El peligro no es solo la maldad, es dejar de pensar

El peligro no es solo la maldad, es dejar de pensar

Roberto De la Ossa, ambientalista.

 

Hay momentos en que el mayor peligro para una sociedad no está únicamente en quienes quieren hacer daño, sino también en quienes han dejado de hacerse preguntas.

Una democracia no se destruye solo mediante golpes de Estado, tanques en las calles o la abolición de las elecciones. También puede deteriorarse lentamente cuando dejamos de distinguir entre crítica y ataque, discrepancia y traición, autoridad y autoritarismo, mayoría y derecho de las minorías.

Costa Rica atraviesa un momento de especial tensión. Durante décadas construyó un andamiaje democrático basado en instituciones, leyes, elecciones, prensa libre, independencia judicial y división de poderes.

La destrucción de la democracia venezolana – Nexos

Con todos sus defectos, ese sistema se sostuvo sobre una premisa esencial: ningún poder debía ser tan fuerte como para convertirse en dueño del país. Hoy esa premisa está siendo puesta a prueba.

La política se ha vuelto más agresiva, personalista e intolerante. El adversario es presentado como enemigo; la institución que contradice al poder, como obstáculo; el periodista que cuestiona, como adversario; y el juez que discrepa, como parte del problema.

Muchas personas aceptan esas descalificaciones no porque hayan examinado los hechos, sino porque confirman lo que ya decidieron creer.

Una sociedad puede conservar elecciones y, aun así, perder gradualmente la cultura democrática que les da sentido. Puede mantener una Asamblea Legislativa, una Sala Constitucional, un Poder Judicial, una prensa libre y un Tribunal Supremo de Elecciones, mientras debilita su autoridad mediante la sospecha permanente, la descalificación y la mentira repetida.

La mentira en política • Semanario Universidad

La democracia no vive solamente en las leyes. Vive también en la conciencia de los ciudadanos.

Cuando una consigna sustituye a un argumento, la evidencia deja de importar. Basta repetir que una institución es corrupta para que algunos lo crean sin exigir pruebas; basta llamar enemigos a quienes discrepan para justificar su exclusión; basta convertir toda crítica en conspiración para que el debate público se transforme en una guerra de identidades.

Entonces dejamos de discutir sobre hechos y comenzamos a defender tribus.

La pregunta fundamental debería ser otra: ¿esto que estamos defendiendo fortalece o debilita nuestra democracia?

No importa únicamente si una decisión favorece a nuestro partido, al Gobierno o a la oposición. Tampoco si quien la propone nos agrada. La pregunta decisiva es:

FORMACIÓN CIUDADANA PARA FORTALECER LA DEMOCRACIA – formacionciudadanajohn

¿Qué le hace esto a la República?

Las instituciones democráticas no fueron creadas para proteger a quienes gobiernan, sino para limitar su poder. Una mayoría electoral otorga legitimidad para gobernar, pero no permiso para destruir los contrapesos.

El voto es una autorización temporal, no una licencia para disponer de las instituciones ni de la República.

Las democracias rara vez desaparecen de un día para otro. Se desgastan mientras unos miran hacia otro lado, otros aplauden porque creen que el deterioro beneficia a los suyos y muchos se convencen de que “eso aquí nunca puede pasar”.

Sí puede pasar.

Por eso esta no debería ser una defensa de un partido, un Gobierno o una oposición. Debería ser un llamado a recuperar la capacidad de pensar antes de obedecer, preguntar antes de creer y dudar antes de entregar la conciencia a cualquier poder.

El saber crítico – Aeterna Impero

Porque cuando una sociedad deja de pensar, otros comienzan a pensar por ella. Y la libertad puede seguir existiendo en los papeles mientras desaparece lentamente de la realidad.

En el Día de la Independencia, quizá debamos preguntarnos no solo de quién nos independizamos hace ya más de dos siglos, sino también:

¿De qué necesitamos independizarnos hoy?

De la intolerancia, la mentira repetida, la obediencia ciega, la política convertida en culto y la comodidad de creer únicamente aquello que confirma nuestras convicciones.

La independencia de un país no está completa cuando deja de obedecer a una potencia extranjera. Está verdaderamente viva cuando sus ciudadanos conservan la libertad interior de decirle no al poder, incluso cuando ese poder representa aquello que ellos mismos votaron.

Visitado 71 veces, 1 visita(s) hoy