Mario Granados Chacón, académico.

¿LA ERA DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO?
Las mencionadas post-verdades llamadas por unos y otros la “era de lo políticamente correcto”, o “la era de los necios” – tal como lo señaló el filósofo italiano Umberto Eco – o bien, “la era del engaño y la mentira” – como la ha denominado el escritor español Alex Grijelom, se encuentran más bien asociadas a la masificación de las creencias falsas y en la habilidad para que las fakenews prosperen.
Se promueve entonces un ideal de cultura vulgar e iletrado, intolerante, de odio y de enfrentamiento programado, de descrédito y de una desmedida dosis de ignorancia disfrazada de fuerza redentora. Y esta suerte de frustración e infortunio, ha provocado que aquellos que se sientan excluidos del mencionado tren del progreso – hábilmente dirigidos por el discurso de moda – lancen sus sentimientos de manera feroz, contra todo lo que se encuentre en posiciones de poder en el escenario político, bueno o malo.

VOX POPULI VOX DEI
El resultado electoral del domingo pasado, desnudó a las agrupaciones políticas opositoras. Al punto de que deben necesariamente rectificar su profundo desconocimiento de las necesidades populares de hoy, so pena de seguir – tarde o temprano – el mismo camino de lo que ha sucedido con muchas agrupaciones que les antecedieron. Se dice que nuestros partidos políticos, requieren de una operación a corazón abierto o quizás de un exorcismo y de eso no me cabe la menor duda.
Únicamente el Frente Amplio parece haber entendido muy temprano lo que ha ocurrido y de seguro será parte importante como muro de contención ante la posibilidad de una debacle. A dicho grupo, deberán unirse con fuerza regeneradora la fracción del Partido Liberación Nacional – que fue encabezado por un candidato digno, honesto e inteligente y las dos señoras – valiosas por sí solas – electas como diputadas, como fuerzas políticas controladoras y vigilantes del accionar gubernamental, basadas en una responsabilidad histórica.

Sabiamente el pueblo costarricense señaló nuevamente la senda. Hicimos lo que por generaciones hemos hecho. Don Ricardo Jiménez Oreamuno, en su momento señaló: “…Los ticos son, por suerte, como las mulas de noche en los malos caminos, que parece que huelen los precipicios…”
El mandato otorgado le exige al oficialismo la función de gobernar, sin excusas, sin frases sonoras mentirosas y sin contenido, otorgando una mayoría simple en la Asamblea Legislativa, aunque también dicho mandato deja en en el campo de la reprobación la posibilidad manifiesta de una mayoría absoluta que precipitara al país hacia una dictadura, reelecciones presidenciales, suspensión de garantías individuales y hacia ideas de una no definida y manoseada Tercera República, más mito que esencia, la cual – de paso – ni siquiera resulta una idea propia de los proponentes.
No obstante, debemos ser vigilantes ya que los peligros acechan, conducidos por manipuladores de sentimientos y verdades.
EL TRIBUNAL SUPREMO DE ELECCIONES
Mención aparte merece el Tribunal Supremo de Elecciones, vilipendiado y atacado sin piedad por las huestes populistas, encabezadas por el propio Presidente Chaves, al dirigir con excelencia y dignidad estas nuevas elecciones nacionales, realizadas en el contexto de un clima político inédito y ampliamente conflictivo.
Como lo ha hecho desde 1953, el Tribunal con solidez y profesionalismo, volvió a brillar con luz propia, a pesar de los ataques de odio y desconfianza recibidos desde el principio de la gestión administrativa del gobierno actual.

