Las olas de calor, intensificadas por el cambio climático, se han convertido en un desafío global que afecta no solo al bienestar físico, sino también a la salud mental y neurológica.
Hace dos años, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer que el cambio climático, más allá de representar un riesgo para el planeta, plantea un peligro para nuestra salud mental y bienestar al «provocar el desarrollo de trastornos que van desde el malestar emocional hasta la ansiedad, la depresión o conductas suicidas».
Aunado a ello, y aunque aún no se le ha dado la relevancia que merece, se sabe también que el cambio climático modifica el cerebro.
Y es que el cambio climático impacta el cerebro humano mediante altas temperaturas y fenómenos extremos, aumentando el estrés (cortisol), la inflamación y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas (demencia, ictus). Afecta la función cognitiva, reduciendo la concentración, la memoria y alterando el sueño y el estado de ánimo, provocando irritabilidad, ansiedad y depresión.

Con temperaturas extremas que superan los niveles habituales durante periodos prolongados, estos episodios incrementan la vulnerabilidad de la población y generan riesgos que van más allá de la incomodidad cotidiana.
Estudios recientes advierten que el calor extremo no afecta únicamente al corazón o los pulmones, sino que el cerebro humano, con su delicado equilibrio térmico y elevada demanda energética, es uno de los órganos más expuestos.
- La exposición prolongada puede provocar deshidratación, agotamiento y golpes de calor que comprometen funciones neurológicas críticas.
- Los efectos nocivos incluyen alteraciones cognitivas profundas, pérdida de memoria y mayor riesgo de crisis mentales.
Impacto en enfermedades neurológicas
El calor extremo intensifica síntomas en personas con patologías como:
- Epilepsia: mayor riesgo de convulsiones.
- Esclerosis múltiple: incremento de la fatiga y deterioro cognitivo.
- Migraña: episodios más frecuentes y severos.
- Accidentes cerebrovasculares: riesgo de complicaciones súbitas.
Incluso en personas sanas, el calor puede:
- Reducir la atención y vigilancia hasta en un 67% en quienes trabajan bajo exposición solar directa.
- Alterar la toma de decisiones, favoreciendo conductas impulsivas o agresivas.
- Comprometer la transmisión neuronal, ya que las neuronas son sensibles a aumentos mínimos de temperatura.
Investigaciones en Indonesia mostraron que temperaturas nocturnas superiores a 25 °C provocaban comportamientos irracionales y malas decisiones económicas, especialmente en hogares con bajos ingresos y sin acceso a aire acondicionado.

Un informe del Centro Climático de la Cruz Roja y la Media Luna Roja reveló que en 2024 el calor extremo afectó a 6.800 millones de personas, equivalentes al 84% de la población mundial, con un promedio de 31 días de temperaturas extremas.
Sin embargo, menos de un tercio de los planes de acción sobre salud y calor reconocen los efectos de las altas temperaturas en la salud mental, según Current Environmental Health Reports.
El impacto se refleja en:
- Incremento de suicidios durante olas de calor.
- Mayor número de hospitalizaciones psiquiátricas.
- Crisis epilépticas y deterioro cognitivo repentino.
Los grupos más afectados son los niños, personas mayores y quienes padecen trastornos mentales previos.
El Dr. Víctor Manuel Rodríguez Molina, profesor de la Facultad de Medicina de la UNAM, indicó que, si hay una alteración en el ambiente, esto tiene un impacto en nosotros a nivel físico. «Nuestro cerebro, el sistema cardiovascular y respiratorio se alteran y a nivel mental también padecemos. Todo eso lo sabemos porque desde hace 30 años se vienen estudiando las repercusiones del cambio climático en los humanos».
Las altas temperaturas, derivadas del cambio climático, nos generan un cambio en nuestras emociones. «Cuando hay un aumento de temperatura, hay un incremento de emociones negativas como la ira, el enojo y la irritabilidad», dijo el profesor universitario, experto en el área de las neurociencias.
Rodríguez Molina agregó que ya se ha estudiado que, cuando ocurren las olas de calor, aumentan los casos de ansiedad, depresión y esquizofrenia. Por otro lado, comentó que se está investigando si los crímenes como homicidios o tiroteos masivos tienden a aumentar en días calurosos.
Craig A. Anderson, del Departamento de Psicología de la Universidad Estatal de Iowa (Estados Unidos), realizó un estudio cuyos resultados mostraron que las altas temperaturas incrementan los sentimientos de hostilidad e, indirectamente, los pensamientos de agresividad, lo cual derivaría en actos violentos.
Recomendaciones
Especialistas y organismos internacionales insisten en adoptar estrategias integrales:
- Campañas de concienciación sobre riesgos del consumo de alcohol y drogas durante episodios de calor.
- Refugios comunitarios en zonas sin acceso a aire acondicionado, para proteger a grupos vulnerables.
- Monitoreo reforzado de pacientes con trastornos mentales, aumentando controles médicos y apoyo social.
El mundo está mal preparado para enfrentar las consecuencias del cambio climático en la salud mental. Las olas de calor no solo afectan al cuerpo, sino que comprometen la función cerebral y la estabilidad emocional de millones de personas.

La preparación y la implementación de estrategias adaptadas a cada contexto social son urgentes para reducir el riesgo de emergencias neurológicas y cognitivas en un planeta cada vez más cálido.
