Óscar Álvarez, analista internacional.
El Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés) es uno de los tratados comerciales más ambiciosos y modernos del mundo.
En conjunto, representan aproximadamente el 15% del PIB mundial y cerca de 600 millones de personas, lo que lo convierte en uno de los bloques comerciales más grandes del planeta.
Surgido tras la salida de Estados Unidos del TPP original en 2017, el CPTPP fue firmado en 2018 por once países de la cuenca del Pacífico: Japón, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, México, Chile, Perú, Malasia, Singapur, Vietnam y Brunéi. Posteriormente, el Reino Unido se incorporó como nuevo miembro, ampliando su alcance geográfico y estratégico.

Costa Rica está en el proceso de negociación para adherirse tanto a la Alianza del Pacífico (AP) en América Latina, donde compartiría su membresía con Colombia, México, Perú y Chile, como al CPTPP. Su aceptación en la Alianza del Pacífico le abriría las puertas para ingresar más pronto al CPTPP. Es posible que Costa Rica se incorpore al CPTPP en un futuro próximo.
El CPTPP Incluye disciplinas avanzadas en comercio digital, propiedad intelectual, servicios financieros, compras públicas, empresas estatales, estándares laborales y ambientales, y mecanismos modernos de solución de controversias. Su enfoque va más allá del comercio tradicional de bienes para abarcar la economía del siglo XXI. 
El CPTPP elimina aranceles en aproximadamente el 95% del comercio entre sus miembros, pero su verdadero valor radica en la armonización de reglas. En un entorno global caracterizado por tensiones geopolíticas y fragmentación comercial, el tratado promueve previsibilidad jurídica, reglas claras y estándares comunes.
Particularmente relevante es su capítulo sobre comercio electrónico, que protege el flujo transfronterizo de datos y limita la imposición de requisitos de localización de servidores, facilitando la expansión de empresas tecnológicas y de servicios digitales. Asimismo, establece compromisos en materia de transparencia regulatoria y competencia, incluyendo reglas sobre empresas estatales para evitar distorsiones de mercado. 
Desde una perspectiva económica, el CPTPP amplía mercados y fortalece cadenas globales de valor en Asia-Pacífico, una de las regiones más dinámicas del planeta. Para economías exportadoras, el acceso preferencial a múltiples mercados bajo un mismo marco normativo reduce costos de transacción y mejora la competitividad.
El CPTPP consolida un bloque que apuesta por economías abiertas, estado de derecho y reglas multilaterales. La adhesión del Reino Unido subraya su atractivo como plataforma global, mientras otros países como Tailandia, Ecuador y China han manifestado interés en integrarse, lo que podría ampliar aún más su influencia.
Como todo acuerdo comercial profundo, el CPTPP no está exento de críticas. El debate entre visiones proteccionistas y abiertas de la economía siempre acompañarán este tipo de iniciativas. Algunos sectores temen impactos sobre industrias sensibles, soberanía regulatoria o estándares laborales. Otros cuestionan los mecanismos de solución de controversias inversionista-Estado. Estos debates reflejan la tensión inherente entre apertura económica y protección de intereses domésticos.
Sin embargo, la experiencia de sus miembros sugiere que, acompañada de políticas internas adecuadas —educación, reconversión laboral, fortalecimiento institucional— la integración puede traducirse en mayor crecimiento, innovación y atracción de inversión extranjera.
En un mundo donde proliferan bloques regionales y acuerdos preferenciales, el CPTPP destaca como uno de los marcos más sofisticados de integración económica y libre comercio. Para países con vocación exportadora y compromiso con reglas claras, representa no solo acceso a mercados, sino también una señal de credibilidad internacional.