De verdad, no quisiera pensar en lo que pudo suceder si otro hubiese sido el resultado. Deslegitimar al árbitro de la contienda – de manera irresponsable y soez – en cuanto a cualquier resultado electoral, ha sido característica esencial de toda deriva autoritaria populista.
HACIA DÓNDE DEBEMOS DIRIGIRNOS
¿Qué debe venir entonces? ¿A qué deberíamos aspirar quienes creemos en la democracia y sobre todo en el respeto y la dignidad?
Uno de los factores más preocupantes resulta ser el desconocimiento generalizado – como dijimos – del propio funcionamiento del sistema político jurídico democrático. Será necesario construir valores éticos inobjetables. Aunque será necesario – también – un profundo análisis de nuestra realidad social.
Deben configurarse grupos de estudio y de trabajo que analicen las realidades inmediatas de los campos, de las zonas urbanas marginadas, de las costas y del impacto que ha generado nuestra economía de mercado globalizada en tales niveles, a la luz de un riguroso cuestionamiento de lo establecido y de un pensamiento crítico conductor, en donde las Universidades y otros centros educativos deberían tener participación indiscutible.
Corresponde extender la mano a los que más lo necesitan, será necesario volver a las fuentes de la justicia social, aunque para ello signifique estar pendientes con firmeza de las mismas autoridades nacionales.
Se impone la consolidación del pensamiento crítico expresado en nuestras condiciones educativas. Resulta necesario garantizarle al país la protección de sus derechos, especialmente de las mujeres, los niños y los miembros de la tercera edad. Asimismo, la participación de los jóvenes en política será fundamental con amplia visón al futuro.
Hace muchos años, el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales marcó un sendero. Advierto – eso sí – que tal esfuerzo no debe ser nuestro modo de gestión, vivimos otros tiempos, pero si debe servirnos de ejemplo en la intención de atenuar nuestra difícil situación. Al efecto, tendrán que ser atendidos y llevados a la práctica numerosos diagnósticos emanados -entre otros – de la valiosísima labor del Proyecto del Estado de la Nación, así como de distintos foros científicos, juntas de notables, etc.
Los jóvenes, los estudiosos, las asociaciones comunales, los trabajadores, quienes cultivan el campo, los artistas y profesionales, los religiosos sanos que reivindiquen a aquellos adoradores del becerro que perversamente han sacado provecho de las propias poblaciones abandonadas, los empresarios conscientes, los burócratas, los trabajadores informales, la gente de buena fe y los que afianzan su vida en el amor y la esperanza tendrán que tener necesaria participación.

Todo movimiento o idea necesita un liderazgo. Ha llegado la hora de devolver la confianza de amplios sectores. Debe atenderse rápidamente el fortalecimiento de la educación, la salud, el cuido ambiental. Y ese liderazgo debe ser proyectado por una jornada nacional diáfana, honesta, atractiva, con alma, que tenga como fin la defensa de la institucionalidad democrática, la división de poderes, combatir la desigualdad y la profundización de la misma, la construcción de un gran acuerdo nacional y la constitución de un nuevo contrato social.
La búsqueda de un norte-país, de una visión integral capaz de resolver las necesidades de las nuevas generaciones, una revolución cívica silenciosa que necesariamente deberá iniciar desde el hogar, con imaginación, con innovaciones creativas, concientizadoras de un nuevo mundo, de una nueva realidad y de un nuevo sueño. Un acuerdo nuevo y seductor que sirva de rescate para un país que lo merece. Simbólicamente un nuevo Pacto de Concordia.
Y para ello la Educación deberá tener un papel predominante, a partir de – como señala Mounier – “…la formación de individuos capaces de asumir responsabilidades y compromisos en la sociedad, a través del desarrollo integral de la persona, fomentando su autonomía, su capacidad crítica y su sentido de solidaridad…”
Una educación que no solo transmita conocimientos sino también, promotora de valores humanos y éticos necesarios que contribuyan a una convivencia armoniosa, pacífica, justa y esencialmente humana y que destierre la mediocridad para siempre.
Costa Rica – nación establecida sobre la paz, la institucionalidad y el diálogo – deberá reencontrarse consigo misma, no desde el miedo ni la división, sino desde la fortaleza de una ciudadanía crítica, consciente y comprometida con la dignidad de todos. Honestidad, profundidad y coraje deberán converger – hoy más que nunca – como acto de supervivencia democrática. Y todas las voces tendrán que ser escuchadas.