Ordenes Ejecutivas sobre Aranceles se puede considerar iniciada una nueva etapa de la economía estadounidense e internacional que tentativamente podríamos denominar de nacionalismo estadounidense y conservador y “nuevo proteccionismo mercantilista”. La nueva política exterior y comercial externa es totalmente distante del liberalismo clásico de Adam Smith, David Ricardo, Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek y Milton Friedman.
Mercantilismo es el nombre que dieron los historiadores al sistema económico prevaleciente en Europa desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XVIII en Francia, Inglaterra, Países Bajos, España y Portugal.
Los gobiernos promovían una balanza comercial favorable, exportando más de lo que importaban. No tener déficit comercial: eso se consideraba una balanza comercial sana y favorable para el interés de las economías nacionales.
Ha nacido una nueva agenda comercial que procura eliminar o reducir drásticamente los déficit comerciales que tienen los Estados Unidos con los diferentes socios comerciales del planeta.
Dentro del pensamiento liberal clásico la relación de intercambio de bienes y servicios entre las naciones es una relación ganar-ganar en la que el surgimiento de déficit comerciales para alguna de las partes no representa algo necesariamente negativo. En cambio para la lógica comercial proteccionista y mercantilista emergente en el intercambio de bienes y servicios siempre hay un ganador y un perdedor y el surgimiento de déficit comerciales es un indicador de que alguien está perdiendo ventaja en la relación.

Uno de los objetivos de la administración Trump del America First en materia comercial es lograr que el déficit comercial de los Estados Unidos sea reducido y en la medida de lo posible eliminado para así garantizar que en cada relación comercial la gran potencia del norte sea el ganador y no el perdedor.
Los aranceles serán entonces el instrumento de política comercial que permitirá nivelar la cancha según la óptica de Peter Navarro, el gran asesor principal de Trump en política comercial externa.
En el caso de Costa Rica, según entendemos nuestras autoridades comerciales están negociando con el Departamento de Comercio de Washington DC la posibilidad de que se nos reduzca el arancel recíproco de 10% o incluso que se revierta completamente hasta cero %.
Otro rasgo del America First de la segunda administración Trump es la tendencia a privilegiar las relaciones bilaterales por encima de las relaciones multilaterales, salvo excepciones como la Cumbre Mundial de la Organización del Atlántico Norte (OTAN). Pero incluso en dicho organismo atlántico de cooperación política y militar las cuotas fueron incrementadas hasta un 5% del presupuesto anual de cada una de las naciones que la integran. Allí hubo una transacción beneficiosa para los Estados Unidos.
En el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA) ya se estableció que o contribuye a solucionar las crisis de Haití y Venezuela o la entidad se quedará sin presupuesto para el año 2026. No se va a permitir más que un organismo financiado mayoritariamente por los Estados Unidos sea la tribuna manejada por los enemigos de la gran potencia. Ya desde su primera administración Trump había retirado a los Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud y de los Acuerdos Climáticos de París, entre otros.

Tampoco la administración Trump parece apostarle a los programas de ayuda al desarrollo o al fomento de la democracia como se ilustró con la acción de DOGE bajo el liderazgo y conducción del magnate Elon Musk y que se manifestó con el cierre de los programas de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y los programas pro- democracia tanto del partido demócrata como del mismo partido republicano, entre otros.
Es probable que el nuevo liderazgo de Washington vea dichos programas como una lamentable pérdida de recursos federales que incrementan aún más el ya voluminoso déficit fiscal de los Estados Unidos.
Desde este año 2025 Washington privilegia la relación bilateral de los Estados Unidos con cada uno de los actores del sistema internacional por encima de las relaciones multilaterales que según la nueva óptica serían lentas, improductivas, ineficientes y saturadas de bloqueos por los enemigos políticos y diplomáticos de la primera potencia mundial.
Así por ejemplo como se notó durante las giras de Marco Rubio, Secretario de Estado y de Kristi Noem, Secretaria de Seguridad Nacional a Costa Rica, lo que les interesa en la administración Trump es la relación de objetivos compartidos y prácticos entre nuestro país y la gran potencia del norte en asuntos tales como migraciones ilegales, seguridad fronteriza, lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, suspensión de visas, Global Entry, extradición de narcotraficantes, relaciones comerciales sanas, entre otros.

Otro rasgo de interés para quienes se interesan en las nuevas políticas del America First de Trump es que ahora en la relación con el gobierno de la Casa Blanca todo es una transacción, sin que transacción sea necesariamente una palabra negativa. Eso significa que el que se acerque a Washington debe esperar que le pidan algo y a la vez sería conveniente adelantarse y ofrecer algo también. Es decir dando y recibiendo, lo cual no es exclusivo de la administración Trump y es muy común también en otras culturas y civilizaciones. Es muy común en la cultura china, por ejemplo. La administración Trump es transaccional.
Y otro rasgo de la nueva etapa económica es la política de fronteras seguras y mano dura contra las migraciones internacionales y el crimen organizado.

Así también, otro rasgo distintivo de la nueva etapa que vivimos es la subsistencia de diferentes conflictos geopolíticos que crean nuevos obstáculos y adversidades para el comercio internacional: ataques a las embarcaciones civiles, incremento en el precio del petróleo y el gas natural y aumento en el costo de los fletes y los alimentos.
Pensemos por ejemplo que después de más de tres años de enfrentamientos continúa la guerra entre Rusia y Ucrania, mientras se escaló el conflicto entre Israel e Irán e incluso estalló la llamada guerra de los 12 días entre Israel, los Estados Unidos e Irán.
Así también la mediación del presidente Trump logró parar el ascenso militar que estuvo a punto de escalar hasta el estallido de un nuevo conflicto geopolítico entre Pakistán y la India, dos potencias nucleares.
Y por otra parte aún permanece intacto el potencial del enfrentamiento entre Beijing y Taipei en relación con el estrecho de Taiwán.
A pesar de los notables esfuerzos del presidente Trump para mediar en los conflictos bélicos entre Rusia y Ucrania y la India y Pakistán, hasta el momento los conflictos geopolíticos continúan siendo parte del nuevo escenario económico internacional.