Unión Europea: sobran palabras pero escasean resultados

Unión Europea: sobran palabras pero escasean resultados

  • Las críticas más severas contra la Unión Europea señalan que “la integración promovida socava la soberanía nacional y el Estado de cada nación; aducen que la UE es elitista, que carece de legitimidad democrática y de transparencia. Además, que es demasiado burocrática, derrochadora y que fomenta altos niveles de inmigración”.
  • En lo personal me pareció un “mamotreto” cuando la visité por primera vez, hace más de 3 décadas. Y por si alguno desconoce el significado del término, le copio lo que dice el diccionario: “mamotreto es un objeto grande, tosco, inarmónico o de escasa utilidad, que estorba”.

Adriana Núñez, periodista Visión CR

(Foto de portada: estatua homenaje al Euro, ubicada en Bruselas)

Han pasado más de tres décadas desde que realicé un interesante viaje de trabajo que me permitió visitar por vez primera, varias dependencias de la Unión Europea (UE), incluyendo el Parlamento, situado en la hermosa ciudad de Estrasburgo, en Francia.

Como periodista, quedé impactada por la cantidad de personas que desde esa época, laboraban sobre todo en las instalaciones ubicadas en Bruselas, Bélgica, donde se realizan innumerables citas de comisiones y grupos políticos.

Alrededor de 70.000 burócratas trabajan para la Unión Europea

Todos ellos, burócratas vestidos de gris o negro, parecían ratoncillos de laboratorio, cargando de un cubículo a otro, sendas pilas de documentos o absortos frente a sus escritorios, pulsando teclados o pegados al teléfono.

Desde entonces pensé -para mis adentros- que esa organización era un verdadero “mamotreto” donde las frases cliché, las interminables reuniones y sempiternas discusiones en torno a temas económicos y sociales, impedían ejecutar acciones oportunas para contribuir con las comunidades europeas más conflictivas, empobrecidas y vulnerables.

El tiempo me ha dado -en gran parte- la razón, pues aunque no se les pueden negar algunos logros importantes, siguen como la noria, dando interminables vueltas a distintas temáticas, mientras los países que la conforman, enfrentan graves consecuencias debido a la globalización que ha impactado de forma negativa muchas de sus sociedades.

Por ello hoy podemos percibir el enorme desgaste y el deterioro sufridos en aspectos tan relevantes como lo son: la pérdida de empleo, el aumento de la desigualdad a lo interno de las naciones y la reducción de la protección social o del Estado de Bienestar; además, las múltiples presiones que existen sobre las finanzas y soberanía nacionales;  y muy en particular, la pérdida de identidad de pueblos que han ido extraviando su cultura, tradiciones y lenguas autóctonas, en aras de “adoptar” a grandes cantidades de inmigrantes y de fomentar estilos de vida homogeneizados.

De acuerdo con publicaciones de la BBC de Londres, la UE “enfrenta un declive estructural caracterizado por una pérdida de relevancia geopolítica, estancamiento económico y desafíos demográficos, con proyecciones que indican una caída en su PIB mundial al 17%.

Numerosas naciones europeas, incluida España, poseen altos índices de pobreza

Este retroceso, exacerbado desde la crisis de 2008, se atribuye a un envejecimiento poblacional, baja natalidad, alta dependencia energética y tecnológica de potencias externas, y un exceso de regulación.”

Como consecuencia de ello, numerosos analistas advierten sobre la posibilidad “de que no haya ninguna economía europea entre las más potentes para el año 2050 si no se revierte la tendencia”.

Una estructura debilitada

Al discurso generalizado de la Unión Europea, muy en concordancia con el de la Organización de Naciones Unidas (ONU) -cada día más convulsa e inoperante, incapaz para resolver o detener conflictos- se suma su tendencia al oportunismo político y al pensamiento de la izquierda radical, que cuando logra gobernar, lejos de favorecer la distribución de la riqueza, la concentra en los círculos de poder.

Las peores bofetadas, incluyendo la salida del Reino Unido de la UE, acaecida el 31 de enero de 2020, a poco más de un mes de haber sido elegida en su puesto, se las está llevando Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, que es una de las siete instituciones fundamentales de la Unión Europea y actúa como su órgano ejecutivo. Ella ha sido en los últimos años, el rostro más visible de la organización y sobre quien han caído innumerables y fundamentadas críticas por su estilo de liderazgo, decisiones geopolíticas y gestión interna.

Casada con un aristócrata alemán, madre de 7 hijos, vegetariana y amante de los caballos, fría, reservada y muchas veces “divisiva”, está considerada una de las personas más poderosas de Europa. Aunque durante los días hábiles vive en un pequeño apartamento en Bruselas, regresa los fines de semana a Alemania para compartir con su familia en la finca que poseen en Burgdorf-Beinhorn, cerca de Hannover.

Úrsula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea

Pese a su gran “poder” últimamente no ha logrado contribuir con eficacia, a la cohesión de la Unión Europea, cuya voz -al igual que la de las Naciones Unidas- se ha debilitado en la escena internacional, debido a una seria fragmentación interna y a la dificultad que tiene la organización para tomar decisiones rápidas.

No obstante la inoperancia y conflictiva imagen actual, la UE sigue recaudando grandes aportes de parte de los países miembros que la financian mediante un porcentaje de su Renta Nacional Bruta (RNB), que ronda el 1% de su PIB. Según datos de 2023, Alemania, Francia e Italia son los mayores contribuyentes, superando los 29.000, 26.000 y 16.000 millones de euros respectivamente, mientras que España aportó alrededor de 11.100 millones de euros.

La célebre Von der Leyen recibe una remuneración que anualmente supera los 380.000 euros, sin contar complementos adicionales.  Por su parte, los salarios promedio de los funcionarios de la Unión Europea -que son entre 60.000 y 70.000 personas- están considerados “altos” pues reciben, según sea su antigüedad y categoría, entre 4.500 y 6.000 euros mensuales en puestos administrativos.

Campamento en Francia donde se alojaron más de 2000 inmigrantes

Un aparato burocrático realmente monstruoso y sumamente costoso, considerando que no ha logrado reducir la cifra de pobreza entre ciudadanos que viven en territorios de la UE, la cual a 2025, alcanza al 21% de la población, es decir, unos 93 o 94 millones de personas que se encuentran en riesgo o exclusión social.

Después de todo, pareciera que el gobierno de los Estados Unidos no está tan lejos de la verdad, al cuestionar el triste papel que últimamente han desempeñado tanto la UE como la ONU, más enfocadas en inmiscuirse y atacar la gestión política de los norteamericanos, que en contribuir efectivamente al desarrollo, pacificación y democratización de países miembros y de otras naciones del planeta.

 

 

 

 

 

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