Los días decembrinos: tradición, comunidad y renovación

Los días decembrinos: tradición, comunidad y renovación

«Honraré la Navidad en mi corazón, y trataré de conservarla todo el año». Charles Dickens, Cuento de Navidad.

César G. Fernández Rojas, profesor jubilado, y miembro fundador Comisión Nacional de Ética y Valores.

Los días de diciembre llegan con un musitar de campanas –y ahora de tambores y bandas musicales- trayendo consigo un aire distinto, más tibio en el corazón que en la piel. La Navidad se abre paso entre luces titilantes y aromas del hogar, recordando que la sensibilidad puede vestirse de colores y canciones.

Las luces de colores en cada ventana y en cada árbol parecen confabularse con las estrellas en el cielo, para recordarnos que la Navidad es un estado del alma que se hace evidente en imágenes sencillas.

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La Navidad como estado del alma se manifiesta en una mesa que se comparte, luces que no se apagan, un villancico que vuelve a sonar y nos hace más humanos.

Esos símbolos no son simples adornos; son umbrales. Cada decorado, cada melodía, cada abrazo es un signo que evoca la memoria colectiva y personal, que permite que lo cotidiano se vuelva tradición.

Con el arribo de los vientos alisios se avivan los afectos, y en el frío del atardecer y la noche, la calidez de la Navidad invita a recogerse entre guantes, bufandas, abrigos y vestimentas decembrinas que irradian en formas y colores festivos.

Esas ráfagas voltean las sombrillas y, en esa lucha sin cuartel contra el viento retozón, estamos viviendo la mejor época del año; son los mejores días para disfrutar distendidamente con los amigos alrededor de una taza de café; de compartir recuerdos y afectos con nuestras familias.

La Familia Celebra La Navidad Foto de archivo - Imagen de sitio, bebida:  104221360

Cuáles luciérnagas de brillante esplendor las luces de Navidad titilan saltarinas en el frente del hogar, van y vienen, juguetean frente a nuestra vista que complacida se sumerge en ese espacio multicolor.

Y aunque este tiempo mágico transcurre entre susurros alisios, las aspiraciones, los propósitos, los días felices y la bienaventuranza perduran en el alma y en nuestra mente.

Las familias se reúnen, los amigos se buscan, y hasta los desconocidos se saludan con una sonrisa que parece más fácil en esta época del año. Un gesto grato, una sonrisa acogedora puede ser camino para abrimos paso a nuevas formas de comprender nuestro entorno social.

Los días decembrinos invitan a bajar el ritmo de la vida, a escuchar tonadas con versos sencillos y estribillos que no envejecen: los días decembrinos son puentes de ternura, donde los encuentros se visten de fiesta.

Cada año recreamos las “Melodías eternas de la Navidad” de Michael Bublé. Se trata de dos horas continuas de clásicos navideños, interpretados con su estilo característico: voz aterciopelada, arreglos orquestales y un aire de big band que evoca ecos nostálgicos de villancicos clásicos en las voces de Sinatra, Crosby, Nat King Cole, Dean Martin, Perry Como y Ella Fitzgerald.

Prime Video: Frank Sinatra and Bing Crosby ‎- Happy Holiday With Frank and  Bing
Frank Sinatra y Bing Crosby.

La intención es crear un ambiente acogedor, ideal para reuniones entre amigos y familiares, cenas navideñas o momentos de contemplación durante la temporada más dulce y amable del año.

Bublé es un cantante actual que retoma el estilo clásico del crooner —voz suave, envolvente y cercana— pero adaptada a las condiciones contemporáneas, mezclando jazz, swing y pop con arreglos modernos.

A quién no embelesa la canción It’s Beginning to Look a Lot Like Christmas, inmortalizada por Bublé, que representa uno de los himnos contemporáneos de la Navidad. Su aparente sencillez esconde una fuerza cultural y afectiva que la convierte en un verdadero ritual sonoro de esta época.

Su voz transforma lo habitual de estos días, en una creencia de lo que podría parecer trivial: el príncipe cascanueces (En el ballet deTchaikovsky, El Cascanueces (1892), basado en el cuento de E.T.A. Hoffmann, el muñeco cobra vida como Príncipe Cascanueces, luchando contra el Rey Ratón y guiando a Clara al Reino de los Dulces), un árbol iluminado, un regalo envuelto.

