Erwin Wino Knohr*, Revista Visión C R.

Dicen que el hubiera no existe. Pues déjenme decirles que no solo existe gramaticalmente, y sirve para expresar hipótesis, deseos, dudas o acciones irreales y también, el hubiera, popularmente se refiere a que no podemos cambiar los sucesos del pasado.
La debacle demostrada por la Selección Nacional en el último partido frente a Curazao, no fue por el cambio de parado en la cancha de cuatro defensores a cinco, o los cambios de jugadores que realizó el entrenador.
Ese desmoronamiento en el accionar del seleccionado se inició hace varios años.

Diez diferentes entrenadores, varios Directores Deportivos, la complacencia de los dirigentes y el apoyo incondicional de los aficionados apoyados por la prensa, crearon una burbuja de los que “juegan de vivos”.
Existe una gran diferencia entre” jugar de vivo y ser vivo” en el futbol. “Jugar de vivo” es también una expresión aplicada en muchos escenarios. En la política, el trabajo o en el vacilón y es una conducta muy alabada.

Ni modo hay que aceptar, o todavía existen incrédulos, que no tenemos jugadores de calidad, pero sí muchos que “juegan de vivos”, que son más comerciales que deportivos.
Por lo general los aficionados y la prensa los idolatran. Los tiran hacia arriba. Suben y suben hasta que caen como cocos.
Me dejó pensando las declaraciones de Carlos Barahona, defensor derecho, cuando dijo al final del partido: “no supimos qué hacer cuando cambiamos a línea de cinco, y obviamente que cuando tocó hacerlo no supe qué hacer”.
Un jugador que salga diciendo semejante ocurrencia deja mucho que pensar sobre la calidad de nuestros jugadores. ¿Se imaginan a un seleccionado de Francia, España, Portugal, Noruega, Inglaterra y puedo seguir con otros equipos, que justifique el accionar de su equipo diciendo que perdieron un partido porque no saben jugar línea de tres, cuatro o cinco?
¿Tuvo culpa el entrenador con este cambio en su sistema de juego? La tuvo, porque desconoce que nuestros jugadores solo tienen capacidad para correr, meter pata y andar tras la pelota, pero cuando tienen que pensar, entender lo que está pasando en la cancha o acoplarse a una variante en el sistema, solo saben “jugar de vivos”.
Aclaro que también existen los “jugadores vivos”, no los que “juegan de vivos”. Es una estirpe muy cercana de los talentosos. Son agresivos con el balón. No son malintencionados para sacar provecho. Los que encaran al adversario en el uno a uno en zonas que lo permiten. Los que no buscan excusas para sombrearse en la cancha.
Esos que pueden seguir las instrucciones del director técnico durante 94 minutos sin distracciones, porque se prepararon bien. Los capaces de perder una fiesta, un vacilón y cuidarse antes y después de un partido.
Lamentablemente los que le hicieron la lista al “Bocha”, pregonando que se iniciaba un recambio con sangre joven hacia el 2030, no llamaron a los “jugadores vivos”, que sí saben manejar un partido en la cancha cuando se está ganando 3 a 0.
Se me terminó el último sorbo en la taza de café. Para qué seguir. Que el último apague la luz.
** El autor tiene una Maestría en Comunicación. Licenciatura en Periodismo y Educación Física. Además es entrenador de Futbol y Baloncesto.
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