Relevantes hallazgos validan pasado del planeta y de la humanidad

Relevantes hallazgos validan pasado del planeta y de la humanidad

Adriana Núñez, periodista VISION CR

(Foto de portada: vestigios del Monte Ararat)

Tal y como lo han reseñado distintos medios informativos internacionales, desde el inicio de 2026, se han documentado importantes hallazgos arqueológicos y paleontológicos a nivel mundial, que no solo comprueban hechos acaecidos en la historia antigua, sino que además “los reescriben” iluminando partes importantes de la evolución humana.

Algunos de los acontecimientos que se han producido en varias naciones de habla hispana, incluyen descubrimientos impactantes entre los cuales destacan:  tumbas intactas en México, complejos tartésicos en España y restos de megafauna en Costa Rica. Pero también han llegado impactantes noticias desde Turquía, donde -aún sin confirmación científica definitiva- instigadores dan cuenta sobre la detección de lo que aparentan ser “vestigios del arca de Noé”.

Por ello en esta ocasión, y con el fin de abonar al acervo cultural de los amables lectores, vamos a sumar algunos detalles acerca de cada uno de los tres principales hallazgos confirmados; además, datos interesantes acerca del cuarto descubrimiento y sobre el contexto en el que se produjeron los acontecimientos.

La tumba “del búho”

Confirmada su existencia comenzando el año, en enero de 2026, la “Tumba Zapoteca 10” localizada en Huitzo, ha sido calificada por los especialistas mexicanos en la materia e importantes publicaciones científicas y culturales, como “uno de los hallazgos más relevantes de la última década en Oaxaca”.

La tumba 10 pertenece a la cultura Zapoteca

Localizada en el Cerro de la Cantera en el municipio de San Pablo Huitzo, en los Valles Centrales de Oaxaca, México, esta tumba -con murales y entrada, que ha permanecido intacta- data del periodo Clásico Tardío, es decir, aproximadamente del año 600 d.C.

Aunque los expertos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la encontraron desde 2025, tras darle seguimiento a una denuncia anónima por intento “de saqueo” en la zona, la gestión les permitió ahondar en sus investigaciones y lógicamente, resguardar lo que resultó ser un recinto funerario monumental que cuenta con cámaras escalonadas, banquetas rituales y una fachada decorada en la que destaca un gran mascarón que representa un búho -símbolo de la muerte y el poder- flanqueado por lápidas grabadas con nombres calendáricos.

La tumba conserva pinturas en colores ocre, blanco, verde, rojo y azul y exhibe escenas de una procesión de personajes relevantes. Adicionalmente, dicha construcción monumental sugiere que habría existido en los alrededores, “una acrópolis que funcionaba de manera paralela a la ciudad de Monte Albán, lo cual sugiere una compleja organización política en la zona durante la época”.

En la fachada de la tumba de Oaxaca aparece un búho gigante símbolo de poder

Recordemos que la cultura zapoteca fue una destacada civilización mesoamericana que brilló alrededor de los años 500 a.C. a 900 d.C. Estaba asentada precisamente en el Valle de Oaxaca, México. Sus pobladores, conocidos como la «gente de las nubes», debido a que su capital principal fue el Monte Albán, se destacaron por sus construcciones arquitectónicas, escritura jeroglífica, el calendario de 260 días y por ser una sociedad marcada por las jerarquías. Además, realizaban labores agrícolas, confeccionaban cerámica y practicaban un arraigado culto a los muertos.

Complejo palaciego de Turuñuelos

De acuerdo con la reseña de la BBC de Londres, “Tartessos fue una civilización avanzada y próspera que floreció en el suroeste de la Península Ibérica entre los siglos XII y V a.C.” Está considerada como la primera gran cultura de Occidente y su desarrollo se basó en la fusión de poblaciones indígenas y colonizadores fenicios/griegos, cuya actividad se concentró en la explotación de una gran riqueza minera -oro, plata, estaño-, en la metalurgia avanzada y en el impulso a una estructura social compleja.

El complejo palaciego de Turuñuelo en España, consta de 2 pisos

Gracias a la tecnología LiDAR, cuyas siglas en inglés significan “Light Detection and Ranging” (Detección por luz y rango), un sistema de teledetección activa que utiliza pulsos láser para medir distancias con precisión milimétrica y va creando mapas 3D detallados del entorno, se descubrió recientemente, un complejo palaciego de 3,000 años de antigüedad en la localidad española de Casas del Turuñuelo, Badajoz,  hallazgo que según expertos, “estaría redefiniendo la Edad del Hierro en la península ibérica”.

