Luis Paulino Vargas Solís, economista y académico.

Una inflación muy baja es, por lo general, síntoma de una economía debilitada. Porque lo que eso nos dice es que la demanda, al nivel del sistema económico en su conjunto, está frenada.
Esto, a su vez, genera capacidad productiva excedentaria, o sea, capacidad productiva ociosa, no aprovechada.
Mucho de eso ocurrió durante los últimos años en Costa Rica, puesto que la cantidad de empleos que la economía ha aportado se quedaba muy, pero muy corta respecto de la cantidad de personas en edad laboral. O sea, muy corta relativamente a la fuerza de trabajo disponible.

Y, en los últimos años, a lo largo del período del chavesato, ese problema, lejos de aliviarse, ha tendido a ser más y más grave.
Pero a lo anterior se sumó un factor muy particular: la baja del dólar que, habiendo empezado a finales de junio de 2022, todavía persiste 4 años y resto después.
En breve: los excedentes de fuerza de trabajo ociosa y el derrumbe del dólar dieron lugar a una situación que ha sido de inflación negativa, o sea, de deflación, más que simplemente una situación de baja inflación.

Y no deja de ser llamativo que todo eso ocurriese en el gobierno del “doctor en economía”.
¡Qué clase de “doctor en economía” la que nos hemos gastado!
El caso es que cuando hay inflación negativa (deflación) normalmente los salarios se quedan, por un tiempo, clavados en el nivel donde estaban y no bajan. Eso provoca que los márgenes de rentabilidad de las empresas, sobre todo las pequeñas y medianas, se reduzcan.

Pero, en algún momento, de persistir la situación de deflación, también los salarios empiezan a descender porque, de una u otra forma, las empresas se la jugarán para recortarlos. Por ejemplo: las nuevas contrataciones serán recibidas con salarios inferiores.
Para el caso costarricense, los márgenes de ganancia a la baja se observan, de forma indirecta, en la caída del impuesto sobre las ganancias. La baja de los ingresos del trabajo ha empezado a quedar visibilizado a lo largo del último año en las encuestas de empleo del INEC.
En ese contexto, el peso de las deudas se incrementa. Por ejemplo: si en el transcurso de tres años los precios descendieron, en promedio, un -5%, una deuda adquirida hace tres años habrá incrementado su valor real –descontada la inflación– en un 5%.

Y si, a causa de la deflación, el ingreso de la persona endeudada empieza a disminuir, le resultará más difícil cumplir con los pagos que la deuda le genera. Y peor todavía si ocurre, como podría ocurrir, que se quede sin trabajo.
Innecesario decirlo: eso hace más pesadas las deudas, lo que, eventualmente, frena el consumo de la gente y agrava la intensidad de los vientos en contra para la economía.
Pero, además, el dólar a la baja agrega nuevos problemas para muchas empresas, en particular para el amplísimo sector de las exportaciones, el turismo y todas las actividades productivas que compiten con importaciones. Gana el comercio importador y, en principio, no salen afectados los servicios (como corte de cabello o taxi) que no compiten con importaciones.

O sea: tendemos a convertirnos en una economía importadora y de servicios de bajo nivel tecnológico.
Entretanto, se entra en un proceso de “des-industrialización” que perjudica a la industria manufacturera y al sector agropecuario.
Pero incluso los sectores, presuntamente “ganadores”, en algún momento empiezan a percibir que las cosas no van bien, en la medida en que la economía se frena, los salarios descienden y el empleo escasea, con lo que la demanda por sus productos y sus servicios también flaquea.

La propaganda que hablaba de que la baja del dólar era expresión de “nuestro éxito económico” siempre fue una mentira que ahora está empezando a quedar en evidencia.
Porque ese éxito se suponía que se manifestaba en los espectaculares índices de crecimiento de las zonas francas.
Lo cierto es que, en un contexto mundial adverso, la baja del dólar está significando un pesado fardo también para las zonas francas. De ahí el pronunciado frenazo que están experimentando.
En fin, es el chavesato…la economía del “doctor en economía”.
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