Federico Paredes, analista agroambiental.

Muy pocas veces nos preguntamos cuál podría ser el efecto del cambio climático sobre los casquetes polares, esas dos grandes masas de hielos perennes que se encuentran en el Ártico y en la Antártida.
Nos da la impresión de que esas antípodas no se afectan ni con los cambios de temperatura planetaria, ni con los movimientos telúricos a los que está sometido constantemente nuestro Planeta.
La realidad es que no son ciertas ninguna de estas posibilidades.

Preocupados por este tema, científicos del Centro Helmholtz de Investigación Oceánica de Kiel (GEOMAR) en Alemania, han demostrado que el calentamiento global y la degradación acelerada del permafrost están debilitando la estabilidad de las laderas rocosas en las regiones polares, aumentando drásticamente el impacto de los eventos sísmicos.
Esta investigación analizó un mega-deslizamiento de rocas que se produjo el 10 de marzo de 2025, como consecuencia de un terremoto de magnitud 6.5 que sepultó parte del glaciar Kjerulfen la isla noruega de Jan Mayen, situado a unos 7 kilómetros del epicentro.
Dicho evento lo que ha confirmado es que la pérdida del hielo interno actúa como una especie de cemento natural, que deja a las montañas polares y a otros glaciares, extremadamente vulnerables ante los acontecimientos telúricos.
El descongelamiento de este «cemento» rocoso provoca que se dé la fusión del permafrost con lo cual se elimina el hielo que une las fracturas de las rocas, transformando laderas que históricamente han sido estables, en formaciones altamente inestables.
Toda esta investigación advierte sobre la aparición de riesgos geológicos complejos, donde el cambio climático actual incide como un detonador de catástrofes ante las sacudidas sísmicas.
: “A new view on plate tectonics” – sciencesprings](https://sciencesprings.wordpress.com/wp-content/uploads/2021/03/geomar-helmholtz-centre-for-ocean-research-kiel-helmholtz-zentrum-fur-ozeanforschung-kielde-campus.jpg?w=1100)
Para poderlo entender bien debemos decir que en las zonas frías y de gran altitud, el permafrost permea las grietas de la roca y los sedimentos, funcionando exactamente como el hormigón en una estructura de ingeniería.
Sin embargo, el aumento sostenido de las temperaturas en el Ártico está derritiendo este hielo profundo, comprometiendo la resistencia mecánica de los macizos rocosos.

Lo realmente interesante de esta investigación, radicó en reconstruir de manera detallada el alud de rocas registrado el 10 de marzo de 2025. A pesar de que esta zona registra actividad sísmica constante, los científicos investigaron por qué este evento sísmico en particular provocó un colapso de laderas sin precedentes.
Los especialistas en geomorfología, geología, vulcanología y glaciología han podido determinar que, la fragilización térmica previa de la roca por la degradación del permafrost redujo drásticamente el umbral de resistencia al esfuerzo cortante durante las ondas del sismo.

Un elemento medular expuesto en la investigación es que este fenómeno no se limita al ambiente insular del Ártico, ya que la degradación del suelo helado representa una amenaza global en expansión que afecta a todas las cadenas montañosas de latitudes y altitudes elevadas, como los Alpes, los Andes o el mismo Himalaya, donde el retroceso del hielo de ladera potencia el peligro de avalanchas mixtas de roca, hielo y agua hacia valles habitados.
Es por ello, que el equipo de geocientíficos del GEOMAR destaca la necesidad urgente de adaptar la evaluación de riesgos geológicos en regiones polares y subpolares.

El documento de investigación llega a la conclusión de que la interacción entre sismos y el calentamiento global redefine los mapas de peligrosidad, lo cual exige un monitoreo satelital in situ continuo de las zonas de glaciar y permafrost, para prevenir desastres en la infraestructura crítica y en las expediciones científicas.