El hallazgo de Turuñuelo, de acuerdo con los investigadores, “es el yacimiento más espectacular que se ha visto en años recientes”. En él destaca un gran edificio de dos plantas que funcionaba como santuario-palacio, donde se han develado banquetes rituales, sacrificios de animales y relieves humanos únicos.

Mastodonte y perezoso gigante de Cartago

En febrero de este año, nuestra nación sorprendió al mundo de la paleontología, ciencia natural que estudia la vida en la Tierra a través del análisis de fósiles -es decir, de restos orgánicos de más de 10,000 años- cuando voceros del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR) anunciaron el hallazgo de los restos de un mastodonte y de un perezoso gigante de unos 40,000 años de antigüedad, localizados en la provincia de Cartago.

Los restos óseos de grandes animales de la era del Pleistoceno se hallaron en Cartago

Los especialistas del museo encontraron en zonas muy húmedas de Cartago, restos de importantes piezas óseas del perezoso gigante, cuyo nombre científico es “Eremotherium”, calculando que tienen 14,400 años de antigüedad. También hallaron vértebras y fémures de un mastodonte -conocido en el lenguaje científico como «Cuvieronius»- de unos 13,400 años de antigüedad lo cual los clasifica como megafauna del Pleistoceno.

En total, se encontraron 49 piezas fósiles que estaban a 700 metros de distancia unas de otras en un terreno inestable y de difícil acceso. La investigación sobre dichos restos, está a cargo de la geóloga del Museo Nacional, Joanna Méndez, quien cuenta con el apoyo de expertos internacionales. Una vez concluidos los estudios, los fósiles formarán parte de la colección del Museo Nacional y serán puestos en exhibición.

El período del Pleistoceno -temprano, medio y tardío- al cual pertenecen los restos hallados en Costa Rica, comenzó hace 2,59 millones de años y finalizó hace alrededor de 11.700 años; abarcó las últimas glaciaciones en la Tierra.

Se perfila un arca antigua ¿la de Noé?

Según investigadores de la expedición científica Noah’s Ark Scans, en abril de este año, han reportado “nuevos indicios” en la formación rocosa Durupınar, ubicada cerca del monte Ararat en Turquía, donde se han detectado estructuras subterráneas, túneles y altos niveles de material orgánico, compatibles con la teoría de una embarcación antigua que “podría ser la famosa Arca de Noé”.

Tal y como lo muestran fotografías, vídeos y análisis digitales, la formación Durupınar, es una estructura natural de 160 metros que se asemeja a un barco. Además, hay datos provenientes de estudios realizados con Radares de penetración terrestre (GPR) que indican la presencia de estructuras angulares y túneles bajo el suelo.

Según la Biblia, tras el diluvio, el arca de Noé descansó sobre los montes de Ararat

A todo ello, se suman las citadas muestras de material orgánico y arcilla, lo que según los estudiosos sugiere una «firma química» de madera petrificada o restos de una estructura, cuyas medidas, de acuerdo con lo reportado por la revista National Geographic, “coinciden con las dimensiones mencionadas en el Génesis”.

Importantes investigadores, entre ellos Andrew Jones, sugieren que estas cavidades organizadas no son aleatorias y que por sí mismas refuerzan la hipótesis del Arca, razón por la cual, se ejecutarían nuevas excavaciones y escaneos adicionales para verificar si los restos son artificiales o naturales.

La historia del arca se describe principalmente en Génesis 6:13-22, donde Dios le ordena a Noé construir una estructura de madera de gofer -o ciprés- para salvar a su familia y a los animales del diluvio. El texto detalla instrucciones específicas sobre cómo debería ser este navío, que incluiría tres cubiertas, habitaciones y brea para calafatear.

Existe una clara distinción entre el monte islámico de Arafat y el Monte bíblico denominado Ararat. Este último, localizado en la actual Turquía, sí está citado en la Biblia. Según Génesis 8:4, el arca de Noé reposó sobre «los montes de Ararat» tras el gran diluvio.

 

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