Escrita, esta melodía, originalmente en 1951 por Meredith Wilson, la pieza se convirtió en un estándar navideño gracias a su capacidad de pintar escenas cotidianas: juguetes, árboles y casas adornadas, y en su interior un pesebre.

Yo soy una de esas personas sensibles al calor sentimental de esta época; a creer que la Navidad no es solo un calendario un tiempo comercial, sino un estado del alma. Es la temporada del año para reflexionar: recordar los días y años vividos y agradecer por todo lo que hemos recibido.

El Cascanueces también se sueña en la sala Simón Bolívar del Cnaspm – El  Sistema

Observo a mi alrededor que las familias se dejan arrobar por un ambiente de encanto y sensibilidad que produce una especie de trance contemplativo que se instala en sus vidas y en sus casas; es una luz espiritual que vuelve a encenderse, una vez más, y se percibe hasta en los gestos más personales.

Decir que la Navidad es un estado del alma reivindica la experiencia íntima por encima del ritual vacío: es afirmar que la fiesta verdadera nace cuando el corazón se dispone a recordar, a compartir y celebrar por lo que fue ayer y la confianza de lo que puede ser mañana.

No se trata de negar lo material, sino de subordinarlo a una experiencia espiritual, ética, racional y afectiva que transforma objetos en símbolos y encuentros en ceremonias de amistad cotidianas.

Pensar la Navidad así, implica una ética de la presencia: prioriza la escucha, el aprecio y la hospitalidad. Es un llamado a la comunidad sobre la calidez de la atención y la amabilidad a las personas en estado de abandono.

El nacimiento: una tradición navideña con mucho significado - Letra Fría

Como expresa Ana Coralia Fernández: “Entonces comprendí el milagro. El verdadero milagro que hace que, desde hace más de dos mil años, se detenga la prisa, se acalle el estruendo, se adormezca la furia y se marchen el miedo, el frío, el hambre y la guerra por un ratito al menos.

El mismo milagro que hace (…) que brillen más las estrellas, que duerman mejor los viejos y los niños. (…) El mismo milagro que una niña y una burra de palo se sintieran invitados a ofrecer amistad y gratitud a aquel maravilloso Jesús en un desvencijado portal”. (Cfr. Ana Coralia Fernández, El mejor secreto del vecindario, Letra Libre, periódico La Nación, domingo 7 de diciembre, 2025).

En los rostros hay sonrisas y brillan sus miradas. El espíritu navideño rocía los corazones, provoca alegría que sólo proviene del nacimiento del Niño Jesús. Una sensación inexplicable que transmite amor, paz y felicidad.

Para las personas religiosas la Navidad es, ante todo, la conmemoración del nacimiento de Jesús y una invitación a encarnar la esperanza en la redención y la caridad en la vida cotidiana.

Para estas personas la Navidad es el misterio de la Encarnación, donde lo divino se hace humano. Este sentimiento recoge la idea teológica central para los cristianos: la venida de Dios en la persona de Jesús como acto de amor y salvación, que transforma la historia y la existencia personal.

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La Navidad es tiempo de gratitud y renovación en la fe. Más allá de las luces y los regalos, la celebración invita a recordar la gracia recibida y la renovación del compromiso espiritual y comunitario, con prácticas como la oración, la liturgia y la caridad.

Es una llamada a la solidaridad con los más vulnerables. La escena del pesebre y la sencillez del nacimiento inspiran una ética de cercanía: compartir el pan, acoger al otro, ofrecer el servicio y la compasión en el trato cotidiano.

Para las personas religiosas la Navidad no es solo una fecha; es una experiencia que transforma la mirada y orienta el sentido del amor encarnado. Esta afirmación puede abrir discursos, homilías o textos que busquen recuperar la profundidad espiritual de estas fiestas y su llamado ético a vivir la fe en actos concretos.

Decir que la Navidad es un estado del alma es ofrecer una invitación: a detenerse a mirar con ternura, a convertir lo ordinario en sagrado. Es recordar que la verdadera celebración no se compra ni se programa; se cultiva en la paciencia de los gestos y en la fidelidad a aquello que nos hace ser mejores.

Al contemplar el árbol adornado como si fuera un sendero de recuerdos: Cada esfera brilla como un instante guardado, cada luz titila como un gesto que vuelve la memoria de los días hermosos de nuestra niñez y nuestra juventud.

