José Luis Valverde, periodista.

Rica se paseaba por la Fuente de la Hispanidad, de ahí se movía a Multiplaza del Este, luego a la del Oeste, se daba la vuelta por Avenida Escazú, luego se enrumbaba hasta la Plaza Lincoln en Moravia, Rica daba la sensación ganaba en primera o al menos, pasaba a la segunda ronda.

Costa se movía en panga, caballo, mula, taxi pirata, con llantas lisas como las patas de los congos, la marea iba desde el precario Martina Bustos en Liberia, por los barriales de la abandonada Trocha, en verano convertida en cruel polvazal, se trasladaba cargada de indignación hacia las urnas instaladas en la desvencijada escuela, ahí donde los niños si acaso tienen maestro, jugándosela entre destartaladas latas o la sombra del mango vecino.

Costa y Rica son dos caras de la misma moneda, mientras Rica, hacía alarde de sus posesiones y oportunidades, Costa agarró el altoparlante dispuesto por la democracia, como el Deportivo Saprissa, cuando entra gateando a las finales, alzó su empobrecida mano, voz en cuello gritó ¡no se repartan nada!
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