Fernando Fernández, Revista Visión CR.

Un nuevo estudio publicado en Nature Medicine ha revelado que caminar a diario, incluso en niveles moderados, puede marcar una gran diferencia en la evolución del Alzheimer.

Con apenas entre 3.000 y 5.000 pasos diarios, las personas con riesgo elevado de padecer esta enfermedad neurodegenerativa pueden ralentizar el deterioro cognitivo hasta en tres años. Y quienes alcanzan entre 5.000 y 7.500 pasos al día, pueden lograr un retraso promedio de siete años en la aparición de los síntomas.
Este hallazgo, basado en datos del Harvard Aging Brain Study, representa una noticia esperanzadora para millones de personas en todo el mundo. El estudio evaluó durante un período de hasta 14 años a 296 personas de entre 50 y 90 años, todas ellas sin síntomas cognitivos al inicio, pero con indicios moleculares asociados al Alzheimer, como la acumulación de proteínas amiloide-β y tau en el cerebro.
Gracias al uso de pedómetros y pruebas cognitivas periódicas, los investigadores comprobaron que una actividad física moderada no solo ralentiza el deterioro mental, sino que además actúa específicamente sobre la proteína tau, una de las principales responsables del avance de la enfermedad.

Sorprendentemente, el beneficio se estabiliza más allá de los 7.500 pasos diarios, lo que sugiere que no es necesario alcanzar metas exigentes como los populares 10.000 pasos para obtener efectos protectores.
“Lo más alentador es que incluso un poco de ejercicio ya ayuda”, afirman los autores del estudio, entre ellos Wai-Ying Wendy Yau y Jasmeer Chhatwal, médicos especialistas en trastornos de la memoria en la Universidad de Harvard. Esta afirmación es especialmente relevante para personas mayores o con movilidad reducida, que podrían beneficiarse sin necesidad de realizar esfuerzos físicos intensos.
El impacto positivo del ejercicio se ha observado solo en personas con altos niveles de amiloide-β, es decir, en quienes ya muestran señales tempranas de riesgo de desarrollar Alzheimer. En este grupo, caminar a diario mostró una clara correlación con un menor deterioro cognitivo y una ralentización del proceso neurodegenerativo.
Por el contrario, en personas con bajos niveles de amiloide-β —es decir, con bajo riesgo de desarrollar Alzheimer—, la actividad física no modificó significativamente el curso cognitivo, aunque sigue siendo beneficiosa para la salud general.

Este descubrimiento refuerza la idea de que el estilo de vida tiene un impacto directo sobre la salud cerebral. Caminar es una actividad sencilla, accesible, sin coste y que, además de cuidar el cuerpo, puede proteger la mente frente a una de las enfermedades más temidas de la vejez.
Además, este estudio allana el camino para futuras estrategias de prevención no farmacológicas, personalizadas y sostenibles, especialmente en poblaciones en riesgo. El mensaje es claro: dar pasos cada día puede ser una herramienta poderosa y natural para mantener la memoria y la calidad de vida durante más tiempo.