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Los días decembrinos son un tejido de presencias:De los familiares y los amigos que están con nosotros: La ternura que se enciende en los abrazos;el amor familiar que se renueva en cada canto y cada oración. Es la chispa que enciende los encuentros y el espíritu navideño.

También es tiempo de oración, de guardarse un rato y dedicar con gratitud nuestra meditación por los seres queridos, los que se encuentran en la presencia de Dios.

Asimismo, es tiempo de mostrar gratitud para las familias que nos concedieron cariño, alimento y amparo en el recorrido de nuestras vidas; porque la gratitud cuenta como las estrellas en el firmamento: son ilimitadas e incontables; yen cada acto de recordación al agradecer, les decimos benditos sean.

Ya huele a la fragancia del cohombro, el encerado cubre el espacio de la pared y el piso de una esquina del hogar, por lo general en las salas de estar; en el encerado hay imágenes dibujadas de los tres Reyes Magos, camino a Belén.

La importancia de la lana está en su medio natural, no en el portal

En nuestra casa, como en los hogares de los costarricenses se le da el toque personal. En aquellos días, como hoy, la construcción del portal es un trabajo familiar, en donde la devoción y la tradición ocupan un lugar central.

El pesebre musita su amor en la penumbra, donde lo íntimo de su humildad y su pobreza se convierten en esperanza para la humanidad. Su profundidad está en el milagro de la Natividad.

El nacimiento de Jesucristo, entendido por la tradición cristiana como la encarnación del Hijo de Dios hecho hombre: un acontecimiento que revela la unión entre lo divino y lo humano.

Dickens lo intuyó en su Cuento de Navidad: la transformación nace en lo íntimo, en lo humilde. El pesebre es la raíz de esa enseñanza. El pesebre, entonces, es una profundidad espiritual y ética que nos invita a mirar al interior de cada uno.

Allí, donde el arrullo de una canción de cuna, revela el más puro sentimiento de amor: Yo quisiera poner a tus pies, algún presente que te agrade, Señor. Más tú ya sabes que soy pobre también y no poseo más que un viejo tambor.(Villancico: Carol of the Drum compuesto en 1941 por Katherine Kennicott Davis. Lo popularizó Raphael en España).

Esa expresión de bondad humilde y serena, muestra el milagro de la humanidad en la sencillez de un instante que fluye, como manantial, como el destello íntimo de un gesto de amor.

La humanidad también evoca a la compasión, la ternura y el trato humano. Cuanto más profundas son las raíces de la bondad, mayor es la posibilidad de cambiar a las personas y a la comunidad con respeto, empatía y solidaridad.

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La Navidad es servicio con amor a quienes necesitan nuestra ayuda, porque es tiempo para compartir nuestra mesa,atender el dolor ajeno, calmar al atribulado, dar de beber al sediento, sanar al enfermo, socorrer al menesteroso, darde comer al hambriento y cubrirlo con nuestras ropas. Esto querría el Niño Dios que enciende en nuestras almas el fuego de la hospitalidad, la llama de la caridad, la compasión y la bondad.

Ven a mi casa esta Navidad, canción de Luis Aguilé

Tú que estás lejos de tus amigos, de tu tierra y de tu hogar.
Y tienes pena, pena en el alma ¿Por qué no dejas de pensar?

Tú que esta noche no puedes dejar de recordar
Quiero que sepas que aquí en mi mesa, para ti tengo un lugar.

Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.
Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.

Tú que recuerdas quizá a tu madre o a un hijo que no está.
Quiero que sepas que en esta noche él te acompañará.

No vayas solo por esas calles, queriéndote aturdir.
Ven con nosotros y a nuestro lado intenta sonreír.

Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.
Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.

Tú que has vivido siempre de espaldas, sin perdonar ningún error.
Ahora es momento de reencontrarnos, ven a mi casa, por favor.

Ahora ya es tiempo de que charlemos, pues nada se perdió.

En estos días todo se olvida y nada sucedió.

Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.
Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.
Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.

Por eso y muchas cosas más, ven a mi casa esta Navidad.

Te quiero mandar algo muy especial para esta Navidad, pero tengo un problema… ¿Cómo envuelves un abrazo? ¡Feliz Navidad!

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