Óscar Álvarez, analista internacional.

Jurgen Habermas fue uno de los grandes filósofos y teóricos sociales del siglo XX y principios del siglo XXI. Tuvo una larga vida marcada por la historia de Alemania y sobre todo por las ideas de los pensadores alemanes.
El pasado sábado 14 de marzo de 2026 falleció en Starnberg, Baviera a la edad de 96 años.
Había nacido el 18 de junio de 1929 en Dusseldorf, Alemania, durante la República de Weimar.

A los quince años participó brevemente en las juventudes hitlerianas por influencia de su padre.
Estudió filosofía, historia y psicología en varias universidades alemanas. Su formación intelectual estuvo profundamente influida por los autores alemanes como Immanuel Kant, Federico Hegel, Carlos Marx y Max Weber. Al principio sobre todo siguiendo los postulados del materialismo histórico de Marx pero ya en su madurez inspirado por Kant y el pensamiento ilustrado del siglo XVIII.
En la década del cincuenta se vinculó al Instituto de Investigación Social donde laboró junto a figuras como Teodoro Adorno y Max Horkheimer. Representó la personalidad más destacada de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt de teoría crítica.
Poco a poco se fue distanciando de cierto pensamiento algo pesimista de sus mentores y ya en 1971 proclamó su ruptura definitiva con la Escuela de Frankfurt de teoría crítica en una carta que dirigió al ya célebre Herbert Marcuse.
Había nacido con el paladar hendido y se sometió a dos cirugías correctivas durante su infancia. Dicha complicación le ayudó a valorar la importancia del lenguaje y de la comunicación en la convivencia social y en los sistemas democráticos.

La contribución principal del profesor de Heidelberg es su teoría de la acción comunicativa, una obra monumental publicada en 1981. Según su tesis, el lenguaje permite que los individuos lleguen a acuerdos racionales mediante la argumentación libre y abierta en una democracia auténtica. De esa manera se nos revela como un pensador del racionalismo ilustrado pero adaptado a los nuevos conocimientos sobre la importancia del lenguaje, la comunicación y el diálogo en tiempos de grandes polarizaciones y posverdades.
Habermas es uno de los mayores teóricos de la democracia deliberativa en la que las legitimidades políticas surgen del diálogo público y la participación ciudadana.

A diferencia de muchos pensadores secularistas sostiene que las tradiciones religiosas pueden aportar valores éticos y morales que son importantes en el debate público. En ese punto se aparta de algunos autores ilustrados que estuvieron caracterizados por un anticlericalismo y una oposición extrema a toda manifestación religiosa.
El legado intelectual de Habermas reside en su defensa de la razón, en la línea de Kant, Max Weber y posiblemente de Renato Descartes, en la promoción y defensa del diálogo y del papel de un espacio de debate público como esencial para la democracia moderna, que ha de ser sobre todo deliberativa.
En fin que Habermas terminó tomando distancia tanto del nazismo de su primera juventud como del marxismo y la teoría crítica que le caracterizaron durante las décadas del cincuenta y del sesenta para evolucionar hacia una vocación democrática deliberativa y completamente crítica de los diferentes tipos de autoritarismos.

De esta manera y adoptando el espíritu ilustrado y el racionalismo de los siglos XVII y XVIII promovió sobre todo la razón, el lenguaje, la comunicación y el diálogo entre personas libres y abiertas como sustento esencial de una democracia deliberativa.
Habermas estuvo casado con Ute Wesselhoeft, con quién tuvo tres niños. Y pasó los últimos años de su vida junto al lago de Starnberg en Baviera, Alemania, desde dónde continuó opinando sobre variados temas tales como la integración europea, la guerra en Ucrania, la crisis climática, la digitalización, los riesgos de la inteligencia artificial y la actualidad política de su país.
Se convirtió en uno de los filósofos alemanes más traducidos y citados en el mundo, con influencia enorme en las ciencias sociales. Fue elegido miembro honorario extranjero de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias en 1984.
Entre los reconocimientos más importantes que recibió se pueden mencionar:
El Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 2003, el Premio Kyoto en el año 2004 y el Premio Internacional Holberg en 2005.
Su legado es el de un ilustrado partidario de la razón, de la comunicación entre personas libres y abiertas, del diálogo, del debate público y de la participación ciudadana en una democracia moderna y deliberativa. Que en paz descanse el arquitecto de la razón dialógica.